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1 menor que crece en un campo de refugiados: una niña busca un mejor futuro

Espera impaciente en su clase a que el reloj dé las 10 de la mañana. Tan pronto como suena la campana, Sunita corre a su lugar favorito el Foro para Niños Refugiados Butaneses.

DAMAK, Nepal, 27 de junio (ACNUR) – Espera impaciente en su clase a que el reloj dé las 10 de la mañana. Tan pronto como suena la campana, Sunita corre a su lugar favorito, el Foro para Niños Refugiados Butaneses (BRCF por sus siglas en inglés), una organización al servicio de los miles de niños refugiados en los campos de Nepal.

“Aquí es donde más me gusta estar, trabajando con mis amigos en favor de los niños de este campo”.

“Quiero hacer muchas cosas para que tengan un futuro mejor” dice Sunita mientras lanza su mochila sobre el suelo embarrado y abre su cuaderno de notas para apuntar las actividades que la organización está preparando para la celebración del próximo Día de los Niños.

Sunita, de 16 años, vive en el campo de Timai, uno de los cinco campos de refugiados del este de Nepal, que albergan a casi 66.000 refugiados originarios de Bután. Desde hace tres años, ella es una figura líder y un miembro muy activo del BRCF, una organización gestionada por la Federación Luterana Mundial (LWF por sus siglas en inglés), un socio de ACNUR.

Son muchos los retos a los que se enfrenta esta adolescente que nació y creció en un campo de refugiados. “La vida aquí es dura. Siempre dependemos de la distribución de ayuda humanitaria, no tenemos electricidad y los niños no tienen nada que hacer”, suspira. La vida de Sunita es similar a la de miles de refugiados que llevan viviendo en los campos desde que llegaron a Nepal a principios de los años 90.

Se ha puesto en marcha un importante programa de reasentamiento para estos refugiados de Bután. Más de 47.000 refugiados –entre ellos varios amigos de Sunita- han sido ya reasentados en ocho países distintos. La familia de Sunita todavía no ha decidido si quieren quedarse o irse.

“Mis amigos que han sido reasentados han avanzado en sus estudios y han hecho buenos progresos”, señala Sunita.

La Agencia de la ONU para los Refugiados considera que un solo niño que crece en un campo es demasiado. Gracias a la sección nepalesa de la LWF, ACNUR continúa poniendo en marcha distintos programas de desarrollo para más de 22.000 niños refugiados que aún permanecen en los campos.

“Además de organizar diversas actividades para los niños, también llevamos a cabo de manera regular acciones de sensibilización y formación sobre derechos del niño. Nuestros miembros también están presentes en los diferentes congresos nacionales sobre cuestiones relacionadas con la infancia” dice orgullosa Sunita mientras muestra las fotografías cuidadosamente pegadas sobre las paredes de barro de la pequeña habitación que sirve como oficina de la BRCF.

Ella misma ha representado a los niños refugiados en muchos talleres nacionales. El año pasado, puso de relieve sus preocupaciones y las mejores prácticas de BRCF en la Consulta Nacional sobre Infancia, organizada por la Junta Central de Bienestar del Niño de Nepal, en Katmandú.

Sunita también representó a Nepal en la reunión del Foro de Consultas con Niños y Ministros del Sur de Asia (SAF por sus siglas en inglés), celebrado en Katmandú en julio del año pasado. En el Foro se decidió establecer un centro regional para combatir la violencia contra los niños, denominado Iniciativa del Sur de Asia para Erradicar la Violencia contra los Niños (SAIEVAC por sus siglas en inglés). El centro regional trata de garantizar la participación efectiva de los niños, de modo que ellos puedan controlar y prevenir la violencia, hacer recomendaciones y tener voz y voto en los procesos de toma de decisiones.

“Estaba orgullosa de mi logro” dice Sunita. “Tuve la gran oportunidad de conocer mejor la situación de los niños que viven fuera del campo de refugiados, pero me hubiera gustado poder estar allí como representante de Bután y no a título de refugiada”.

A pesar de que se esfuerza por ofrecer un futuro mejor a los niños en los campos de refugiados de Nepal, Sunita también se preocupa por su propio futuro. Espera poder ir a Bután algún día, cuando las condiciones lo permitan. “Espero que para entonces pueda tener la oportunidad de proseguir mis estudios, ser una líder comunitaria y servir algún día a mi sociedad”.

Por Pratibedan Baidya en Damak, Nepal.