Los refugiados sudaneses enfrentan tremendos dilemas en su búsqueda de la seguridad

Fighting and food shortages have forced thousands to flee to Yida settlement in South Sudan. The number of arrivals is likely to rise when the rains end. [for translation]

Amuna y su familia en el centro de registro en Yida.  © ACNUR/K.Mahoney

YIDA, Sudán del Sur, 9 de octubre (ACNUR) – Fue un terrible dilema para una madre de cuatro hijos: cuáles niños llevar y cuáles dejar atrás mientras los combates se aproximaban a su aldea. Amuna se dio cuenta de que era solo cuestión de tiempo antes de que los Antonov empezaran a bombardear Timodongo, en el estado de Kordofan del Sur en Sudán, y ella tuviera que escapar o arriesgar su vida al quedarse.

"Teníamos que llegar a Yida", le dijo Amuna a ACNUR en este remoto asentamiento de refugiados que se ha convertido en el hogar de decenas de miles de personas en el estado Unidad en Sudán del Sur. Sin embargo, sus dos hijos más pequeños, Ali Amou and Kadimala, de cinco y tres años, eran demasiado pequeños y débiles para hacer el arduo viaje a pie de dos días a Yida, en Sudán del Sur. Empero, ella no podía cargarlos y al mismo tiempo cuidar de sus dos hijos mayores.

Al final, Amuna decidió dejar a Ali Amou con su hermana en la aldea, pero esta fue una decisión desgarradora y le dijo a ACNUR en el centro de registro en Yida que ella estaba preocupada todo el tiempo por su hijo menor.

Esta terrible experiencia es compartida por otros que también estuvieron forzados a dejar atrás a vulnerables miembros de sus familias en el trance de huir de Kordofan del Sur para escapar de los ataques a las aldeas y pueblos a lo largo de la frontera en las montañas de Nuba. La escasez de alimentos agrava la situación, con las reservas de sorgo, el alimento básico, dañadas en los combates y ataques aéreos. Muchos agricultores, además, han informado a ACNUR que se encuentran demasiado atemorizados para trabajar en los campos abiertos y que gran parte de la última cosecha se perdió, afectando a la familia de Amuna y muchos otros.

"Hace unos meses, la mayoría de los nuevos refugiados llegaban en malas condiciones de salud debido a la masiva escasez de alimentos causada por años de combates", comentó Alessandro Telo, oficial de registro de ACNUR. "Ahora, están llegando solo con la ropa que cargan sobre sus espaldas y cuentan que escapan de intensos bombardeos e inseguridad".

Unas 63.000 personas han escapado durante los últimos 13 meses de la violencia y el hambre en Kordofan del Sur y han llegado a la localidad de Yida, localizada cerca de la frontera y rodeada por pantanos en una de las más remotas áreas de Sudán del Sur.

Cerca de 100 refugiados llegan cada día pero se espera que el número se eleve pronto cuando cambie el clima. "El fin de la temporada de lluvias se acerca y con la reapertura de caminos estamos esperando que muchos más refugiados lleguen a Yida", informó Marie-Hélène Verney, jefa del equipo de ACNUR en el estado Unidad.

Pero Yida también está peligrosamente localizada cerca de la frontera y fue bombardeada el año pasado. Verney comentó que "la principal prioridad de ACNUR es identificar rápidamente sitios adicionales más alejados de la frontera para los nuevos refugiados que lleguen".

Con la posibilidad de un fuerte incremento en el número de nuevos refugiados, esta tarea ha adquirido una mayor urgencia. Además, todos los recursos, equipo y personal necesario para salvar vidas tienen que ser llevados por vía aérea a Yida debido a su aislamiento y difícil acceso. Otro flujo masivo de llegadas exacerbará los retos logísticos en una ya compleja operación.

"Estamos trabajando urgentemente para posicionar suministros con anticipación para enfrentar este incremento, pero necesitamos apoyo adicional porque nuestros recursos existentes solo alcanzan para las necesidades de la población actual", explicó Verney. La necesidad de apoyo para la salud e higiene, así como de acceso al agua potable, es aguda.

A pesar de los problemas en Yida y su proximidad a la militarizada frontera, Amuna sintió que allí era más seguro que Kordofan del Sur. Su prioridad era levantar un alojamiento para ella y sus hijos. No era la primera vez que se veía forzada a escapar de su hogar. En julio del 2011, Buram, su pueblo natal, estuvo bajo ataque. "Corrimos de los Antonovs mientras las bombas caían", Amuna recordó. "Tomé a mis hijos y corrimos. Nunca hemos regresado".

Amuna y su familia huyeron a las montañas de Nuba, donde vivieron en cuevas y sobrevivieron en base a hojas y sorgo. Después de una semana caminaron al sur hacia Timodongo. Se sentían más seguros allí, pero la escasez de alimentos se convirtió en un problema.

Fue entonces cuando los ataques aéreos llegaron más cerca de Timodongo y, según dijo Amuna, no era ya cuestión de si el conflicto llegaría a la aldea, sino de cuándo.

A su llegada a Yida, ella y sus hijos fueron registrados como refugiados, fueron sometidos a chequeos médicos y recibieron raciones de comida y otros artículos de ayuda, incluyendo bidones para almacenar agua. ACNUR también ha distribuido miles de mosquiteros y lonas de plástico para los recién llegados en las últimas semanas.

Establecida en Yida y relativamente segura, Amuna ahora busca entre los recién llegados, esperando encontrar a su hijo menor entre ellos. "Esperaré impacientemente hasta que mi hijo y mi hermana lleguen aquí. Espero que lo hagan."

Sudán del Sur alberga unos 200.000 refugiados, incluyendo más de 170.000 en los estados Unidad y Alto Nilo. ACNUR necesita urgentemente US$20 millones para prepararse para la llegada de más refugiados en las próximas semanas. Hasta el momento la agencia de refugiados ha recibido US$71 millones y pide apoyo a los gobiernos, el sector privado, y los ciudadanos.

Por Kathryn Mahoney en Yida, Sudán del Sur

Gracias al voluntario de UNV Online Gerardo Arce Arce por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto