Una mala idea empresarial podría ayudar a satisfacer una necesidad crítica de los refugiados sirios

Encontrar protección para la gran cantidad de refugiados sirios que huyen del país es un desafío. Las soluciones están apareciendo en lugares inesperados.

Un grupo de mujeres refugiadas sirias se muda a su nueva casa: una vieja granja de pollos cerca de Qoubaiyat, en el norte del Líbano.  © ACNUR/S.Baldwin

QOUBAIYAT, Líbano, 19 de diciembre (ACNUR) – Uno de los mayores retos a los que se enfrentan los refugiados sirios es también uno de los más básicos. Encontrar un refugio seguro y digno para los más de 2,3 millones de sirios que se han visto obligados a huir del país no es tarea fácil. En el Líbano, donde no hay grandes campamentos que den cabida a tal afluencia, y donde cada familia que llega requiere una nueva solución, el problema es urgente.

Los alquileres van en aumento, la capacidad de las familias de acogida para alojar a los refugiados se está agotando y el espacio disponible está desapareciendo. En la ciudad de Qoubaiyat, al norte del Líbano, ACNUR y sus socios han dado con una solución novedosa. A principios de este mes un grupo de familias se mudaron a su nueva casa, restaurada con fondos de ACNUR y administrada por el Consejo Danés para los Refugiados: una granja de pollos.

"No quiero irme", dice Fátima, una refugiada de la ciudad siria de Qusayr, quien llegó aquí el mes pasado después de haber sido obligada a abandonar su hogar, cerca de la frontera con Siria, debido a los bombardeos.

El refugio, tres plantas de hormigón y bloques de cemento con amplias vistas de los alrededores, alojará en última instancia a unas 60 familias. Es una de la docena de granjas de la región que ACNUR espera tener operativas a mediados del próximo año, y tratará de abrir al menos cinco a finales de este mes.

Estos locales están disponibles gracias a una idea de negocio que salió mal. Hace varios años, los empresarios locales se aprovecharon de préstamos en condiciones favorables para construir granjas de pollos de varias plantas de cemento en una zona agreste a lo largo de la frontera con Siria. Las estructuras de varias habitaciones, que favorecían las condiciones de aire y luz para las aves a pesar de estar cubiertas, estaban destinadas a servir como proveedoras de los principales distribuidores de aves de corral.

Pero una serie de factores, entre ellos la crisis financiera mundial, la preocupación por la higiene y la gripe aviar, y la reestructuración en el sector avícola, llevó a muchas de estas nuevas empresas a la quiebra. El resultado fue el abandono de edificios esparcidos por las laderas del norte del Líbano, sin uso. Luego, la crisis en Siria estalló.

"Pensamos que sería una buena opción", comenta Vincent Dupin, responsable de la planificación de alojamientos del ACNUR en el Líbano. "En este país tenemos que ser creativos para encontrar refugios", dice. "De lo contrario no vamos a ningún lado".

En otros conflictos, como en la crisis de Kosovo de 1999, añadió, se utilizaron edificios agrícolas, como graneros, para alojar a los refugiados, pero esta es la primera vez, de que se tenga constancia, que ACNUR ha utilizado granjas de pollos como alojamientos.

Reconoció que algunos funcionarios se mostraron escépticos de que las granjas de pollos pudieran ser reutilizadas de esta manera. Limpiadores industriales tuvieron que ser traídos para desinfectar los pisos, se cerraron con bloques de cemento los huecos para evitar que entrara el crudo clima de montaña en invierno, y se les abasteció de luz y agua gracias a los suministros municipales. El terreno alrededor del edificio ha sido nivelado con grava, para evitar que suba el polvo. Y como apunte positivo, el alquiler de los edificios abandonados es insignificante; la remodelación costó unos 100.000 de dólares.

Cuando Fátima y su familia se mudaron el mes pasado, los niños corrían por los pasillos y se asomaban por las ventanas cubiertas con malla de alambre. Fátima dijo que se sentía aliviada especialmente por tener, por primera vez desde que huyó de Qusayr hace cinco meses, una habitación propia para ella y su esposo. Levantó un llavero verde con su sus llaves, y sonrió.

El Consejo Danés para los Refugiados, que administra los centros de acogida, junto a la Red para el Desarrollo Akkar, un socio local, dice que continuará con el seguimiento de las necesidades de los refugiados en cada albergue ya que la vivienda es poco convencional. La agencia está considerando las posibilidades de transporte para que los niños puedan acudir a la escuela y para el acceso a los mercados locales de alimentos. Si todo va según lo previsto, a mediados de 2014, las granjas podrían albergar a tantos refugiados como cualquier otro centro de tránsito convencional. En un país con pocos alojamientos disponibles, una mala idea podría transformarse en una excelente solución.

Gracias a la Voluntaria en Línea Laura Salguero Esteban por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.