Mientras los combates se intensifican en Yemen, más personas huyen a Yibuti

More than 15,000 refugees are seeking safety across the Gulf of Aden in Djibouti, among them wounded civilians in need of medical treatment. [for translation]

El refugiado yemení Seif Zeid Abdulah, herido por la metralla, de pie con muletas en el campamento de Markazi, en Yibuti.  © ACNUR/Oualid Khelifi

OBOCK, Yibuti, 11 de noviembre de 2015 (ACNUR) – El pescador yemení Seif Zeid Abdulah estaba volviendo a casa en moto cuando un ataque aéreo golpeó su región natal, Bab el Mandeb.

De repente, la explosión hizo que este hombre de 27 años saliera disparado por los aires. Su pierna izquierda estaba destrozada por la metralla, se dio cuenta que sangraba mucho por una herida que requeriría meses de rehabilitación y tratamiento.

"Había vivido con miedo a que algo así le pudiera pasar a algún miembro cercano de mi familia, un amigo o un vecino. Entonces, de repente, mi pierna está rota y estoy lisiado", cuenta.

Los combates se intensifican en Yemen, y más de 120.000 refugiados y migrantes han huido del país desde abril de 2015. Más de 15.000 refugiados como Zeid Abdullah han buscado la seguridad a través del Golfo de Adén, en Yibuti, un pequeño país en el Cuerno de África.

Cuando su patria se sumió en la guerra civil, muchos perdieron sus hogares, otros sus medios de vida. La mayoría se sienten incapaces de reunirse con sus seres queridos en otras partes del país porque temen por su seguridad.

Como millones de yemeníes, Zeid Abdullah ya sufría dificultades económicas antes de que la guerra civil estallara en marzo. Una década de inestabilidad política, tensión tribal y agitación sectaria también han debilitado los servicios públicos, lo que se añade a sus dificultades.

Ante el temor de que las instalaciones médicas se puedan convertir en blancos – como ya ha pasado en el conflicto – Zeid Abdullah y otros civiles heridos en guerra son cada vez más reacios a acudir a los servicios sanitarios públicos dentro de Yemen. Además, los elevados costes de las clínicas privadas les están obligando a buscar alternativas.

Una figura menuda, cuya pierna rota se mantiene unida por clavos, decidió guardar sus escasos ahorros y cruzar hacia Yibuti a finales de octubre, creyendo que tendría una mejor oportunidad de sobrevivir como refugiado.

"En Yemen, me encontré con muchos hombres, mujeres y niños cuya salud se está deteriorando debido a heridas sin curar", comenta y añade, "estoy contento de que algunos ya hayan cruzado. Espero que el resto también consigan cruzar".

Apoyándose en muletas, sus heridas expuestas al aire, Zeid Abdullah se registró como refugiado en la ciudad portuaria de Obock. Está deseando recibir la seguridad, protección y asistencia médica de ACNUR y sus socios en el cercano campamento de Markazi.

Según Abdul Rahman Mnawar, el oficial de servicios comunitarios en el campamento Markazi, una de las cuestiones más urgentes es proporcionar asesoramiento y apoyo emocional a los refugiados, especialmente a aquellos que han sido testigos de violencia y asesinatos.

"Tenemos muchos refugiados que han llegado recientemente al campamento y podemos ver en sus rostros y cada vez que hablamos con ellos que están traumatizados. Han pasado por muchas cosas durante la huida", cuenta Mnawar.

Imad Ali, un pescador de 28 años, también huyó a finales de octubre. Cruzó el estrecho de 30 kilómetros con otros cuatro hombres yemeníes en un barco de siete metros de largo y dejó a sus padres y otros hermanos en la ciudad portuaria de Adén, donde se habían refugiado.

"Me quedé en mi región nativa de Bab El Mandab porque alguien tenía que trabajar y mantener a una familia grande a pesar de los altos riesgos", dice. "Pero poco después me di cuenta de que esta guerra está empeorando y no tengo medios para llevar a todo el mundo hasta Yibuti".

Optó por cruzar a Yibuti y reunirse con su prometida y su familia que se habían establecido previamente como refugiados en el campamento de Markazi.

"Por lo menos, la familia de mi prometida puede convertirse en mi segunda familia", dice Ali.

Aunque él consiguió llegar a Yibuti de manera segura, continúa preocupándose por aquellos que dejó atrás en Yemen.

"Puede haber cierta seguridad y asistencia temporal por ahora, pero no es paz duradera. No pueden trabajar y mantenerse a sí mismos para siempre en Adén, tampoco podrían regresar a Bab El Mandab de donde venimos", cuenta.

Desde finales de septiembre, más de 2.000 yemeníes han huido a Yibuti, con lo que el número de refugiados en el campamento de Markazi roza los 2.800. Mientras la violencia en el país continúa, buscar la seguridad en las costas occidentales del Golfo de Adén está convirtiéndose, cada vez más, en el único recurso para miles de yemeníes.

"En el campamento de Markazi estamos casi a plena capacidad", cuenta Mnawar. "Ya tenemos que planificar la ampliación del campamento para recibir a refugiados adicionales".

Por Oualid Khelifi en Obock, Yibuti.

Gracias a la Voluntaria en Línea Noemí Pérez Rubio por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.