Uno de los conflictos armados más sanguinarios de África parece estar en vías de solución. Se trata de la guerra de Uganda.
Un grupo de importantes dirigentes del rebelde Ejército de Resistencia del Señor, el LRA por sus siglas en inglés, viajó a la capital, Kampala, por primera vez, para reunirse con el presidente Yoweri Museveni.
Se trata de una contienda que ya ha durado 21 años, y ha costado la vida a miles de ugandeses, además de casi dos millones desplazados internos, principalmente en el norte del país.
En 1986, una prostituta del norte de Uganda, Alice Lakwena decidió dejar de venderse al mejor postor y decidió que había visto la luz.
Ese año Lakwena fundó El Movimiento del Espíritu Santo con seguidores de la etnia Acholi.
Etnia oprimida
Los Acholi tenían razones poderosas para buscar inspiración divina, porque las cosas no les iba bien aquí en la tierra.
Durante el gobierno de Idi Amín Dada, ese grupo, que combina el animismo con los elementos cristianos heredados de la época colonial, fueron muertos en masa.
Amín no les pudo perdonar su lealtad a su rival, Milton Obote, a quien derrocó en 1971.
Cuando Obote volvió al poder como primer ministro, luego de la caída de Amín en 1980, los Acholi decidieron vengarse matando a muchos miembros de la etnia de Amín.
Al mismo tiempo, los intentos de Obote de integrar a todas las etnias ugandesas enojaron a sus hermanos de sangre, por lo que un ejército Acholi decidió derrocar a su antiguo líder en 1985.
Por eso es que, cuando el actual presidente, Yoweri Museveni, llegó al poder en 1986, Alice Lakwena pensó que la mejor forma de oponerse a la marginación a la que los Acholi eran sometido por el nuevo régimen era recurriendo al Espíritu Santo.
Los resultados fueron catastróficos.
Mesianismo y atrocidades
La promesa de Alice de que los miembros del movimiento eran inmunes a las balas de Museveni, no se convirtió en realidad. Lakwena huyó a Kenia en 1986.
Uno de los primos de la fugitiva era un muchacho "que sabía jugar al fútbol y que era un bailarín brillante" según sus antiguos compañeros de escuela. Joseph Kony.
De las cenizas del Movimiento del Espíritu Santo nació el Ejército de Resistencia del Señor, el LRA por sus siglas en ingles.
El LRA quiere imponer en Uganda un régimen que se base en los diez mandamientos.
Kony y sus seguidores no parecen adoptar preceptos bíblicos en sus acciones armadas contra el gobierno de Kampala.
El LRA secuestra niños en escuelas rurales. Mientras que los varones son convertidos en soldados que matan con mucha crueldad, las niñas terminan como esclavas sexuales.
Quienes han logrado escapar de los campamentos rebeldes dicen que sus dirigentes dicen recibir instrucciones del Espíritu Santo, una herencia de Alice Lakwena.
El mismo Kony sostuvo en una ocasión que él se comunicará con el presidente Museveni no por teléfono sino a través de las almas santas.
Al mismo tiempo, Kony niega rotundamente que sus huestes cometan atrocidades.
Pero organizaciones de defensa de los derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch tiene informaciones fidedignas sobre estas violaciones.
Y ante las posibles dudas sobre las motivaciones del LRA, ahí están los testimonios, los documentales, las fotos de aquellos niños que se negaron a seguir los designios de Joseph Kony y terminaron con las manos y las orejas mutiladas o las espaldas marcadas por los azotes.
Kony ha creado un aura de misticismo y miedo, y sus seguidores tienen que seguir al pie de la letra los rituales que su líder impone.
Paz cercana
En el momento más álgido del conflicto, se calcula que más de un millón y medio de personas huyeron de los territorios controlados por el Ejército de Resistencia del Señor.
Pero la presión de las fuerzas militares ugandeses, y los rumores de conflictos en la dirigencia han ablandado, a regañadientes, a los militantes del LRA.
Al mismo tiempo, Joseph Kony y sus principales seguidores han adquirido un estatus poco envidiable.
Están en la lista de sospechosos del Tribunal Internacional de Justicia. El mismo Kony se enfrenta a 33 cargos por crímenes de guerra y de lesa humanidad.
"Eso no es cierto, es propaganda" insiste Kony, en sus escasas comparecencias ante la prensa internacional.
"Yo soy un ser humano, como ustedes", se defiende. "Tengo ojos, un cerebro, visto ropa, pero ellos dicen que no hablamos con la gente sino que las comemos. Que somos asesinos".
"Eso no es cierto. ¿Por qué hablan conmigo si soy un asesino?"
Hace un año, el LRA decidió detener sus actividades y buscar negociaciones de paz. Los resultados de esa paz provisional no se han hecho esperar.
Al menos 700 mil personas han dejado los campamentos de refugiados para volver a sus comunidades.
La gente se siente más segura, el transporte interprovincial se ha incrementado, hoy se ven más plantaciones de maní y los mercados huelen a vegetales frescos.
Tanto el gobierno como los dirigentes del LRA creen que la paz está cerca. Y para ello necesitarán voluntad política y no intervención divina.
Publicación: La Jornada(Ciudad de México)
Fecha: 4 Noviembre 2007
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