Tras los atentados de París, los refugiados no se deben convertir en chivos expiatorios

El siguiente contenido corresponde a las declaraciones formuladas hoy por un portavoz de ACNUR en una rueda de prensa en el Palacio de las Naciones, en Ginebra.

ACNUR expresa su consternación y horror ante los atentados de París y el asesinato de tantos inocentes. El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, António Guterres, ha transmitido su solidaridad al gobierno y al pueblo de Francia, tal y como hizo con el gobierno del Líbano tras los recientes atentados mortales en Beirut.

La inmensa mayoría de las personas que llegan a Europa vienen huyendo de la persecución o de las amenazas contra su vida derivadas del conflicto, y no pueden alcanzar la seguridad en Europa por vías legales. Asimismo, las precarias condiciones en los países de primer asilo están empujando a muchos a poner rumbo a Europa.

Muchas de estas personas están huyendo del extremismo y del terrorismo, provocados por la misma gente asociada a los ataques de París.

ACNUR está profundamente preocupado por las noticias aún no confirmadas que apuntan a que uno de los atacantes en París podría haber entrado en Europa en el flujo actual. Creemos firmemente en la importancia de preservar la integridad el sistema de asilo. El asilo y el terrorismo no son compatibles. La Convención sobre los Refugiados de 1951 es muy clara al respecto y, de hecho, excluye de su ámbito a quienes hayan cometido crímenes.

Desde el principio, ACNUR ha urgido a los Estados a establecer unos mecanismos efectivos de recepción, registro e identificación a la llegada. A aquellas personas reconocidas como refugiadas se les debe ofrecer protección, y a los solicitantes de asilo que reúnan los requisitos, deben ser reubicados bajo el plan de la Unión Europea.

La reubicación y otras medidas acordadas pueden mejorar la gestión y estabilización de los actuales flujos de personas e incluyen medidas de seguridad y el registro adecuado de quienes llegan.

ACNUR está preocupado por la intención de algunos Estados de poner fin a los programas en curso, retractándose de los compromisos adquiridos para gestionar la crisis de refugiados (por ejemplo, la reubicación), o proponiendo la construcción de más barreras. Estamos profundamente consternados por el lenguaje que demoniza a los refugiados como grupo. Es peligroso y contribuirá a la xenofobia y al miedo. Los problemas de seguridad que afronta Europa son muy complejos. Los refugiados no deben ser señalados como chivos expiatorios y no pueden convertirse en las víctimas indirectas de estos trágicos sucesos.

Esto también evidencia la apremiante necesidad de ampliar significativamente las vías legales, especialmente los programas de reasentamiento y de admisión humanitaria, como alternativas a los peligrosos viajes irregulares, a la vez que se persigue a los traficantes de personas.

La seguridad de nuestras sociedades y la garantía de la integridad del asilo en Europa no son objetivos incompatibles. Ambos son aspectos fundamentales para mantener los valores esenciales europeos y proteger el derecho a buscar asilo.