Nueva ola de refugiados sirios llega al Líbano

Nuevos enfrentamientos han empujado 18 mil refugiados sirios a cruzar la frontera con el Líbano a través de la ciudad fronteriza de Arsal desde el pasado 15 de noviembre.

Mujeres sirias esperan a ser registradas por ACNUR en Arsal, Líbano, después de huir de su país.  © ACNUR/M.Hofer

ARSAL, Líbano, 22 de Noviembre (ACNUR) – Fatimah, una joven madre de familia con cuatro hijos, supo que era el momento de huir cuando el fuego de artillería impactó sobre la segunda planta del edificio dónde vivía en la ciudad siria de Qarah. Ella, su bebé de 6 semanas llamado Hiba y sus otros tres pequeños, lograron escapar subidos en la parte trasera de un camión que les condujo a 35 kilómetros de distancia a través de las montañas hasta la ciudad libanesa de Arsal.

Fátimah cuenta que su marido se despidió de ellos aquel mismo día en la medianoche para regresar hacia el centro de Qarah y ayudar a otras familias a escapar. Sin embargo, desde entonces no responde a las llamadas de su familia en su celular. "Está en manos de Dios" se resigna Fatimah.

Fatimah es una de los 18 mil sirios refugiados que han cruzado la frontera con el Líbano a través de la ciudad fronteriza de Arsal desde el pasado 15 de noviembre – el último gran éxodo desde que la guerra civil en Siria empezara hace dos años y medio. Los refugiados cuentan cómo huyeron de los bombardeos en las ciudades de Qarah, Al-Sahel, Deir Atiya y Al-Nabek, todas próximas a la frontera occidental con el Líbano. La violencia se ha intensificado en las últimas dos semanas en todo la franja que limita ambos países y amenaza con empujar a más refugiados al territorio libanés en los próximos días.

Al igual que Fatimah, la mayoría de los recién llegados buscan protección en Arsal, donde la población ha aumentado dramáticamente. El número de refugiados iguala al número de habitantes permanentes en tiempo de paz. ACNUR y sus socios como el Danish Refugee Council (Consejo Danés para los Refugiados) proporcionan mantas, kits de cocina y combustible para la calefacción, entre otros suministros, para calentar a la población a medida que las frías noches se hacen más crudas y las primeras nieves de la temporada caen en las cimas que rodean la ciudad.

Con l ayuda del ACNUR, sus organizaciones socias y las autoridades locales, los refugiados han encontrado dónde alojarse en edificios vacios, en un salón para bodas, una mezquita y un nuevo centro de tránsito establecido por el ACNUR con 50 tiendas familiares. Las agencias de ayuda humanitaria proporcionan pequeños equipos y combustibles para la calefacción, además de materiales para el aislamiento térmico, que contribuyen a proteger del frío las casas inacabadas.

El flujo de refugiados ha sido improviso, provocado por intensos enfrentamientos, y los trabajadores humanitarios están registrando numerosos casos de familias que han perdido a algún miembro, incluyendo a muchos niños no acompañados. Es el caso de Rami, que con 13 años vive en una de las tiendas de Arsal, cuenta que perdió a su hermana melliza en su huída la pasada semana.

Ella llevaba a su hermano de dos años cuando su familia se separó. Es la primera vez que los dos hermanos son alejados. "Pienso en ella continuamente, la echo mucho de menos" cuenta Rami "no puedo si quiera imaginar por todo lo que está pasando".

En este tercer año de enfrentamientos, la mayoría de los refugiados que llegan al Líbano han perdido sus hogares o han sido desplazados dentro de Siria en varias ocasiones. "Mariam", que prefiere que su identidad verdadera no sea revelada, sobrevivió al asedio de la ciudad de Qusayr a comienzos de este año. Escapó a Qarah pero fue obligada a abandonar esta ciudad hace una semana por el aumento de la violencia. Encontró entonces un lugar dónde permanecer en la vecina ciudad de Yabrud.

Pero hace dos noches, los bombardeos comenzaron de nuevo. Cuando los ataques impactaron en las casas de sus vecinos, sus hijos de 9 y 3 años empezaron a gritar. "Quiero que mis hijos vivan", dijo refiriéndose a su decisión de huir. "No tuve más opción".

Fatimah, que también sobrevivió al asedio de Qusayr, está feliz después de todo lo sufrido de tener al menos una tienda que le sirve de techo. Sonríe mientras mece entre sus brazos a su bebé de 6 semanas, y dice con esperanza "veremos que nos depara el futuro".

Por Andrew Purvis en Arsal, Líbano. Con la contribución de Lisa Abou Khaled

Gracias al Voluntario en Línea Francisco Domínguez por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.