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Quienes regresan valoran la magnitud de la reconstrucción necesaria en Alepo

Los feroces combates han dejado gran parte de Alepo en las ruinas, pero con algo de ayuda, las personas que regresan están determinadas a reparar sus heridas.

ALEPO, Siria, 13 de noviembre de 2017 (ACNUR) – Las calles que rodean la ciudadela medieval de Alepo aún cargan con las heridas causadas por años de lucha que dejaron a esta antigua ciudad en los escombros. Aun así, en medio de la destrucción, llega un chisporroteo de grasa y el olor del cordero asado, una señal de que la vida normal lucha por volver.

La familia de Abu Ahmad ha vendido pinchos de carne a visitantes y turistas en su tienda en las sombras de la ciudadela desde hace más de medio siglo. La familia es sinónimo de su oficio, su apeliido “Al-Shawa” significa “maestro de la parrilla” en árabe. Abu Ahmad fue desplazado por cuatro años, durante lo peor de la lucha.

“El negocio aún no va muy bien, pero el orgullo que siento por el negocio de mi familia hizo que quisiera volver a abrir tan pronto como fuera seguro”, explicó Abu Ahmad. Con suministros de electricidad todavía poco confiables o inexistentes en gran parte de la ciudad, por ahora él asa a la parrilla sus productos al aire libre en una barbacoa de metal frente a su tienda abandonada.

Alepo era la ciudad más poblada de Siria antes del conflicto.

Con una población anterior a los conflictos de más de cuatro millones, Alepo era la ciudad más poblada, y el centro económico de Siria. Años de lucha feroz han devastado gran parte de la ciudad, destruyendo infraestructuras vitales, dañando escuelas y hospitales, y desplazando a cientos de miles de personas de sus hogares.

Desde el comienzo de 2017, aproximadamente 440.000 desplazados de Alepo han regresado a la ciudad y las áreas circundantes. Se cree que unos 300.000 han regresado al Este de Alepo, que fue testigo de algunos de los combates más intensos de todo el conflicto sirio.

Muchos de los que ahora regresan han pasado años en movimiento y están regresando a hogares dañados en barrios sin electricidad ni agua, ya que no tienen otra opción. El panorama general en todo el país sigue siendo sombrío. Más de seis millones de sirios siguen desplazados, incluidos más de un millón obligados a huir de sus hogares solo en el último año.

ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y sus socios brindan asistencia a quienes han decidido regresar a Alepo desde que la lucha terminó para ayudarles a retomar sus vidas. La ayuda incluye materiales de construcción para la rehabilitación de sus hogares, servicios médicos móviles, distribución de colchones y asistencia legal para la obtención de certificados de nacimiento y documentación civil.

En algunos de los vecindarios más afectados en el Este de Alepo, los residentes reportan plagas de roedores en medio de los escombros, lo que representa un riesgo para la salud pública. “Nuestros hijos temían ir afuera por todas las ratas y ratones”, dijo un residente.

El ACNUR coopera con Namaa local para proporcionar a los residentes equipos de protección, plaguicidas ecológicos y capacitación para abordar el problema.

Otro desafío crítico en Siria es la gran cantidad de niños fuera de las escuelas. Se estima que hasta 1,75 millones de niños en edad escolar no asisten a la escuela, y otros 1,35 millones corren el riesgo de desertar.

Abdullah, de 17 años y de la ciudad de Al-Hader, en el Sur de Aleppo, no pudo asistir a clases durante dos años cuando los intensos combates obligaron a cerrar las escuelas de la zona. “Solo quiero terminar mi educación, y así tener la oportunidad de conseguir un buen trabajo y vivir con dignidad”, dijo.

Un amigo le contó sobre los centros comunitarios, financiados por ACNUR en el Este de Alepo, que ofrecen clases de recuperación en matemáticas, física y biología para ayudar a los adolescentes a prepararse para sus exámenes de secundaria.

Tres días por semana, Abdullah hace un viaje de dos horas en minibús a la ciudad para asistir a clases, y espera pasar sus exámenes para final de año. “Después de perder dos años de clases, me parece que las matemáticas son especialmente difíciles. Necesito que alguien me lo explique, ya que mis padres no pueden enseñarme estas materias”.

Si bien puede ser que las luchas en Alepo terminaron, quienes regresan saben que les tomará muchos años regresar a la normalidad.

A las afueras de su tienda vacía, y mientras forma los pinchos de cordero, Abu Ahmad agita su mano a las casas destruidas que rodean la antigua ciudadela y suspira. “Destruir es fácil, lo difícil es reconstruir. Se necesitará mucho tiempo para que Alepo se recupere de esto”.

Por Firas Al-Khateeb y Vivian Toumeh