Tamaño del texto A A A

Estrellita, la voz que canta al son de las arepas

Todas las mañanas, Estrellita se toma un café con panela bien caliente.. “Así recuerdo a mi ciudad diariamente”, relata esta refugiada colombiana que hace más de un año llegó a Ecuador.

QUITO, Ecuador, 14 de noviembre de 2016 (ACNUR).-  Todas las mañanas, Estrellita amanece y se toma un café con panela bien caliente. “Así recuerdo a mi ciudad diariamente”, relata Blanca Estrella, refugiada colombiana, conocida en el ámbito artístico como Estrellita la Jefa del Vallenato, quien hace más de un año llegó a Ecuador junto a su familia con la ilusión de vivir días mejores.

Blanca recuerda con tristeza cómo su vida cambió de un momento a otro debido a la violencia entre los grupos armados en Armenia, la capital del Departamento de Quindío en el oeste de Colombia. “Éramos felices, producíamos y vendíamos café; nuestros vecinos eran los más contentos de despertar con ese olor que, como muchos nos decían, les aportaba la energía para emprender el día”, continúa Estrellita.

Como Estrellita, son muchas las familias que decidieron abandonar su país a causa de la violencia que les tocó vivir.  Ecuador es el país de América Latina que acoge a la mayor población refugiada de la región, y 95% lo constituyen personas de origen colombiano.

A su llegada al Ecuador, encontrar dónde vivir fue su mayor desafío. “Nos escuchaban el acento y no nos daban la oportunidad. Fue un largo camino hasta que encontramos a las  personas que nos extendieron la mano”, señala la artista, quien junto a su esposo recorría las calles de Quito vendiendo CDs con su música para tener un pequeño ingreso”.

Posteriormente, gracias al apoyo recibido por parte de ACNUR, la Agencia de la ONU para refugiados y de HIAS, organización global dedicada a la protección de los refugiados. Estrellita y su familia recibieron capacitación y un capital semilla con el cual creció su emprendimiento. “Montamos un carrito móvil para vender arepas de choclo y pudimos comprar nuestra primera refrigeradora”, comparte orgullosa. “Desde que empezamos a  montar el puesto yo canto para atraer a la clientela, las personas se acercan a escucharme y de pasito nos hacen el gasto”.

“La música siempre ha sido parte de mi vida. He recorrido varios países ofreciendo conciertos y he compartido el escenario con grandes artistas de mi país. Ahora en el Ecuador, muy pocas personas me reconocen, he tenido que volver a empezar”, explica esta mujer y añade: “muchas personas lloran de la emoción al escucharme cantar, sé que mi voz realmente toca sus corazones”.                                      

Gracias a este emprendimiento, Estrellita y su familia han logrado mejorar su economía, que se completa con presentaciones artísticas que ella realiza. En Colombia, Estrellita tenía una carrera consolidada, las rancheras, el vallenato y las baladas han sido siempre parte de su repertorio. Sin embargo ahora en Ecuador se ha reinventado y ha incursionado también en la música ecuatoriana. “Poco a poco las personas me van conociendo y mis contratos van aumentando”, manifiesta con alegría la joven refugiada.

“No hay que olvidar que las personas refugiadas que vienen al Ecuador tienen capacidad de crear y producir, convirtiéndose así en un aporte positivo para el país que los acoge. Ellos esperan tener un futuro mejor y en paz”, explica María Clara Martín, Representante del ACNUR en Ecuador, quien destaca el impacto positivo que pueden tener los apoyos económicos para que las familias refugiadas reconstruyan su vida. “Con los activos que reciben y los que trajeron, las familias deciden cuál es la mejor manera de encaminarse hacia la autosuficiencia. Y no sólo consiguen salir adelante, sino que además contribuyen al desarrollo del país que les da esta segunda oportunidad”. 

Para Estrellita, a pesar de las dificultades, su futuro está en Ecuador. “Extraño mi tierra, pero sin duda la tranquilidad que he conseguido aquí no la cambio por nada. No puedo dejar de ser grata con este país que me acogió a mí y a mi familia, y nos devolvió la oportunidad de seguir viviendo, luchando duro pero tranquilos”, reconoce, al tiempo que destaca la necesidad de paz de muchos como ella. “Espero que mi país tenga la paz que necesita, ya es hora de que podamos volver tranquilos a visitar a nuestra familias. La tierra de uno nunca se olvida,  sé que el camino es duro pero estoy segura que se podrá llegar  la paz tan anhelada por todos los colombianos”.

“Mi deseo es continuar cantando y que mi voz llegue a miles de personas. Que todos sepan que nosotros somos personas verracas, que llegamos a un nuevo país llenos de esperanza e ilusiones. Todo es posible conseguirlo con actitud positiva y buen ánimo“.

Por Andrea Escalante en Quito, Ecuador.