Sudán del Sur: El ACNUR aborda una crisis de salud

A pocas semanas del traslado de 32.000 refugiados de la frontera con Sudán, el ACNUR trabaja en Sudán del Sur para mejorar las graves condiciones de salud en los campamentos.

Una refugiada sudanesa en Sudán del Sur le proporciona tratamiento a su hijo que sufre de malnutrición y diarrea.  © ACNUR/B.Sokol

CAMPAMENTO YUSIF BATIL, Sudán del Sur, 29 de agosto (ACNUR) – Haram Yakub, de 25 años, está sentada en una cama de hospital sosteniendo a su hija pequeña contra su pecho. Después de más de una semana de ser incapaz de retener algo debido a la diarrea, Nancy de 11 meses, comienza a alimentarse.

Observar a Nancy recuperarse en el campamento Yusif Batil en Sudán del Sur es un alivio. Pero el trauma de Yakub permanece. Es un miedo tan poderoso que solo puede recordar cosas pequeñas; que alguna vez fue agricultora en su ciudad natal de Jam en el estado de Nilo Azul en Sudán. Ella recuerda que Nancy ha estado recibiendo tratamiento por ocho días en el centro de estabilización del hospital.

En el centro de recreación del campamento, una joven baila con sus amigas, cantando acerca de cómo la gente de su aldea en Sudan tuvo que huir del conflicto. De pronto, se debilita y se desmaya.

Ella ha tenido una espina en su tobillo desde el recorrido que hizo a través de la frontera entre Sudán y Sudán del Sur hace ya algunos meses. La pierna está infectada y pus de color amarillo brillante puede ser visto por debajo de su piel. Ella también sufre de diarrea. Cerca, una maestra lleva a su hija con ella a clase. La bebé también se está recuperando de la enfermedad. La maestra le da agua mezclada con sales de rehidratación oral.

En una clínica de salud móvil, trabajadores sanitarios toman el peso y altura de los niños. Muchos muestran síntomas de malaria, otros están desnutridos o con diarrea. Algunos tienen los tres. Algunos del personal de la clínica así como los trabajadores del ACNUR y otras organizaciones también están sufriendo de la peligrosa condición de salud.

Hace unas semanas, el ACNUR logró la desafiante tarea de movilizar a 32.000 refugiados desde la frontera de Sudán hasta este campamento bajo pésimas condiciones. Ahora la agencia esta trabajando vigorosamente para combatir una severa crisis de salud.

Con el comienzo de la temporada de lluvias, la agencia de refugiados y sus socios han estado pendientes de brotes de enfermedades como la malaria, el cólera y la fiebre viral hemorrágica. El nivel nutricional de los refugiados en el campamento de Yusif Batil es débil y preparaciones están siendo hechas para prevenir un brote de cólera.

Una armada de 200 trabajadores de salud comunitarios va de casa en casa para relevar alertas, mientras ha sido establecido un hospital dedicado al tratamiento de cólera con capacidad para acomodar hasta 300 camas. Dos facilidades más con capacidad de hasta 50 camas también están preparadas. Más de 20 estaciones han sido establecidas para proveer sales de rehidratación oral para los pacientes con diarrea.

Alrededor del 60% de los 34.000 refugiados en el campamento Yusif Batil son niños. Y 40% de ellos con edad menor a 5 años, sufre de alguna forma de desnutrición. Tantos como el 15% de este grupo de edad están severamente desnutridos. Mientras tanto, la tasa de mortalidad para personas con más de 50 años de edad en el campamento es de 4,7 por 10.000 por día – casi cinco veces más que la tasa normal.

"Tenemos una población vulnerable con muchas amenazas externas" dijo Maria Pillar, una doctora con el ACNUR. "Necesitamos crear un sistema de salud para ellos en un periodo muy corto de tiempo. Necesitamos tiempo. Pero ellos no tienen tiempo".

La lluvia es también un enemigo. Impide a la gente de traer agua limpia, de ir a los puestos de salud, de atender a la escuela. Charcos de agua son terreno fértil para los mosquitos trasmisores de la malaria. Niños que están moderadamente desnutridos contraen un resfriado y son demasiado débiles para combatir la enfermedad.

Hay una necesidad urgente de incrementar las raciones de comida en cantidad y cualidad para reconstruir la salud de aquellos que han llegado durante las últimas semanas. "Los refugiados necesitan una cantidad mayor de calorías en una cantidad menor de comida", como Pillar ha expresado.

El ACNUR ha hecho de la distribución de comida y otros elementos nutricionales su prioridad número uno. El Programa Mundial de Alimentos ha preparado repartos generales de una vitamina fortificada con la mezcla de maíz y soya. Adicionalmente, una serie de aerotransportes de alimentos críticos han sido planeados.

En una reciente sofocante mañana de miércoles, a casi 20 kilómetros del campamento Yusif Batil, un avión de carga se mueve con pesadez en un campo abierto cubierto de césped y arroja su cargamento del ACNUR – 36 toneladas de cereales. Es un salvavidas para las decenas de miles de refugiados en Yusif Batil y Doro, el otro gran asentamiento de refugiados en el condado de Maban.

Para ayudar a los niños, las agencias de salud y nutrición están proveyendo de una serie de suplementos alimenticios, entregados con base a niveles de desnutrición. Un suplemento, llamado "suplemento firme" será entregado para todos los niños moderadamente desnutridos menores de cinco años en el campamento.

"Es importante cuando estemos entregando estos artículos que observemos a las gente comiéndolo", dijo Brendan Dineen, oficial de salud pública con el ACNUR. "Estos artículos necesitan ser consumidos por los niños desnutridos y no compartidos entre la familia".

El esfuerzo para controlar la enfermedad también incluye la ampliación de distribución de mosquiteros, colchonetas de dormir y cobijas. Un niño que está caliente tiene menos probabilidad de contraer un resfriado. Una mujer mayor con mosquitero tiene alguna protección contra la malaria. Un total de 16.000 mosquiteros, 14.000 colchonetas de dormir y 7.100 cobijas han sido distribuidos.

Como parte de su esfuerzo en salud, el ACNUR también está trabajando para incrementar la disponibilidad del agua. En Yusif Batil, cerca de nueve litros de agua son consumidos en promedio por día. Agentes especializados están trabajando con el ACNUR para establecer suministros de agua y redes de distribución a través del campamento. "Si tienes que caminar un kilómetro para cargar 40 kilos de agua (como muchas personas hacen) y tienes un charco en frente de tu casa, puede que escojas el charco", dijo Dineen. "Estamos trabajando para incrementar el acceso a agua potable".

En el mejor de los mundos el campamento tendría al menos una letrina para cada cuatro familias o 20 personas. En este momento, la radio de letrinas por población es de aproximadamente una para 28 personas. Para tratar este problema, cerca de 700 letrinas de trinchera han sido construidas alrededor del campamento. Adicionalmente, cerca de 200 letrinas familiares han sido construidas.

El agua y el saneamiento han sido acoplados con una serie de mensajes acerca de lavarse las manos, usar las facilidades y beber agua limpia. "La comunidad en Batil está hablando acerca de higiene", dice Dineen. "De esta manera se están convirtiendo en causa de su propia cura".

Por Greg Beals en el Campamento Yusif Batil, Sudán del Sur