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El origami ayuda a darle forma a la nueva vida de un refugiado sirio en el exilio

Después de huir del conflicto en Siria, Fadi recurrió a su pasatiempo para sobrellevar la vida en el campamento de refugiados de Za’atari, Jordania.

Las manos de Fadi están en constante movimiento mientras habla, doblando, pellizcando y metiendo hojas de papel, mientras recuerda los eventos que lo trajeron desde Siria hasta el campamento de refugiados de Za’atati, en Jordania. Después de un par de minutos de estar contando su historia, hace una pausa y levanta una flor de papel. Una sonrisa ilumina su rostro.

“Creo que el origami es increíblemente interesante”, dijo el joven de 26 años proveniente de Dara’a, en el norte de Siria. “Te permite crear algo de la nada, para mí es una forma de aliviar el estrés y descargar toda la energía negativa. Es mejor que una bola para el estrés”.

Cuando inició el conflicto en Siria, Fadi era estudiante de comercio y contaduría en la Universidad Tishreen, en la ciudad portuaria de Lattakia. Fue allí donde uno de sus profesores lo introdujo al antiguo arte del origami. Pero lo que comenzó como un noble hobby en Siria, se ha convertido en una importante parte de su vida en el campamento.

Fadi es uno de los cerca de 80.000 sirios que actualmente llaman al bullicioso campamento Za’atari hogar. En total, Jordania acoge a 658.000 refugiados sirios registrados, con la gran mayoría de ellos viviendo en pueblos y ciudades en el reino.

Fadi estaba en su tercer año universitario cuando el conflicto lo obligó a abandonar sus estudios. A medida que los combates se acercaban a su hogar en Dara’a, y con su padre trabajando en el extranjero, Fadi tomó la decisión de mudarse con su familia a Jordania en octubre de 2013.

“Yo era responsable de 14 almas, mayormente mujeres y niños”, dijo Fadi, refiriéndose a él mismo, además de sus nueve hermanos menores, su madre, sus abuelos y su esposa, que estaba embarazada. “Temía mucho que alguno de ellos quedara herido o fuera asesinado”.

Ellos le pagaron a traficantes para que los llevaran a la frontera entre Siria, Jordania e Irak, donde los dejaron a las 5 am, y les dijeron que caminaran a través del desierto hacia una distante colina para llegar a Jordania. Pero después de horas de caminar bajo sofocantes temperaturas, se encontraron rodeados por un entorno salvaje, sin comida ni agua.

“Te permite crear algo de la nada”.

Eventualmente se encontraron con un grupo de pastores beduinos que les señalaron el camino correcto, y finalmente llegaron a Jordania, después de caminar durante 14 horas. Una vez que las autoridades de Jordania los recogieron, la esposa de Fadi, que estaba en su séptimo mes de embarazo de gemelos, fue llevada al hospital.

"Nuestros gemelos nacieron muertos", dice Fadi, simplemente. "Después de eso fuimos a Za'atari, y la vida comenzó lentamente otra vez."

La principal prioridad de Fadi después de asentarse en el campamento era encontrar un trabajo para poder ayudar a mantener a su familia. Habiendo trabajado como voluntario en un centro para niños con síndrome de Down en Siria, él obtuvo un empleo como asistente de clase en un curso informal para niños, administrado por la ONG Relief International. Las clases se llevan a cabo en el campamento en un centro comunitario fundado por el ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados.

“Fue cuando recordé el origami, y pensé que sería algo interesante y diferente para hacer con los niños”, dijo Fadi. Los resultados fueron abrumadoramente positivos, según Fadi, particularmente para los niños con necesidades especiales o problemas de conducta.

“A los niños les encantaba el hecho de que puedes convertir un trozo de papel en algo más, un pájaro, una silla. Eso mejora su concentración y su compromiso. Cuando les doy un proyecto, no se distraen o se aburren, lo hacen hasta que lo logran terminar”.

“El mayor impacto que vi fue en Miriam y Mohammed, dos niños en la clase para niños con síndrome de Down”, dijo Fadi. “Ellos solían tener problemas de atención y agresividad, pero el cambio fue increíble. Desde que comenzaron a hacer origami el año anterior, ellos tienen algo en que concentrar sus esfuerzos, y como resultado, ahora están más felices y tranquilos”.

Así como le trajo alegría a sus estudiantes, Fadi también cree que su hobby cambiará su vida en el exilio. “Me ha hecho sentir como un miembro activo de la comunidad, y ahora las personas en el campamento me conocen. Me ha dado un propósito como refugiado”.

Fadi describe el simple acto de doblar papel para hacer objetos como algo universal, entendido por todos quienes en algún momento han hecho un avión de papel, sin importar la raza o el idioma. Él sueña con enseñarles el arte del origami a niños refugiados en otras partes del mundo. “Es algo nuevo, y he visto cómo ellos reaccionan a él. El origami rompe barreras y les da esperanza a los niños”.

Por Charlie Dunmore y Annie Sakkab