El recuento familiar da forma a la población refugiada en Bangladesh

Equipos del ACNUR recopilan datos de referencia para ayudar a miles de refugiados de Myanmar.

La voluntaria del ACNUR Zakia Kabir recopila información de la abuela rohinyá Dolu, de 75 años, y su hija Reza, de 45. Utiliza para ello una aplicación de recopilación de datos en un smartphone que ayuda a optimizar la asistencia en la Extensión de Kutupalong.  © ACNUR/Roger Arnold

EXTENSIÓN DEL CAMPAMENTO DE KUTUPALONG, Bangladesh – La refugiada rohinyá de 75 años Dolu acude a la entrada de su vivienda y habla con una encargada de recopilar datos que trabaja para el ACNUR, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados.

En función de su nombre, su lugar de origen y el número de personas que componen su hogar, entre otros criterios, Dolu recibe una tarjeta plastificada amarilla con un Número de Recuento Familiar único asignado por el gobierno de Bangladesh.

A continuación se introduce la ubicación de GPS en una aplicación y se toma una fotografía de Dolu y de su hija Reza, de 45 años. Una tarjeta con los mismos datos se ata al marco de bambú de la vivienda provisional cubierta de plástico que es ahora su hogar.

"Por fin tengo una dirección", dice Dolu. "Soy anciana, estoy enferma y cansada de desplazarme. Ahora mi vida será estable".

"Por fin tengo una dirección. Soy anciana, estoy enferma y cansada de desplazarme."

Madre e hija forman parte de los más de medio millón de mujeres, niñas, hombres y niños que han huido de Myanmar desde finales de agosto. La mayoría se han asentado en extensas ciudades improvisadas que han surgido entre el campamento de refugiados de Kutupalong y su hermana, Nayapara, al sureste de Bangladesh.

El recuento familiar comenzó el miércoles 4 de octubre y corre a cargo de 120 "enumeradores" divididos en 10 equipos. Se dispersan entre las precarias viviendas con objeto de computar en un período de dos semanas cerca de 105.000 hogares, un total de 525.000 personas si se asume que cada hogar se compone de cinco personas

"Con una población tan inmensa, los datos resultan vitales para distribuir ayuda, ya sea alimento, equipos de cocina, equipos para viviendas o cualquier otra cosa", comenta Laura Giammarinaro, oficial superior de registro del ACNUR, que trabaja en este proyecto.

"Si no sabes quiénes son las personas, sus familias, cuántos son y dónde están, no es posible hacerlo de manera organizada y eficiente", añade.

Un trabajador del ACNUR recopila información sobre Mohammad Busho, de 80 años, valiéndose de una aplicación de recopilación de datos en un smartphone, que ayuda a optimizar la asistencia en la extensión de Kutupalong, Bangladesh.  © ACNUR/Roger Arnold

El recuento comenzó en la Extensión del Campamento de Kutupalong y en la adyacente Extensión de Balukhail, ambas seleccionadas por las autoridades de Bangladesh.

Las áreas se han cartografiado y dividido en zonas y bloques (la nueva dirección de Dolu y Rezema es zona 1, bloque 5). A medida que avanza el recuento, el ACNUR colabora estrechamente con los líderes de la comunidad de refugiados, los cuales han aportado listas de residentes junto con la zona aproximada en la que encontrarlos.

Además de asignar ayuda, se espera que el recuento resulte fundamental para proteger a los más vulnerables en la caótica maraña de chabolas que se extiende aquí por las laderas de las colinas y que llega hasta donde alcanza la vista.

"Encontrar gente ahí fuera supone un gran desafío. Con esto, sabremos dónde está la familia y qué miembros la componen, así como sus potenciales necesidades de protección", dice Giammarinaro.

"De este modo, personas con la formación adecuada pueden volver a esta familia para poder ver, por ejemplo, los alojamientos en los que viven menores no acompañados, familias monoparentales o personas con discapacidades. Podrán saber dónde están".

Continuando un poco más por el polvoriento camino desde donde se encuentra Dolu, encontramos a Jafur Alam, padre de cuatro hijos y recientemente recontado, quien comprueba enseguida cómo la tarjeta que le han asignado le puede resultar de ayuda. Está buscando a su hija de 17 años, que se separó de la familia hace unos días en el asentamiento, y a la que no ha vuelto a ver.

"Si doy mi número (de recuento familiar único) a las autoridades, podrán localizarme cuando la encuentren", cuenta.

"Con esto, sabremos dónde está la familia y qué miembros la componen, así como sus potenciales necesidades de protección."

Se estima que cerca de un millón de rohinyás son apátridas. Más allá de sus beneficios prácticos, la tarjeta también supone una pequeña forma de identificación para los refugiados.

"Nunca antes he tenido una tarjeta así", cuenta Mohammad Busho, de 80 años, sentado a la entrada del humilde alojamiento en la zona 1, bloque 5. "Puede que ahora recibamos alguna ayuda".

Necesitamos urgentemente su apoyo para ayudar a los menores, mujeres y hombres refugiados de Bangladesh. Por favor, done ahora.

Por Tim Gaynor

Gracias al Voluntario en Línea Jaime Guitart Vilches por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.