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ACNUR busca un trato equitativo para todos los Rohingya en Bangladesh

Un pequeño grupo de personas que huyeron de la violencia hace décadas son consideradas refugiados, mientras que muchos recién llegados permanecen indocumentados y no reciben asistencia vital.

UKHIYA, Bangladesh, 20 de marzo de 2017 (ACNUR) – A simple vista, Mostafa y Sohel* tienen mucho en común.

En 1992, siendo joven, Mostafa huyó de la violencia en la parte norte del Estado de Rakhine en Myanmar para buscar seguridad en Bangladesh.

Veinticinco años después Sohel emprendió el mismo viaje. Después de semanas de violencia en medio de una operación de seguridad en su aldea, el joven de 22 años tuvo que ser llevado a través del río Naf a la seguridad a principios de este año. Su cuerpo estaba quemado e hinchado.

Señalando las cicatrices en sus pies, Sohel dijo: “Nos golpearon sin motivo y nos dejaron morir en una zanja. Éramos cinco personas en el grupo, sólo tres sobrevivimos”.

Ambos hombres encontraron seguridad en Bangladesh, donde Mostafa recientemente guió a Sohel a un hospital para recibir tratamiento por sus heridas. Pero a pesar de sus antecedentes y circunstancias comunes de Rohingya, Mostafa y Sohel son tratados de manera muy diferente.

“Nos golpearon sin motivo y nos dejaron morir en una zanja. Éramos cinco personas en el grupo, sólo tres sobrevivimos”.

Como parte de la afluencia de refugiados a principios de los años noventa, Mostafa se encuentra entre los 33.000 refugiados registrados que viven en dos campamentos administrados por el Gobierno junto con el ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados y sus socios en el sureste de Bangladesh.

Tiene una casa en el campamento de Kutupalong y acceso a servicios básicos como asistencia alimentaria, atención médica y educación para su esposa y tres hijos. Ahora en sus 50 años, él ha aprendido a hablar inglés bien y está trabajando como fotógrafo en el campamento.

Por el contrario, Sohel no tiene estatus legal en Bangladesh como uno de los más de 70.000 Rohingya recién llegados que se cree que han huido de una operación de seguridad entre octubre de 2016 y febrero de 2017. Él vive con personas de su pueblo natal y mantiene un perfil bajo. Él recibe ayuda ad hoc si tiene suerte.

Una tercera categoría consiste en un estimado de entre 200.000 y 500.000 Rohingya indocumentados que llegaron a Bangladesh entre los dos afluentes. Viven en alojamientos improvisados y aldeas locales, y hasta hace poco no tenían acceso a la ayuda humanitaria.

“La situación actual no es sostenible”, dijo Shinji Kubo, Representante del ACNUR en Bangladesh. “Independientemente de cuándo vinieron y de dónde viven, estas personas tienen las mismas necesidades y merecen un acceso igualitario a la protección y la asistencia”.

El recién llegado Sohel * (izquierda) comparte sus experiencias con Mostafa (centro), quien ha estado allí por largo tiempo, mientras un trabajador del ACNUR los escucha. © ACNUR / Vivian Tan

La nueva afluencia ha puesto en relieve la necesidad urgente de verificar el número y ubicación de los recién llegados. Sin esta información, los refugiados vulnerables corren el riesgo de quedar en el olvido, mientras que otros podrían recibir duplicación de asistencia.

“Estamos abogando por una verificación conjunta de los recién llegados con nuestros socios lo antes posible”, dijo Kubo. “Este ejercicio ayudará al Gobierno y a las agencias humanitarias a orientar mejor la asistencia a quienes más lo necesitan, ya sean recién llegados, refugiados que llegaron antes o los locales que los reciben”.

El ACNUR colabora con organizaciones humanitarias como la Organización Internacional para las Migraciones y el Programa Mundial de Alimentos en el Cox´s Bazar.

Se cree que varios miles de recién llegados se están alojando en los dos campamentos oficiales, lo que dificultará la capacidad de los refugiados previamente intalados y la infraestructura existente. Se espera que el suministro de agua se acabe en el campamento de Nayapara a finales de marzo y hay temores de brotes de enfermedades como resultado de la sobrepoblación y el deficiente saneamiento.

Muchos más recién llegados están viviendo en alojamientos improvisados o nuevos alojamientos que han brotado espontáneamente.

En el distrito de Ukhiya, un alojamiento llamado Balukhali ha surgido en los últimos dos meses y ahora alberga a 1.600 familias, según un político local que les brinda ayuda. Situada más allá de algunos campos de arroz, es una mezcla de albergues y letrinas frágiles hechas con finas láminas de plástico, hojas secas, ramas de árboles y bambú. Estas estructuras podrían constituir peligros para la seguridad y la salud, a menos que se lleve a cabo una planificación adecuada para el asentamiento.

“Esperamos que todos los Rohingya en Bangladesh puedan obtener documentación para garantizar el pleno respeto de sus derechos”.

Miriam*, de 65 años, acaba de mudarse a Balukhali con la familia de su hijo. “Vivimos en un pueblo local por más de dos meses, pero el líder dijo que sólo podemos recibir ayuda si vamos a un campamento”, dijo mientras su hijo limpiaba un terreno para construir un albergue. “No tenemos a dónde ir, tendremos que quedarnos aquí”.

El Gobierno de Bangladesh ha anunciado que extenderá un censo que se realizó en 2016 de los Rohingya indocumentados que viven fuera de los dos campamentos para incluir a los recién llegados.

“A largo plazo, esperamos que todos los Rohingya en Bangladesh puedan obtener documentación para garantizar el pleno respeto de sus derechos”, dijo Kubo, del ACNUR. “Conocer el perfil de esta población también nos ayudará a identificar soluciones a largo plazo para ellos”.

A pesar de su estado traumatizado, Sohel es claro sobre una cosa: “Aquí estoy viviendo en la casa de otra persona y me preocupo por el futuro. Si nos dan un estatus en Myanmar, sin duda volveremos”.

* Los nombres fueron cambiados por razones de protección.

Por Vivian Tan