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Cuatro historias, un objetivo: mujeres que progresan en Esmeraldas

Hace casi un año vi por primera vez a estas mujeres. Algunos rostros me quedaron muy vivos en la memoria, especialmente los rostros de aquellas con las que tuve la oportunidad de conversar y conocer sus historias.

Las vuelvo a encontrar tras un proceso de formación ocupacional de ocho meses del programa de Auxiliares de Enfermería ofertado por el Servicio Ecuatoriano de Capacitación Profesional (SECAP). Como parte de su proceso de graduación en el programa, hoy están presentes en una clase demostrativa ofreciendo al público el servicio de toma de signos vitales y control de peso.

"Nunca pensé que podía llegar hasta aquí, yo pensaba que esto era muy difícil", nos cuenta Margarita*, una mujer refugiada que llegó a Ecuador hace 8 años, "Pero gracias al apoyo de muchas personas que han estado presentes, hoy me doy cuenta que puedo llegar hasta donde yo quiera", me dice.

Para ella, como para muchas otras, este es el primer peldaño de muchos más que la conducirán a la realización profesional. Margarita destaca la tranquilidad con la que puede vivir en Ecuador y señala cómo a pesar de los problemas que ha tenido para poder acceder a un trabajo por su origen nacional, hoy está muy feliz de poder vivir aquí con su familia.

Junto a Margarita*, treinta estudiantes iniciaron el camino hace un año, de los cuales veinte se pueden graduar hoy. Todas ellas son mujeres en situación vulnerable por factores económicos, cargas familiares o su situación de movilidad humana. Entre ellas se encuentran beneficiarias del Bono de Desarrollo Humano, migrantes retornadas, refugiadas, trabajadoras del hogar, cuidadoras de personas con discapacidad. Eso las sitúa entre los grupos de atención prioritaria y por tanto beneficiarias del proceso de educación, que incluye talleres prácticos, materiales y clases diarias. Para ellas, dichas vulnerabilidades no son un límite a sus aspiraciones, sino que un estímulo a su deseo de crecer, aportar y contribuir a su comunidad.

Julieta*, otra compañera del proceso que ahora trabaja como comerciante informal, anhela inscribirse en una licenciatura y perfeccionar así los conocimientos adquiridos y ejercer la profesión de manera formal y definitiva.

Verónica* y Tatiana* cautivan totalmente mi atención, estas dos esmeraldeñas trabajan ocasionalmente desde sus barrios como voluntarias en monitoreo de salud a través de distintos proyectos vinculados con organizaciones no gubernamentales. Incluso una de ellas es "partera comunitaria" y está completando un ciclo de estudios con el Ministerio de Salud Pública para poder brindar permanentemente la primera atención a las mujeres en estado de gestación de su comunidad, facilitando su referencia a las instancias de salud pública correspondientes.

"Mi mayor aspiración es trabajar como promotora de salud comunitaria, de esta forma puedo ayudar a las personas más necesitadas en mi comunidad y conseguir un ingreso para mi familia", concluye Tatiana.

Estas cuatro historias de vida sin duda nos dejan mucho para reflexionar, si bien son mujeres que comparten carencias, también comparten sueños, esperanzas, ganas de salir adelante y sobretodo un sentimiento solidario para tender la mano a los demás.

*Nombres cambiados por motivos de confidencialidad.

Sofía Calderón, Esmeraldas, Ecuador.

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