Tamaño del texto A A A

Adolescente sursudanesa sueña con tomar los cielos

Nyahok Reath tiene su corazón puesto en convertirse en piloto y está determinada a completar su educación y alcanzar su ambición.

CAMPAMENTO DE REFUGIADOS KULE, Etiopía, 13 de septiembre de 2017 (ACNUR) – Nyahok Reath era una estudiante estrella en su escuela primaria en el Alto Nilo, Sudán del Sur y estaba decidida a ser piloto. Sin embargo, la educación secundaria y sus ambiciones de vida continúan lejos de su alcance.

Antes de que ella y su familia huyeran de su hogar en la ciudad de Nasser, Nyahok veía, cautivada, como las naves de las Naciones Unidas que llevaban suplementos de ayuda volaban hacia y desde el aeropuerto cercano.

“Mi sueño siempre ha sido ser piloto”, dice ella. “Cuando estaba joven, veía muchos aviones volar alrededor de Nasser. Veía a los pilotos bajarse de los aviones con sus elegantes uniformes. Quiero ver todos los países”.

Ahora la joven de 16 años vive en el campamento de refugiados Kule en Gambela, Etiopía. Ella sabe que la educación secundaria es la única forma en la que sus sueños se harán realidad. Sin embargo, en la región solo se encuentra educación secundaria hasta el primer año. Después de eso, casi ningún adolescente tiene un salón de clases al que asistir. La región es una de las menos desarrolladas y remotas en Etiopía y continúan llegando más refugiados.

Para Nyahok, la esperanza llegó por un corto periodo de tiempo cuando su tío, que vive en Kenia, se ofreció a pagar el costo de la matrícula para que asistiera a la escuela secundaria. Con el apoyo de sus padres, ella dejó el campamento para continuar con sus estudios.

Después de seis meses, su tío se quedó sin dinero. “Pronto se volvió difícil para él y ya no pudo pagar más por los costos de la matrícula”, dice ella, mirando sus pies mientras se sienta en su cama, hablando con su padre, Reath Kun.

El conflicto en Sudán del Sur ha creado la población refugiada de más rápido crecimiento en el mundo. De los más de 1,8 millones de refugiados sursudaneses que han huido, el 62 por ciento son menores de 18 años. Hay casi 340.000 refugiados sursudaneses en Etiopía, que está clasificado como uno de los países menos desarrollados del mundo y que se encuentra en una lucha para educar a su propia población.

“Estoy muy orgulloso de ella, por sus logros y su impulso”.

El Gobierno etíope ha dicho que mejorará el acceso a la educación en todos los niveles, tanto para los refugiados como para sus nacionales, pero continúa enfrentando obstáculos significativos. En Etiopía únicamente el 9 por ciento de los niños refugiados en edad de educación secundaria tiene un lugar en un salón de clase, muy por debajo del 23 por ciento de los refugiados a nivel mundial, y aún más por debajo del 84 por ciento de sus pares no refugiados.

Eso significa que los jóvenes como Nyahok se quedan sin oportunidades, sin importar qué tanto se comprometan con sus estudios durante la primaria.

“Yo no tuve la oportunidad de ir a la escuela”, dice su padre. “Yo vivía en un área remota en Nasser y allí no había escuelas. Nyahok, yo quiero que ella vaya a la escuela. Me siento muy orgulloso de ella, por sus logros en la escuela y su impulso”.

Berhanu Geneti, oficial de educación del ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, en Gambela, dice que los niños y adolescentes refugiados están “entusiasmados por hacer algo con sus vidas”. Sin embargo, las limitaciones de fondos significan escasez de clases, libros de texto y maestros.

Debido a que Nyahok no pudo terminar el año escolar pasado, ella ahora empezará el octavo grado. A pesar del atraso, ella continúa con su mirada en los cielos. “Me entristecería mucho que mi sueño de convertirme en piloto no se volviera realidad”.

Eso le permitiría explorar el mundo y cuidar a su familia. Ella también quiere abrir el camino para las niñas refugiadas sursudanesas como ella misma. “Quiero ser defensora y modelo a seguir para ellas”.

Por ahora ella dice: “Solo puedo pensar en mi educación, en terminar la escuela. Me iría de nuevo si tuviera, para lograr conseguir mi educación”. 

Por Diana Diaz