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Adolescente siria escapa de la violencia y gana una oportunidad para estudiar en Turquía

La aspirante ingeniera química Rowan Batal aprendió turco y ganó un lugar en la universidad en la provincia de Anatolia central de Konya.

ANKARA, Turquía, 21 de octubre de 2016 (ACNUR) - Los hombres armados que llamaron a la puerta dijeron que solo deseaban hablar sobre un problema. Rawan Batal, entonces de 16 años, abrió la puerta titubeando. Los hombres forzaron su entrada a la casa y, una vez dentro, se volvieron violentos.

La acusaron de robo. Su negativa los enfureció más y la golpearon en la cara. Exigieron US$1.000.

De contextura pequeña y de hablar suave, Rawan podría parecer frágil a primera vista. Sin embargo, se sentó con su espalda derecha y describió los momentos de terror con un tono de voz preciso.

Con la ayuda de su madre, reunió el dinero en efectivo y lo entregó. Vieron como los soldados se fueron. Convencidas que los hombres volverían, Rawan, su madre y dos hermanos menores escaparon de la casa en Aleppo.

“Abandonamos todo”, dijo Rawan. “No tuvimos tiempo para sacar nada. Solo teníamos las ropas que estábamos usando”.

De este modo, el 20 de agosto de 2013, Rawan comenzó su vida de refugiada. Su padre y su hermano mayor habían eludido ser reclutados y ya se encontraban en fuga en una región cercana. Reunidos, la familia caminó por varios días, cruzando al sudeste de Turquía. Ahora viven en la ciudad de Konya en la región de la estepa de Anatolia.

Rawan, deseosa de volver a una sensación de normalidad, inmediatamente quiso regresar a estudiar. Era buena para las matemáticas y las clases de ciencias. Desde pequeña, había deseado ser ingeniera química. Echaba de menos a sus amigos pero no hablaba ni turco ni inglés. No había colegios de habla árabe en Konya.

Sin embargo, Rawan se negó a ser derrotada. Encontró libros en línea que seguían el programa escolar sirio y estudió por si misma durante horas todos los días.

“Muchas personas me dijeron que no podría lograrlo trabajando por mi cuenta. Pero yo quería estudiar, y lo hice por mí misma”.

Durante los casi últimos cinco años, enormes cantidades de refugiados sirios, escapando de la guerra, han llegado a Turquía: más de 2,7 millones, de acuerdo a las autoridades turcas. Naturalmente, esto afectó el panorama educacional.

En 2014, Rawan viajó a la capital turca, Ankara, donde tomó y aprobó sus exámenes finales de enseñanza media. El gobierno turco condona los pagos de matrícula para los refugiados sirios que postulan a las universidades estatales, pero solo el 2,2 por ciento de los jóvenes sirios se han inscrito hasta el momento.

Rawan (sentada) se encontraba entre un pequeño grupo de becados DAFI que se reunieron con el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi, en la capital turca Ankara en agosto de 2016. © ACNUR/ Ali Unal

Muchos refugiados necesitan trabajar para ayudar económicamente a sus familias y, como para muchos otros refugiados, el desafío más grande de Rawan fue también el idioma. Necesitaba aprender turco y pasar un examen de dominio de esta lengua. Ella regresó a la red.

“Sin saber turco, es difícil estudiar e incluso es más difícil encontrar trabajo”, ella expresó. “Desde el comienzo, he estudiado sola. Muchas personas me dijeron que no podría lograrlo por mi cuenta. Pero yo quería estudiar, y verdaderamente lo hice por mí misma”.

Encontró material didáctico en línea y comenzó a estudiar el idioma turco además de ingeniería química. Su hermano, que debió abandonar los estudios para trabajar, no creyó que pudiera tener éxito. Sin embargo, está claro su amor por su estudio.

“La comida, la medicina, la industria: todo comienza con la química”.

“En la vida todo está relacionado con la química”, dijo ella. “La comida, la medicina, la industria: todo comienza con la química”.

En 2015, ella postuló y recibió una beca de ACNUR para asistir a un programa intensivo de un año del idioma turco acreditado por el TOMER turco, que es reconocido en todo el país.

Este programa es implementado por la Presidencia para los Turcos en el Extranjero y Comunidades Relacionadas (YTB) y ayuda a los graduados de enseñanza media a cumplir con los requisitos de dominio del idioma para ingresar a las universidades turcas. El turco de Rawan ahora fluye con soltura. Ella lo ha usado para trabajar de voluntaria, traducir para los refugiados sirios en los hospitales y en centros de inscripción.

Rawan luego postuló a la Universidad Selcuk de Konya. Sin embargo, sus amigos continuaban dudosos. Su padre, un ingeniero electrónico que tenía su propio negocio en Siria pero que ahora trabaja en una fábrica, no creyó que entraría. Sin embargo, ello lo logró.

“Mi padre estaba tan feliz”, ella señaló. “Fue a trabajar y presumió de mí contándole a todos ‘¡mi hija va a estudiar ingeniería química!’”.

Un informe publicado por ACNUR el mes pasado destacó una crisis en la educación de los refugiados, en la cual más de la mitad de los seis millones de niños en edad escolar bajo su directiva no tienen ningún colegio al cual asistir.

Han pasado actualmente tres años desde que los matones golpearon a Rawan. Ella tiene ahora 19 años. Es una de los 6.598 jóvenes que postularon en 2016 a la Iniciativa Académica Alemana para Refugiados Albert Einstein (DAFI por sus siglas en inglés), una beca con fondos alemanes e implementada por ACNUR. Rawan ha sido entrevistada pero la competencia es dura.

En 2015, se recibieron 5.800 postulantes sirios. La beca proporciona tuición y un estipendio mensual. Debido a la enorme necesidad e interés de los refugiados sirios en acceder a programas educativos de educación superior en Turquía, la DAFI brindó 820 cupos de becas este año en Turquía. Rawan no tiene miedo del camino que le espera.

“Deseaba esto con todo mi corazón”, ella comentó. “Me propuse hacerlo”.

Por Donatella Lorch.

Gracias a la Voluntaria en Línea María Soledad Conroy por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.