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Un grupo de jóvenes afro “marca territorio” en el pacífico colombiano

"La música para mi es todo, tocaba desde la edad de 8 anos. Soy un desplazado, la primera vez que tuve que desplazarme dormía sobre un albor y pues hice mucha vida de calle..."

 

En un barrio de Buenaventura, en el Pacífico colombiano un grupo de jóvenes afrodescendientes, mejor conocido como “Marcando territorio” quiere demostrar que la música no solo te ayuda a sentir sino que te ayuda a aprender y a entender mejor la realidad.

BUENAVENTURA, Colombia, 18 de mayo (ACNUR) - “El territorio es la vida y la vida no es posible sin el territorio” es la expresión que caracterizó el encuentro de jóvenes entre 14 y 25 años en el marco del Festival de Música Urbana Marcando Territorio, que fue lanzado por primera vez en Buenaventura, una ciudad con un alta tasa de desplazados internos, en el corazón del pacífico colombiano. “La música para mi es todo, tocaba desde la edad de 8 años... soy un desplazado, la primera vez que me desplacé dormí sobre un árbol y pues hice mucha vida de calle con una dieta a base de pan, agua y panela. A veces no hay oportunidades para los jóvenes de mi región, eso fue lo que me tocó hacer, no hay otra opción”, dijo Ángel, líder del grupo.

A través de la canción los jóvenes cuentan su realidad, una realidad basada en la sobrevivencia. Muchos de ellos tienen trabajos casuales como ayudante de buseta, zapatero, peluquero, pescador o trabajando en la construcción. No todos tuvieron la oportunidad de terminar los estudios por falta de dinero o por necesidad de trabajar para aportar una pequeña ayuda a la familia numerosa con quien comparten sus viviendas. “El conflicto armado ha desarticulado la estructura familiar y muy pocos cuentan con su padre o madre, siempre desde pequeños han sido acostumbrados a luchar para lograr algo, aunque sea una comida diaria”, dijo padre Adriel, quien trabaja en la comuna y se relaciona con los jóvenes del barrio Lleras de Buenaventura desde hace 5 años.

El festival que se realizó en diciembre de 2010 fue una oportunidad para que los jóvenes pudiesen dar a conocer la realidad que están viviendo. Este encuentro de dos días, donde participaron más de 300 jóvenes, buscaba visibilizar acciones para prevenir que los jóvenes se involucren en el conflicto armado y fortalecer la organización juvenil como una estrategia de defensa y permanencia en un territorio libre de violencia. Ubaldino, miembro del grupo de 28 años, tuvo que desplazarse en el 2006 por una masacre alrededor del río Cajambre, donde más de 100 personas huyeron hacia la zona urbana por la violencia. “La gente era amenazada, si no se sometían a la voluntad de los grupos armados ilegales su fin estaba escrito y entonces era mejor escapar y empezar desde cero y perder los cultivos que nos daban para comer. Mi madre se murió poco después del desplazamiento por un infarto porque sufrió mucho y su vida cambió en un golpe... fue duro”, reconoció Ubaldino.

Basura, barro, conchas de mangle, balastro y cemento, esos fueron los elementos usados para rellenar los terrenos sobre los que fue construido el barrio de Lleras hace más de 70 años en Buenaventura, a pesar de ser el puerto principal para las exportaciones en Colombia. Sus habitantes tenían la necesidad de construir un lugar que les permitiera vivir, alimentarse y continuar con sus labores tradicionales como la pesca y la extracción de madera.

Estas personas, en su mayoría habitantes de los ríos de la zona rural, se desplazaron hacia la zona urbana de Buenaventura por motivo de la violencia y la pobreza; debido al enfrentamiento entre grupos armados ilegales. Así empezaron a construir su territorio ganándole espacio al mar con tiempo y dedicación. Algunas calles de esta zona de bajamar solo estaban rellenadas hasta la mitad, pues la otra parte eran puentes que podían alcanzar hasta dos metros de alto. Jugar afuera se convertía para los niños en un riesgo por el temor de caerse del puente, por lo que debían jugar adentro de sus casas o pasar al otro lado de la calle que estaba rellenada.

El numeroso grupo que eligió llamarse como el mismo nombre del Festival “Marcando Territorio” grabó su primera canción en un pequeño estudio de 2 metros por 3, adyacente a la capilla Lleras, que el padre Adriel puso a disposición. Aunque sin recursos, los jóvenes han encontrado equipo casero para grabar, como cubrir las paredes de cajas de huevos para mantener bien el sonido y un viejo ordenador, que les permite construir sus pistas musicales. Jason, otro artista del grupo de 22 años, reconoce que “Marcando territorio es un grupo de jóvenes que ha pasado por hambre, violencia, de todo, pero a pesar de esto estamos aquí gracias a la música, unidos… la música es un medio para pasar mensajes a la gente y nuestro mensaje es que hay jóvenes que luchan por su tierra”.

Por el conflicto armado se han perdido espacios propios y vitales para los jóvenes, como la esquina, el parque, las canchas, el manglar. Por esto la participación de los jóvenes en la construcción de espacios de convivencia y proyectos de política pública en torno a la defensa del territorio y de los derechos étnicos de las comunidades se deben garantizar.

“Una consulta previa es importante porque somos parte de un grupo étnico que tiene unas características especiales, una cultura propia, compartimos una misma historia, tenemos nuestras tradiciones y conservamos nuestra identidad. La consulta debe garantizar el derecho a la libre participación y toma de decisiones para el desarrollo propio y comunitario y  de esta manera mejorar las condiciones de vida de quienes vivimos en nuestro territorio”, reconocieron en manera unánime todos los jóvenes artistas del grupo.

Francesca Fontanini, en Buenaventura, Colombia

Vea el video de la canción "Libertad", de Marcando Territorio, coproducido por ACNUR en Buenaventura: http://youtu.be/anTF4VE35ks