Ginebra / Nairobi. 6 de octubre (ACNUR)- El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Ruud Lubbers, expresó su profundo pesar por el asesinato de Annalena Tonelli, una trabajadora humanitaria de 60 años que había dedicado los últimos 33 años de su vida a ayudar a los somalíes, acaecido ayer domingo en la noche.
"Todos nosotros en el ACNUR estamos devastados con la muerte de la Doctora Tonelli", dijo Lubbers, quien en junio entregó a la doctora italiana el Premio Nansen de Refugiados 2003. "Estamos orgullos de haber sido capaces de honrar el maravilloso trabajo que ella hizo por lo más pobres de los pobres, incluyendo muchos refugiados, en las últimas tres décadas. Ella dedicó su vida a ayudar a otros, llevando su noble misión a lugares remotos y difíciles, ignorados por el mundo exterior. Al hacer esto, ella tocó las vidas de miles de personas, demostrando que los individuos todavía pueden hacer una gran diferencia. Lamentamos la pérdida de una gran mujer".
La Doctora Tonelli recibió el Premio Nansen de Refugiados 2003 el 25 de junio en Ginebra, en reconocimiento a su trabajo entre los somalíes, muchos de ellos refugiados retornados y personas desplazadas.
Como Representante del ACNUR para Somalia, Simone Wolken trabajó estrechamente con la Dra. Tonelli. "Estoy completamente devastada ante la pérdida de Annalena, cuyo trabajo había hecho tanto bien para tantas personas", señaló hoy la señora Wolken en Nairobi.
A la Dra. Tonelli le dispararon en el terreno de su hospital Borama, al Oeste de tierra somalí, la noche del domingo, pero las circunstancias exactas del ataque, no se conocen aún.
Conocida simplemente como Annalena, la Dra. Tonelli trabajó de manera independiente, recaudando privadamente entre amigos y familiares en su nativa Italia, los $20.000 dólares mensuales necesarios para administrar su hospital para tuberculosis con 200 camas, ubicado en Borama, al Noroeste de Somalia (también conocido como Somalilandia).
Al aceptar el premio Nansen en junio, la Dra. Tonelli dijo que esperaba que el premio ayudara a atraer nuevamente la atención del mundo a los problemas de Somalia, que ha sido olvidada por otros temas de momento más problemáticos en el mundo.
"Por esta razón, estoy agradecida por la decisión del ACNUR que ha atraído la atención a mi amada Somalia", señaló ella en ese entonces, "ahora podré ser una voz más fuerte para la gente que no tiene voz".
Muy conocida por su pionero trabajo con el control de la tuberculosis (TB) en África, ella obligaba a los pacientes a permanecer en el hospital hasta que completaran el tratamiento y se encontraran totalmente sanos. Su hospital para TB en Borama trata a aproximadamente 200 pacientes hospitalizados y 200 pacientes externos cada día.
Diversificando hacia el tratamiento del virus de inmunodeficiencia humana/SIDA, ella se dirigió a los grupos de alto riesgo, mostrando vídeos sobre el SIDA a prostitutas, choferes y comerciantes viajeros cuyos viajes contribuyen a repartir la enfermedad.
La doctora Tonelli estableció una escuela para niños sordos y minusválidos, y patrocinó dos veces al año la visita de cirujanos de una institución de caridad alemana, para restaurar la visión de personas con cataratas. Era además una fuerte crítica de la práctica de la mutilación genital femenina, persuadiendo a muchos de quienes trabajaban en Borama realizando ciruncisiones tradicionales, a dejar la práctica y unirse a su campaña anti-mutilación.
Abogada de oficio, y una devota católica romana, la Dra. Tonelli dijo que desde los cinco años sabía que quería dedicar su vida a ayudar a otros. A la edad de 27, se fue a dar clases al noreste de Kenia, una zona poblada por somalíes étnicos, muchos de los cuales sufrían tuberculosis. Obtuvo diplomas en medicina tropical, medicina comunitaria, control de tuberculosis y control de la lepra, para poder llevar a cabo lo que ella vio como su verdadera vocación: tratar a los pacientes de tuberculosis. Se mudó a Somalia en 1986.
En Borana vivió de una manera sencilla, sin posesiones, comiendo la misma comida que sus pacientes. Durante sus muchos años en Somalia, enfrentó varias veces el peligro, en una ocasión fue secuestrada y en diversas oportunidades fue víctima de golpes, bandidaje y amenazas de muerte. Pero ella rechazó cualquier idea de que su vida era de sacrificio.
"No hay sacrificio alguno. Es mera felicidad. ¿Quién en la Tierra tiene una vida tan hermosa?", dijo a principios de este año.
FIN.
Fecha: 6 Octubre 2003