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Aferrándose a sus sueños

Cuando María tenía seis años, su hermana mayor Isabel, desapareció.

“Debes haber oído de los pandilleros”, dijo ella. “Estamos seguros de que ellos desaparecieron a mi hermana”.

María y su familia, un hermano y seis hermanas, viven en San Salvador, capital de El Salvador, que es la capital de los asesinatos de mujeres en el mundo. Los grupos de crimen organizado, mejor conocidos como pandilleros o maras, han convertido esta parte de Centroamérica en uno de los lugares más violentos y peligrosos en el mundo. Las mujeres menores de 24 años que viven en las áreas urbanas son las víctimas más comunes, una descripción en la que Isabel encajaba perfectamente… así como sus otras seis hermanas.

María suena sus nudillos cuando habla de la desaparición de Isabel. Han pasado ocho años, y María ahora tiene 14 años, pero habla y se comporta como alguien que ha madurado demasiado rápido.

Su madre estaba embarazada de su hermana menor, Melody, cuando Isabel desapareció. “Mi mamá estaba tan devastada por Isabel que Melody nació prematura. Ella pasó sus primeros dos meses de vida en una incubadora. Ella tenía el tamaño de un ave, y temíamos que muriera. Mamá nunca se rindió con Isabel, la buscó durante tres años. Pero todos sabíamos que nunca volvería”.

Las mujeres no eran las únicas en peligro. Las pandillas empezaron a acosar al hermano de María, Michael, cuando tenía solo 13 años. Ellos querían que él se les uniera mientras aterrorizaban la ciudad con extorsiones, secuestros, agresiones sexuales y asesinatos. Él se negó, pero ellos no tomarían un no como respuesta. Ellos intentaron agredirlo para que él accediera a unírseles, pero aun así él se negó. Cuando se hizo evidente que pronto lo asesinarían, Michael huyó a México.

Pero eso no le simplificó la vida a María. “En la escuela me empezaron a acosar los matones y los pandilleros desde muy joven. Creo que es porque siempre he sido algo extraña. Me encantaba estudiar y tenía una pasión por el anime. ¿Si sabes qué es el anime? Las animaciones japonesas. Al principio pensé que estaba haciendo algo malo que los irritaba, pero ahora entiendo que cualquier excusa era buena para atormentar a una niña en la escuela. Ese lugar no era seguro”.

María tuvo que abandonar sus estudios en el sexto grado por el constante temor de las amenazas de las pandillas. Ella no quería terminar como su hermana. Así que se quedó en casa, y se fue quedando rezagada con sus estudios. Ella ayudaba a cuidar a sus hermanas menores y practicaba sus dibujos, siempre soñando con una vida mejor, donde no tendrían que temer.

Pero el temor pronto se volvió insoportable. Los padres de María decidieron abandonar el país con sus hijos. Una de sus hijas vivía en México, así como su hijo Michael, el plan era unirse a ellos. Ellos intentaron reunir a toda la familia para viajar a salvo, pero dos de sus hijas no pudieron ir con ellos. Con pesar en sus corazones, empacaron unas pocas posesiones que podían llevar con ellos. Para María, sus posesiones más importantes eran su libro de dibujos y algunos lápices. La asediada familia llegó a la ciudad fronteriza de Tucumán, México, en las primeras horas del día siguiente.

Ellos pasaron la noche amontonados en una pequeña habitación, hambrientos y exhaustos.

“Realmente no pude dormir esa noche”, dijo María. “Mis hermanas no podían venir con nosotras y yo temía que algo les pasara a ellas. Me dolía el estómago por el hambre y el piso estaba muy duro para poder dormirme. Mi cuerpo estaba exhausto, pero mi cabeza estaba completamente despierta. No sabía dónde estaba, pero eventualmente dormí un poco porque mi madre me dijo que todo estaría bien”.

La mañana siguiente  presentaron su solicitud de asilo en la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR). A ellos les dijeron que ACNUR les ayudaría, lo que significó un alivio para la familia asustada y agotada.

Mientras esperan a que su solicitud sea procesada, María está visitando a un psicólogo financiado por el ACNUR para que le ayude a lidiar con todo lo que le ha sucedido, desde perder a su hermana hasta lidiar con el constante temor de tener que dejar atrás todo lo que conocía y amaba en El Salvador. Ella también está tomando algunas clases para ponerse al día y poder estar lista para volver a la escuela.

María también pasa gran parte de su tiempo en un centro diurno para niños migrantes y refugiados financiado por el ACNUR, un lugar donde puede estar a salvo, disfrutar comidas calientes, asistir a clases y jugar con otros niños que se encuentran en una situación similar y que simplemente esperan ser niños de nuevo.

María tiene grandes planes para el futuro, a pesar de que le preocupa comenzar la secundaria, ya que ella dejó sus estudios en el sexto grado. Aun así, ella enfrenta el futuro con confianza ahora que se encuentra a salvo. Ella saca su libro de notas y sonríe.

“¿Conoces la técnica de los tres pasos para un buen dibujo? Es simple, todos pueden aprenderla. Necesitas tres cosas: un lápiz, un rotulador y un lapicero normal. Eliges el objeto y primero usas el lápiz, después le das color y finalmente usas el lapicero para los detalles. Desafortunadamente no tengo mis propios colores aquí, pero puedo mostrarte un pequeño bosquejo”.

El lápiz de María baila sobre la hoja mientras dibuja un Squirrtel, un personaje Pokemón del clásico juego. Después empieza a escribir una lista con sus sueños para el futuro. Su primera meta es estudiar diseño gráfico y terminar la escuela secundaria. Después irá a la universidad y será arquitecta. Finalmente, a ella le encantaría mudarse a Japón, donde planea construir su propio acuario y coleccionar cangrejos azules.

María empaca su dibujo y su lista en su bolso. Por ahora, ella necesita concentrarse en la escuela y ser paciente mientras esperan la aprobación de su solicitud. Después podrá comenzar su nueva vida.

*Los nombres fueron cambiados por razones de protección.