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Sawera Niazmand, hija de la Sra. Aqeela Asifi y alumna en la escuela de su madre

Historias

Sawera Niazmand, hija de la Sra. Aqeela Asifi y alumna en la escuela de su madre

Sawera, de 11 años de edad, nació en la aldea de refugiados de Kot Chandana, en Mianwali, Paquistán.
1 October 2015
Sawera, de 11 años de edad, nació en la aldea de refugiados de Kot Chandana, en Mianwali, Paquistán.

GINEBRA, 01 de octubre de 2015 (ACNUR) – Sawera, de 11 años de edad, nació en la aldea de refugiados de Kot Chandana, en Mianwali, Paquistán. Ella es la hija menor de Aqeela Asifi, y como muchos niños afganos, la vida en el exilio es todo lo que ha conocido en su vida.

Se estima que en el mundo tan sólo uno de cada dos niños refugiados puede asistir a la escuela primaria, y los números son incluso más bajos en el caso de las niñas. Así que Sawera es una de las afortunadas. Al asistir a la escuela de su madre, solo a 20 pasos de su casa, la educación le ha permitido soñar más allá de las fronteras de su aldea de refugiados y le ha brindado una inquebrantable fe en el valor de la educación.

"La educación tiene la misma importancia para tus niños, niñas, hermanas, menores de edad, para todos. Una vez que tus hijos reciben una educación, aprenden a reconocer qué está mal y qué está bien. La educación te da conocimientos y comprensión" dice, dirigiendo su mensaje a aquellos padres que se resisten a mandar a sus hijas a la escuela.

Con mucho entusiasmo canta llena de energía en las asambleas matutinas junto a sus compañeras – de primero a octavo grado – una conmovedora combinación de cánticos, poemas y canciones en sus dialectos locales de Pashto, Dari y Urdu. Y en las clases, ella como muchas de sus compañeras, está tan imbuida en las lecciones que casi no puede permanecer en su asiento, ofreciendo entusiasmada respuestas a cada una de las preguntas de Asifi.

Aunque es hija de Asifi, en la escuela recibe el mismo mismo trato que las demás niñas. "Si no he hecho mi tarea me regañan", dice. Pero tan pronto Sawera cruza el umbral de su hogar vuelve a ser la hija menor.

Generaciones de niños afganos jamás han visto Afganistán. Pero Sawera siente con claridad que Afganistán es su hogar, su "país" y espera ilusionada que su familia regrese allá.

"Me gustaría ser doctora en Afganistán. Mi sueño es ser oculista" dice, "para poder dar luz a la gente que no puede ver".