Refugiados ayudan al personal del ACNUR a mantener los campamentos en Sudán del Sur

Unos 120.000 refugiados sudaneses en los campamentos más grandes de Sudán del Sur reciben un servicio ininterrumpido mientras los refugiados asumen roles de liderazgo junto con el personal.

En el lejano noreste del país, en el estado de Alto Nilo, un trabajador de ACNUR habla sobre la distribución de jabón con mujeres refugiadas. Los refugiados están ayudando con la seguridad y la distribución de ayuda humanitaria en los campos después de que varios trabajadores de ACNUR fueran trasladados a otras zonas del país por el estallido de violencia que se produjo a mediados de diciembre.  © ACNUR/G.Le Couster

BUNJ, Sudán del Sur, 08 de enero (ACNUR ) – Los refugiados se han vuelto guardias de seguridad y los oficiales de seguridad del ACNUR se convirtieron en técnicos sustitutos de la bomba de agua, todo el mundo hace lo que puede para que la vida transcurra normalmente para los 120.000 refugiados del condado de Maban, en Sudán del Sur.

Es vital que todo el mundo colabore porque los combates en el noreste del país han cortado las rutas por carretera con Maban, donde se encuentran los campamentos de refugiados más grandes de Sudán del Sur. "Todos vamos a los campamentos cada mañana y hacemos lo que podemos", dice Adan Ilmi, un experimentado trabajador del ACNUR, con 22 años de servicio, que dirige las operaciones de la agencia en Bunj, gestionando cuatro de los seis campamentos que acogen a los refugiados sudaneses en Sudán del Sur.

Al trabajar con una quinta parte de la planilla normal – 18 funcionarios en lugar de 85 – Adan Ilmi ha estado delegando muchas tareas a los refugiados, desde que el país más joven del mundo cayera en la violencia el 15 de diciembre pasado.

"Estamos movilizando a la comunidad para ayudarnos", subraya Ilmi mientras es contactado por teléfono desde la capital de Sudán del Sur, Juba. Los refugiados que habían sido entrenados como técnicos de bombas de agua ahora están tomando la iniciativa para ayudar a los trabajadores del ACNUR – incluyendo a Ilmi, a un asesor de seguridad del ACNUR y a otros funcionarios – para que mantengan en funcionamiento las bombas en los campamentos y los refugiados tengan agua limpia.

La principal prioridad para la agencia de la ONU para los refugiados es mantener la presencia en los campamentos. "Es muy importante estar en los campamentos de domingo a domingo para tranquilizar a los refugiados, para que sepan que todavía estamos aquí con ellos", dice Ilmi. "Vamos al mercado, visitamos los centros de salud y puntos de agua, hablamos con los líderes de los refugiados, con los jóvenes y los representantes de las mujeres. Todos están ansiosos después de que muchas organizaciones no gubernamentales (ONG) se retiraron y si no ven al personal del ACNUR se preocupan".

Con la posibilidad de que esta zona sea totalmente aislada por los combates, el ACNUR y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), recientemente han distribuido raciones de alimentos por 45 días en lugar de los habituales 30. El sistema biométrico del ACNUR permitió que los refugiados identificaran con precisión a los beneficiarios y en gran medida son ellos mismos quienes ejecutan la distribución.

Los refugiados en los campamentos – que vienen desde el vecino estado de Nilo Azul, en Sudán – han dado un paso adelante para asumir más tareas, incluyendo la vigilancia de los almacenes repletos de suministros pertenecientes al ACNUR y a algunas otras agencias que se han ido después del estallido de violencia entre las fuerzas gubernamentales y la oposición.

"Esta iniciativa es muy positiva", dice Ilmi. "Los refugiados han tomado el control de la situación. Ellos están haciendo que nada sea tocado. No ha habido saqueos en absoluto".

Dado que los refugiados sudaneses comenzaron a llegar aquí después de la independencia en 2011, la agencia de refugiados de la ONU entrenó a muchos de ellos en la gestión del agua, gestión de los campamentos y la atención de la salud con miras a reducir el tiempo que el número de personal internacional necesita para hacer funcionar los campamentos. Nadie imaginaba que el plan sería puesto a prueba tan rápido.

"Es una gran satisfacción que hayan cumplido con la tarea", dice Cosmas Chanda, representante del ACNUR en Sudán del Sur. "Es muy encomiable, tenemos que reconocer la buena voluntad y alto sentido de responsabilidad de los refugiados".

Ilmi admite que los refugiados se preocupan por su futuro en caso de que los combates – que se han extendido a siete de los 10 estados del país – continúen durante mucho tiempo. Pero la moral entre su personal, dice Ilmi, es alta y, además, no hay signos de que los trabajadores humanitarios o los refugiados en estos campamentos estén siendo considerados como objetivos, a pesar de que los enfrentamientos estén a unos 60 km de distancia.

Chanda elogia el compromiso de su personal en Bunj para continuar ofreciendo servicios a pesar de los combates en las inmediaciones. "Todo el mundo admira la valentía y la determinación de los trabajadores que se ha quedado", dice. "Saludamos su valentía".

Ilmi dice que su servicio anterior con la agencia de la ONU para los refugiados en lugares conflictivos como Afganistán, Kosovo y Bosnia y Herzegovina, le da fuerza para seguir adelante y que le ha enseñado una importante lección: "nunca entrar en pánico".

Gracias a la Voluntaria en Línea Violeta A. Chávez por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.