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A medida que los desplazados iraquíes vuelven a Mosul occidental, surge la esperanza en medio de las ruinas

Con la declaración del final de la batalla por el control de la segunda ciudad más grande de Irak, la tarea de reconstruir la ciudad y la vida de sus habitantes está apenas comenzando.

MOSUL, Irak, 11 de agosto de 2017 (ACNUR) – Um Ahmed y 16 miembros de su familia viven abarrotados en su hogar destrozado por las bombas en el vecindario Al-Resala, en el Oeste de Mosul. A pesar de la destrucción, ella dice que se siente afortunada de que su casa aún esté en pie, mientras que otras casas quedaron completamente destruidas.

En marzo, cuando la batalla por el control de la segunda ciudad más grande de Irak rugió alrededor de ellos, Um Ahmed, de 35 años, y su familia pasaron diez terribles días acurrucados en su albergue en el sótano con otras 40 personas. La habitación oscura y húmeda tenía sólo una diminuta ventana para la ventilación, y estaba rodeada por el olor de los cuerpos estrechamente apretados y el miedo, recuerda.

Durante un período de calma en la lucha, huyó con su esposo Shehab, de 42 años, y sus hijos a un campamento estatal para desplazados en Jadaa, a unos 50 kilómetros al sur de la ciudad. Horas más tarde, un cohete golpeó su querida casa.

El ambiente caliente y polvoriento del campamento fue particularmente duro para Shehab, que sufre de una afección cardíaca y epilepsia. El 10 de julio, un día después de que el gobierno iraquí declarara el final de la batalla por la ciudad, la familia volvió a su casa para evaluar el daño después de cuatro meses en el campamento.

“Volvimos a Mosul porque era difícil para mi marido permanecer en una tienda de campaña con sus problemas de salud”.

“Volvimos a Mosul porque era difícil para mi marido permanecer en una tienda de campaña con sus problemas de salud”, explica Um Ahmed. “También tuvimos miedo de perder nuestra casa”.

A su regreso fueron recibidos por una escena de total destrucción, con todo el frente de la casa en ruinas. Pero después de despejar su camino en el interior encontraron que, a diferencia de muchos de sus vecinos, sus muebles y posesiones seguían allí, los escombros habían impedido que los saqueadores se llevaran algo. “Algo malo se convierte en algo bueno”, dice Shehab con una sonrisa irónica.

Aunque se siente feliz de estar en casa, la vida sigue siendo difícil para la familia, teniendo que luchar cada día para obtener los elementos básicos para la supervivencia. La electricidad es costosa y normalmente está disponible por sólo ocho horas al día, el agua potable se entrega en camión y se almacena en tanques, mientras que el agua para los inodoros y el lavado se recoge de un pozo en un barril grande que tienen que rodar a casa. Um Ahmed y su hermana hacen vestidos en casa para ganar suficiente dinero para lograr sobrevivir.

Hasta ahora unas 79.000 personas han regresado a las ruinas de Mosul occidental, según cifras del gobierno, lo que equivale a alrededor del 10 por ciento de todas las personas que huyeron de la zona. Por el contrario, alrededor del 90% de los que huyeron han vuelto desde entonces al este de la ciudad, que ha sido testigo de una destrucción considerablemente menor.

ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, ha intensificado sus esfuerzos de asistencia a las familias iraquíes en Mosul, incluidas las que han retornado recientemente. Las evaluaciones de la Agencia en el terreno demuestran que la población que retorna de Mosul necesita ayuda de todo tipo, pero las necesidades de albergue siguen siendo las más urgentes y nefastas, particularmente en el oeste.

“Las familias que regresan también enfrentan retos en el acceso a los servicios y artículos básicos, por ejemplo el acceso al agua, la electricidad o el combustible en partes de Mosul puede ser difícil y muy caro”, dijo el portavoz del ACNUR Andrej Mahecic en una rueda de prensa en Ginebra el viernes 11 de agosto.

“Las familias que regresan también se enfrentan a retos en el acceso a servicios básicos y servicios públicos”.

Desde el final de las operaciones militares en el oeste de Mosul, el ACNUR y sus socios han distribuido kits de albergue a más de 3.241 familias en el este y oeste de la ciudad.

Mahecic dijo que el paquete incluye kits de sellado, que permiten a familias como la de Um Ahmed realizar reparaciones básicas para que puedan vivir en edificios parcialmente dañados o sin terminar. El plan es distribuir kits para hasta 36.000 familias hasta finales de este año.

ACNUR también ha prestado asistencia monetaria multipropósito a algunas de las familias iraquíes desplazadas más vulnerables. Las familias reciben una ayuda en efectivo de 400 dólares (486.000 dinares iraquíes) utilizando un sistema de transferencias de dinero móvil. Algunas de las familias más vulnerables recibirán la misma cantidad por un máximo de tres meses, ayudándoles a pagar el alquiler y manejar las necesidades básicas como alimentos y servicios públicos.

Mientras que la vida vuelve lentamente a la antigua ciudad, Um Ahmed y Shehab saben que tomará muchos años antes de que las cosas vuelvan a la normalidad. “El futuro está en las manos de Allah, pero nunca debemos perder la esperanza”, dice. La tensión de los últimos años está escrita en las líneas de su rostro. “No son los años que nos han hecho viejos, sino las cosas que hemos visto”.

 

Por Amira Abd El-Khalek