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Apátridas Makonde en Kenia finalmente obtendrán sus documentos de identidad

Ellos llegaron desde Mozambique como trabajadores agrícolas en la década de 1930, pero hasta ahora sus descendientes obtendrán los documentos de identidad que necesitan para trabajar, votar y estudiar.

NAIROBI, Kenia, 27 de octubre de 2016 (ACNUR) – A Amina Kassim le gustaría registrarse para votar en las próximas elecciones en Kenia, país en el que nació y en el cual ha vivido toda su vida, pero no puede hacerlo.

Al ser descendiente de un grupo étnico del sureste de Tanzania y el norte de Mozambique, que vino a trabajar en los campos de cultivos en la década de 1930, ella no tiene nacionalidad. Eso significa que no tiene un documento de identidad de Kenia que le permita ser elegible para muchas cosas, entre ellas votar.

“Cuando reciba un documento de identidad, me gustaría votar como cualquier otro keniano, esa sería mi alegría”, dijo Amina.

Ella es una de los cerca de 6.000 Makondes, cuyos padres y abuelos llegaron a Kenia desde 1936 como trabajadores agrícolas en los campos de sisal y caña de azúcar en la costa este africana. La mayoría nunca regresó a su hogar.

“Ellos dicen “tú no eres de Kenia”, y sin embargo, yo nací aquí, crecí aquí, estudié aquí, todo lo que he hecho, ha sido en este país”.

A pesar de que ellos se asentaron y formaron familias, desde hace mucho tiempo sus descendientes han sido inelegibles para obtener la ciudadanía, negándoles el acceso a una serie de servicios vitales que la mayoría de kenianos toma por sentados, incluyendo atención médica básica y educación superior. Sin sus documentos de identidad puede ser problemático registrarse para servicios financieros, obtener préstamos, o inclusive obtener una tarjeta de teléfono móvil.

En Kenia, los Makonde y sus descendientes no pueden casarse de forma legal, ni siquiera adquirir documentos de registro, como certificados de nacimiento. Aquellos que aplican para la naturalización encuentran que no pueden obtener los documentos necesarios para sustentar sus solicitudes.

“Es muy difícil obtener una identificación porque cuando vas a una investigación de antecedentes te dicen “tú no eres de Kenia”, y sin embargo, yo nací aquí, crecí aquí, estudié aquí, todo lo que he hecho, ha sido en este país”, dijo Costa, joven Makonde que ha pasado casi seis años intentando obtener un certificado de nacimiento, sin poder lograrlo.

A nivel mundial, hay al menos 10 millones de personas en la misma situación de Amina y Costa. ACNUR está ayudándoles a obtener la ciudadanía. La Agencia de la ONU para los Refugiados trabaja con los gobiernos de todo el mundo para identificar, prevenir y resolver las situaciones de apatridia.

Para lograr un avance en esta meta, ACNUR lanzó un esfuerzo mundial hace dos años para acabar con los casos de apatridia en un periodo de diez años. La Campaña #IBelong se conmemora de forma anual, y con esta Campaña, los países que trabajan en temas de apatridia, pueden monitorear sus logros.

Al marcar este año su segundo aniversario, el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi, renovó su llamado a un esfuerzo internacional coordinado para terminar con este fenómeno. No tener nacionalidad a menudo se compara con ser “invisible”, una situación que es particularmente difícil para los niños, dijo Grandi.

“Para los niños y jóvenes apátridas, ser “invisible” puede significar perder oportunidades de educación, ser marginados en los patios de recreo, ser ignorados por quienes brindan atención médica, ser ignorados en oportunidades laborales, y ser silenciados si se cuestiona el status quo”, dijo Grandi, haciendo especial énfasis en que: “Todos los niños deben tener una nacionalidad. Todos los niños deben pertenecer”.

Afortunadamente para los Makonde, una resolución para su situación de décadas de duración está en camino. A través del Comité de la Asamblea Legal y de Justicia del Condado de Kwale, exitosamente lograron el año anterior, pedirle al Presidente keniano, Uhuru Kenyatta, revisar sus casos. En respuesta, él hizo un llamado a formar un equipo de trabajo para revisar el tema de la apatridia en el país.

“Para los niños y jóvenes apátridas, ser “invisible” puede significar perder oportunidades de educación, ser marginados”.

El equipo de trabajo multi agencial, el cual incluye a la Dirección de Migración y Registro de Personas, la Oficina Nacional de Registro, la Oficina Nacional Keniana de Estadísticas, el Departamento de Asuntos de Refugiados y el Servicio Nacional de Inteligencia, inició con la recolección de datos e información sobre los casos de Makondes y otros grupos apátridas en Kenia. Un informe con recomendaciones fue completado en noviembre.

Las recomendaciones formaron la base del esfuerzo para registrar y naturalizar a los Makonde, así como a miembros de las comunidades Pemba y Rundi, los descendientes de trabajadores agrícolas de Ruanda, muchos de los cuales también son apátridas.

Frustrados por los retrasos, este año los activistas Makonde buscaron el respaldo de la Comisión de Derechos Humanos de Kenia, y finalmente resolvieron realizar una marcha de cuatro días desde el Condado de Kwale hasta la Sede del Gobierno Estatal en Nairobi, para reunirse con el Presidente Kenyatta. En una reunión con el Presidente, el presidente del grupo, Thomas Nguli expresó los sentimientos del grupo.

“Hemos venido aquí porque queremos nuestros documentos de identidad, sin ellos no podemos hacer nada en este país”, dijo él.

Determinado a resolver sus casos, Kenyatta emitió una directiva para su naturalización y registro como ciudadanos de Kenia para diciembre de 2016.

“Me disculpo por el largo tiempo que tomó hacerles justicia como ciudadanos kenianos”, dijo Kenyatta. “Hoy es el último día que ustedes serán llamados visitantes”.

Para Lucas, un Makonde que no tiene un trabajo remunerado, pero que cultiva para alimentar a su familia, esta noticia es muy bienvenida: “Cuando el Gobierno nos dé nuestros documentos de identidad, estaremos felices, porque tenemos niños, y tendremos la oportunidad de defenderlos”.