Venezolanos dejan historias de hambre y pobreza para recomenzar con su vida en Río

"Todos vinimos con una maleta llena de ropa. Pero traemos otra maleta llena de sueños y esperanza".

Aldea Infantil SOS es el nuevo hogar de 50 venezolanos trasladados de Roraima a Río de Janeiro gracias a la estrategia de interiorización del Gobierno federal, con el apoyo de la ONU en Brasil.

Aldea Infantil SOS es el nuevo hogar de 50 venezolanos trasladados de Roraima a Río de Janeiro gracias a la estrategia de interiorización del Gobierno federal, con el apoyo de la ONU en Brasil.  © UNIC Rio/Luise Martins

“Todos vinimos con una maleta llena de ropa. Pero traemos otra maleta llena de sueños y esperanza. En Brasil, ya hace casi seis meses, la venezolana Yelitza Paredes saca el optimismo y la sonrisa en el rostro de las ganas de buscar un futuro mejor para su familia. Madre de cinco hijos, esta profesora de Biología llegó a Río de Janeiro el martes 3 de julio, con otros 49 venezolanos venidos de Roraima.

El viaje se realizó en el marco de la cuarta etapa del proceso de interiorización de venezolanos, una estrategia del Gobierno federal para reubicar del Norte de Brasil a extranjeros en situación de vulnerabilidad. Recientemente, Igarassu, en Pernambuco; Conde, en Paraíba; y Río de Janeiro, la capital fluminense, recibieron por primera vez venezolanos trasladados. Sesenta y nueve fueron a la ciudad pernambucana y otros 45 para el municipio paraibano.

“Es una economía pequeña. No hay posibilidad de integración local”, evalúa sobre la situación de Roraima Paulo Sérgio de Almeida, oficial de medios de vida de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). El sistema de socios de las Naciones Unidas apoya a las autoridades brasileñas en el encaminamiento de los venezolanos a otras partes del país.

Con su hijo de 19 años, Yelitza llegó a la frontera sin dinero. “Si gastábamos en pasajes, no teníamos que comer”, recuerda. En Boa Vista, pasó cuatro meses viviendo en la calle y trabajando como doméstica, ganando de 25 a 30 reales por día. Todo lo que recibía era enviado a la familia en Maturín, donde aún viven su marido y los otros hijos, de nueve, 11 y 13 años. El mayor, de 21, huyó de Venezuela hacia Panamá.

“No me quedaba ni un real. Prefería pedir en lugar de gastar, porque sé que lo que está ocurriendo en Venezuela es demasiado crítico”, explica Yelitza.

En medio de la crisis, ella y los familiares comían sólo yuca en el almuerzo. La venezolana aprovechaba las cáscaras de la raíz para que los hijos tuvieran qué comer. “La economía fue sacudida y las familias fracturadas”, cuenta, y ella misma tuvo que separarse de sus parientes.

Ahora en Río, su expectativa es encontrar un buen empleo para seguir ayudando a sus familiares en su país. La venezolana dice que “sería un honor” para ella enseñar en Brasil. “Queremos hacer del país nuestra patria”, completa Yelitza.

Los 50 venezolanos que llegaron a la capital fluminense fueron acogidos por la ONG Aldeas Infantiles SOS, en Itanhangá, en zona oeste de la ciudad de Río de Janeiro. La institución recibió 13 familias de venezolanos, entre ellos, 13 bebés y niños con hasta cinco años de edad.

Según Sandra Greco, directora nacional de la entidad, se les ofrecerán clases de portugués y actividades de capacitación profesional, dirigidas a la generación de ingresos y la integración en el mercado laboral. Estas iniciativas serán abordadas en diálogo con los nuevos residentes en las instalaciones de la organización, para así identificar sus deseos y las habilidades que ya traen consigo. Otra preocupación es garantizar la inclusión del grupo en las redes públicas de educación y salud.

“Nosotros tenemos que contar puntual y potencialmente con la capacidad que el brasileño tiene de ser solidario”, añade la dirigente de la Aldea. La ONG también abrigó a los venezolanos trasladados esta semana a Pernambuco. Por su parte, ACNUR está inyectando recursos financieros en la institución para garantizar la acogida adecuada de la población.

La ONU y la estrategia de interiorización

De acuerdo con Paulo Sérgio de Almeida, existen cerca de 4.200 venezolanos viviendo en albergues del Gobierno en Roraima, siendo que más de la mitad quiere dejar el estado. ACNUR hace la identificación de quien tiene interés en participar de la interiorización. “Ellos no tienen la capacidad de salir por su cuenta. La estrategia es apoyar la salida voluntaria de esas personas”.

El venezolano Jim Dewy cuenta que “trabajaba, trabajaba y no conseguía comprar nada” en el estado Anzoátegui, al noroeste de Venezuela. A pie, decidió irse a Boa Vista. En esta ciudad consiguió empleo como albañil, pero después, con el aumento de extranjeros en la ciudad, las oportunidades de empleo disminuyeron. Por esta razón, optó por Río de Janeiro.

En las primeras etapas de la interiorización, 527 venezolanos fueron ltrasladados a las ciudades de São Paulo, Cuiabá y Manaos, durante los meses de abril y mayo. Además de ACNUR, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) están apoyando a las autoridades con las reubicaciones.

Anneli Nobre, asistente de proyectos de la OIM, explica que la institución promueve sesiones informativas con los venezolanos interesados en cambiar de ciudad. El objetivo es concientizar a los extranjeros sobre la nueva realidad en que van a insertarse y sobre las condiciones de acogida.

Con la decisión consciente y fundamentada de cada beneficiario, comienza una nueva etapa: la verificación de documentos. La Agencia trabaja de forma articulada con el Gobierno para asegurar que todos las personas trasladadas lleguen al lugar de destino con su CPF (el documento de identificación fiscal para personas físicas en Brasil), la solicitud de asilo o residencia y, si es posible, el carnet de trabajo.

“Se van a presentar algunos desafíos por el tamaño de la ciudad, por su población, por la cuestión del idioma también, pero, al mismo tiempo, la OIM busca, en el período anterior al viaje, proporcionar el máximo de informaciones que las personas necesiten para llegar con conocimiento de cuáles son los servicios públicos (a los que pueden recurrir)”, afirma la experta.

Los equipos de la Agencia acompañan a los venezolanos en los vuelos hacia el punto final de la interiorización, además de realizar inspecciones en los abrigos e instituciones previstos como nuevos hogares de los venezolanos.

Gracias a la Voluntaria en Línea Mayra Malavé Malavé por el apoyo ofrecido con la traducción del portugués de este texto.