1 Familia: Atleta olímpico sin país vuelve a casa para reencontrarse con su familia

Un año después de tocar el corazón del mundo en los Juegos Olímpicos de Londres y 20 años después de abandonar su pueblo, el corredor de maratón de Sudán del Sur se va a casa.

La madre de Guor se agarra del brazo de su hijo como si fuera una niña, en su primer encuentro tras dos décadas de ausencia.  © ACNUR/T.Ongaro

PUEBLO DE PAN DE THON, Sudán del Sur, 14 de junio (ACNUR) – Guor Marial* por fin ha vuelto a casa. Casi un año después de que conmoviera al mundo en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y veinte años después de que saliera de su pueblo de Sudán del Sur, el maratoniano regresó y fue recibido con una emotiva bienvenida.

Fue demasiada emoción para su madre, que se desmayó al llegar Guor a su pueblo de Pan de Thon en el estado sursudanés de Unidad. Lo había visto por última vez en 1993 al trasladarse a Jartún a vivir con unos parientes antes de huir para salvar su vida en plena guerra civil entre el norte y el sur, cuando el país formaba todavía parte de Sudán.

Guor, refugiado residente en los Estados Unidos, cuyo reencuentro con su madre fue posible gracias a ACNUR, la levantó del suelo al abrazarla bajo un ardiente sol. "¿Guor? ¿Eres tú, hijo mío?", preguntó.

"Soy yo, mamá", contestó el atleta de 29 años, que participó en el maratón bajo la bandera olímpica, al no contar Sudán del Sur, el país más joven del mundo, con un comité olímpico nacional reconocido. El atleta sin país se clasificó en el lugar 47, con un tiempo de 2 horas, 19 minutos y 32 segundos.

Caminando del brazo, Guor y su madre empezaron a descubrirse de nuevo. En un cambio de papeles, Athen Majak, la madre de Guor, caminaba colgada de su brazo como si fuese una niña. Tras recuperarse de la emoción, enseguida empezó a hablar sin parar, llevó a su hijo hasta la casa familiar y le mostró el lugar donde había nacido.

La noticia del regreso de su hijo desde el otro lado del océano, pronto se extendió por el pueblo. Un jovial anciano se acercó dando saltos de alegría y cantando: era el padre de Guor, Mading Maker Deng. Frotó la frente de su hijo con ceniza de estiércol de vaca, cumpliendo el tradicional rito de bienvenida. Después, relató cómo de joven había perseguido descalzo a una jirafa por el campo, atribuyéndose así el mérito de las habilidades atléticas de su hijo.

Sin embargo, su alegría estaba teñida de tristeza. Guor había tenido que huir de Sudán a causa de la devastadora guerra civil (1983-2005) que dejó cientos de miles de muertos, entre los que se cuentan ocho de sus hermanos.

En su juventud, el estado de Unidad era un lugar peligroso y las zonas rurales carecían de servicios básicos como educación y salud. Por eso cuando Guor tenía ocho años su madre lo envió a Jartún a vivir con un tío.

En la capital de Sudán se desconfiaba de la gente del sur del país y a menudo se les acusaba de ser espías. Por eso, Guor y sus familiares huyeron a Egipto, abrumados por esta persecución y temiendo por sus vidas. Fue una época difícil, pero en 2001 se establecieron en Estados Unidos.

El joven de 16 años aprovechó las oportunidades en materia de educación y sus profesores de secundaria no tardaron en darse cuenta de sus dotes para el atletismo. Guor logró una beca para estudiar en la Universidad Estatal de Iowa donde en 2011 obtuvo una Licenciatura en Química. Luego vinieron los Juegos Olímpicos.

No estaba preparado para correr por Sudán del Sur, pero había solicitado la nacionalidad estadounidense que aún se estaba tramitando. En agosto pasado, una campaña lanzada en las redes sociales en apoyo a Guor logró que el Comité Olímpico Internacional, aceptara, una semana antes del maratón, que participase como atleta independiente.

Rodeado por el cariño de su familia, Guor reflexiona sobre el conflicto que le obligó a separarse de ellos y que tantos sufrimientos ha causado. "El coste humano de la guerra es difícil de medir", dice. "Mis hermanos murieron a causa de enfermedades que pueden tratarse . . . Los hijos de mi madre debían haber sido su 'seguridad social' y sin embargo, en la vejez se ha visto abandonada a su suerte", señala Guor.

"Los conflictos armados hacen daño a las familias", continúa. "Nuestro país está bendecido con riquezas incalculables y sin embargo la muerte y el potencial desperdiciado son el precio que las familias y las comunidades enteras se han visto obligadas a pagar a causa del conflicto. No he conocido a un solo compatriota que no se haya visto afectado por la guerra. La situación de mi madre es un claro ejemplo".

Mirando a su madre con cariño, dice que le impresiona ver cómo ha envejecido, desgastada por la dureza de la vida rural. Con ambos hijos lejos de casa – el único hermano superviviente de Guor vive en Juba, la capital de Sudán del Sur – su anciana madre lucha por salir adelante.

De niño, Guor le ayudaba en las tareas domésticas, así como en las labores del cultivo del maíz, del mijo y del sorgo en el terreno de la familia y en la recolección del arroz salvaje durante la estación seca. Aprendió muy pronto que el deber de los hijos es cuidar de su madre.

La familia y los amigos se reúnen en el patio de su padre, bajo un árbol de nim, para hablar de los viejos tiempos. Es el comienzo de la estación lluviosa y recuerda cómo en esos mismos campos cuidaba del ganado de su padre.

El joven no ha olvidado a las personas que le han ayudado a lo largo de todos estos años y por encima de todo está su familia de acogida en Estados Unidos. "Ellos son mi familia", dice. "Ellos me han guiado para llegar a ser un adulto responsable. Me ayudaron a superarme hasta conseguir tener una formación universitaria. Las familias que me han acogido y las personas que me han orientado y guiado me han ayudado a convertirme en la persona que soy hoy", añade.

"Estoy especialmente agradecido a ACNUR por traerme a casa para ver a las dos personas más importantes de mi vida, mi madre y mi padre", dice, añadiendo que si no le hubieran enviado lejos probablemente habría muerto, como sus hermanos. Para su madre, la visita de Guor pone fin a años de incertidumbre. ""Gracias por traer a Guor a casa. He visto a mi hijo. Mi corazón ya está en paz", dice.

* Marial es el nombre del tío de Guor que le llevó a los Estados Unidos. Dentro del proceso de obtención de la ciudadanía norteamericana, Guor utiliza hoy su nombre completo: Guor Mading Maker.

Por Teresa Ongaro desde Pan de Thon, Sudán del Sur

Gracias a la Voluntaria en Línea Ana Muñoz Pérez por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.