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Ruanda: ACNUR lucha contra la impunidad de delitos sexuales

Historias

Ruanda: ACNUR lucha contra la impunidad de delitos sexuales

La Agencia de la ONU para los Refugiados y sus socios dan prioridad a combatir la violencia sexual en un campamento de refugiados ruandeses y alientan a las personas a hablar.
25 Junio 2012 Disponible también en:
Refugiados congoleños jugando al fútbol en el campamento de Kiziba, Ruanda.

CAMPAMENTO DE REFUGIADOS DE KIZIBA, Ruanda, 25 de junio (ACNUR) – El número de casos de violación y de otras formas de violencia sexual está bajando, pero sus consecuencias físicas y emocionales siguen siendo inmensas. La cultura del silencio existente entre los refugiados congoleños en el campamento de Kiziba, en Ruanda, empeora la situación, pues da cobijo a la impunidad y deja a las víctimas asustadas y solas. Por ello, el ACNUR y sus socios consideran una prioridad luchar contra la violencia sexual en Kiziba y alentar a las víctimas a denunciarla.

"Los niños [que han sufrido abusos] no saben qué les ha pasado, pero sienten vergüenza y miedo", comenta Josette Tuwishimwe, de 29 años, especialista en violencia de género para la ONG African Humanitarian Action, uno de los socios del ACNUR en el campamento. "A veces, cuando vienen a vernos, se niegan a salir de la sala. Lloran y dicen que si el culpable los encuentra 'me matará'". De hecho, los niños que denuncian los abusos son una minoría a la hora de romper el silencio.

Enclavado entre las colinas con vegetación exuberante cerca de la frontera con la República Democrática del Congo, es difícil imaginar que el campamento de Kiziba pueda ser más tranquilo. Por las mañanas, la gente lleva pescado seco, patatas y plátanos al mercado. Por todas partes se respira un fuerte sentimiento de comunidad entre los cerca de 19.000 congoleños que forman parte de la población del campamento.

Sin embargo, por las noches, sobre todo, la situación cambia y el peligro acecha en los oscuros callejones desprotegidos. Es entonces cuando hay mayor peligro para las mujeres, niñas y niños.

Parte del problema es la impunidad de los responsables de estos delitos, por eso el ACNUR ha encabezado una iniciativa con el objetivo de llevar a los culpables ante la justicia. Como parte del mismo compromiso, la agencia para los refugiados se concentra en las dolorosas consecuencias que tanto a nivel social como individual han sido ocasionadas por la violencia. Apoyándose en la justicia se trae esperanza y ayuda a las víctimas de violencia sexual.

"El papel del ACNUR es ayudar a las víctimas a presentar una denuncia ante la policía, acompañándolas desde ese momento al juicio", declara Modeste Cyr Kouame, jefe de la oficina de terreno del ACNUR que apoya Kiziba. "Nuestro rol consiste en trabajar de manera sensible con las víctimas y animarlas a denunciar. Sabemos que cuando se rompe el silencio, se manda un mensaje contundente a los culpables".

Las autoridades también desempeñan un papel vital a la hora de enfrentar la impunidad y prevén establecer un puesto de policía permanente en el campamento para garantizar la seguridad pública día y de noche. Mientras tanto, los refugiados han establecido un mecanismo de vigilancia comunitaria para disuadir los delitos sexuales. Por turnos, patrullan el campamento, en especial por la noche, aunque a veces este esfuerzo no es suficiente.

También se ha animado a los refugiados a reducir los delitos sexuales mediante la identificación de los sospechosos y prevenir nuevos casos al dar la voz en sus intrincadas redes comunitarias.

Para proteger a los jóvenes, los más vulnerables a estos ataques, un atento comité de protección infantil trabaja con los líderes de las comunidades de refugiados para ofrecer ayuda a aquellos niños que no reciban un cuidado apropiado por parte de sus padres. Los miembros de la comunidad también trabajan para realizar actividades educativas y recreativas bajo supervisión para niños menores de cuatro años.

Hay muchas razones por las que el fenómeno de la violencia sexual tiene lugar dentro de esta comunidad de refugiados. Hay quienes apuntan a la adicción al alcohol y a la promiscuidad como factores que contribuyen a este fenómeno y argumentan que estas prácticas están extendidas y que empeoran por la falta de educación secundaria y por las escasas oportunidades de trabajo. Las drogas son un problema, dicen, pero en escala menor.

Por su parte, otros defienden que el hacinamiento en el campamento llega a tal punto que las familias mandan a sus hijos a dormir a otra parte, exponiéndolos a los peligros. Otros más dicen que los congoleños en el este se han acostumbrado a delitos como la violación tras años de guerra y conflicto armado. En este contexto, el silencio se volvió un mecanismo negativo para lidiar con estas situaciones, prevaleciendo sobre el deseo de justicia como norma cultural.

Sin embargo, poco a poco, la gente empieza a hablar de sus experiencias, incluyendo los culpables de otros comportamientos destructivos que quieren desarrollar una vida con un enfoque más positivo, sin importar sus experiencias en el pasado. Entre ellos se encuentran aquellos con adicciones al alcohol y a las drogas, aunque ninguna de estas se ha convertido en un problema extendido.

Patrick* sabe que significa vivir en los márgenes en el campamento. "Desde que nací, nunca he conocido la paz", confiesa este joven de 22 años que, a la edad de seis años, perdió a su padre por causas violentas. Empezó a consumir drogas para "olvidar la muerte de mi padre" y para soportar las dificultades de la vida.

Baudouin Lubashu Mololoa, un padre congoleño de 40 años, ayuda a personas como Patrick a hacer frente al vicio y a los duros recuerdos a través de la fe y el deporte. Cada día organiza un partido de fútbol para los refugiados con el fin de alimentar su bienestar físico y psicológico. Los desgastados balones de fútbol han sido cosidos una y otra vez y una de las porterías del campo no tiene larguero. Sin embargo, cada día el partido comienza con una nota de alegría.

Esta actividad ayuda al padre Baudouin a olvidarse de las torturas que sufrió hace años en el Congo a manos de los Interahamwe, una milicia de la etnia Hutu responsable de muchas de las matanzas que tuvieron lugar durante el genocidio en Ruanda en 1994. También le ayuda a superar la reciente violación que sufrió su hija. En sus palabras: "Con el fútbol, me olvido de muchas cosas. Me centro únicamente en mi estrategia, en el paso que voy a dar a continuación, en el movimiento de mis pies, y me olvido".

* Nombre cambiado por motivos de protección.

Por Greg Beals and Anouck Bronée en el campamento de refugiados de Kiziba, Ruanda

Gracias a la voluntaria de UNV Online Nieves Carazo Tomás por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.