Tamaño del texto A A A

Apicultor sirio prueba las mieles del éxito con las abejas británicas

Empezando una nueva vida en el norte de Inglaterra, el refugiado Ryad Alsous se ha convertido en defensor de las especies autóctonas y transmite sus conocimientos de apicultura a otros.

ARMITAGE BRIDGE, Inglaterra, 06 de diciembre de 2017 (ACNUR) - Ryad Alsous al sol invernal en un huerto del norte de Inglaterra, sacude la cabeza sin dar crédito.

“¡Mírelas, todas trabajando!”, dice, mientras observa a sus abejas despegando y aterrizando en colmenas cuidadosamente alineadas tras los manzanos. “Nunca pensé que las abejas pudieran tener tanto éxito en este clima”.

Dada la usual intolerancia de las abejas a la humedad, Alsous está asombrado de la robustez de la abeja negra autóctona de Gran Bretaña, una pariente peluda de variedades procedentes de Alemania y de los países bálticos que se adaptó a las Islas Británicas hace mundo tiempo.

“Las abejas sirias no pueden salir ni bajo la más ligera de las lloviznas”, añade. “Con 15 grados, no hay actividad. Pero aquí, trabajan con normalidad a los 15 o incluso 13 grados  ?  ¡incluso bajo la lluvia!”

Alsous, de 64 años, que era profesor de agricultura en la Universidad de Damasco, llegó como refugiado al Reino Unido hace cuatro años. Abandonando sus investigaciones sobre agricultura y contaminación ambiental, huyó de Siria para salvar la vida después de que su familia recibiera amenazas de muerte y su coche fuera destruido por una bomba.

En julio de 2013, se reunió con su esposa en Huddersfield, la ciudad de West Yorkshire donde su hija Razan se había establecido. Razan que había llegado el año anterior, es una especie de celebridad en la ciudad y aparece en un programa de cocina de la televisión nacional, gracias al halloumi que produce su empresa, la Yorkshire Dama Cheese, y que ha ganado varios premios.

En Siria, Alsous había llegado a gestionar 500 colmenas cuyas colonias, derivadas de las variedades italiana y carniola, producían como mínimo, 10 toneladas de miel al año. Además de sus investigaciones en la universidad, dirigía una empresa que vendía cosméticos basados en plantas y miel.

Su pasión por las abejas fue una de las pocas cosas que se llevó consigo cuando dejó su país. Incluso su precioso ahumador de acero y caucho tuvo que ser transportado desde Siria por un amigo más tarde.

“Lo único que necesitaba para empezar era una colmena”.

En el Reino Unido, a Ryad le llevó un tiempo adaptarse a su nueva vida. Sabía algo de inglés, pero no tenía contacto con hablantes nativos. Y cada vez que solicitaba un empleo, se lo denegaban porque estaba demasiado cualificado.

Al final, se ofreció como voluntario a la Asociación de Apicultores de Huddersfield. Allí hizo amigos y estableció contactos, pero continuaba siendo un apicultor sin abejas.

“Lo único que necesitaba para comenzar era una colmena”, dice. Finalmente, publicó un anunció en Facebook, preguntando si alguien tenía una colmena para donar.

Tres semanas después, en septiembre de 2015, una mujer de Manchester respondió. Le ofrecía una colmena y, para alegría de Alsous, una colonia de abejas negras británicas, que hasta hace poco, se creía que estaban prácticamente extintas en Gran Bretaña.

“Esa primera colmena la he dividido siete veces”, dice Alsous, con orgullo, refiriéndose a un método utilizado por los apicultores para evitar la migración del enjambre, que es el momento en que las abejas abandonan la colmena controlada por el hombre para instalarse en la naturaleza. “Es como un tesoro”, dice. “Mi objetivo es cooperar con la comunidad para mejorar esta variedad de abejas”.

Alsous tiene ahora 17 colmenas, que construye con materiales reciclados.

Sorprendido al saber que el Reino Unido importa el 90% de sus necesidades de miel, según los datos facilitados por la industria, él cree que los campos de colza y los márgenes de brezo y lavanda de Gran Bretaña podrían mantener muchas más colmenas.

Fue solo cuando acudió a una cena mensual para refugiados y recién llegados a la región de Huddersfield que su idea empezó a tomar forma. Allí conoció a dos mujeres: Jean York y Jane Wood, que trabajan con refugiados en el distrito de Kirklees, que es miembro del movimiento de base de Gran Bretaña City of Sanctuary, que ayuda a los recién llegados a integrarse.

“Esto me abrió los ojos”, dice York, recordando su primera conversación con Alsous, cuando él apuntó la posibilidad de enseñar apicultura a los refugiados y a las personas que buscaban empleo.

“Si alguien pide ayuda, ¿por qué no dársela?”

Geof Hughes, un apicultor local que conoció a Alsous gracias a la Asociación Huddersfield, quedó igualmente impresionado. “Valoré muy positivamente la idea”, dice Hughes. “Quería ayudar”.

El año pasado, todos ellos y Alsous formaron un comité directivo y se pusieron a la tarea. Había nacido el Proyecto Zumbido.

Puesto en marcha con financiación local, el proyecto acaba de ofrecer su segundo taller quincenal a 12 voluntarios. Entre los asistentes había tres mujeres sirias, un refugiado congoleño con recuerdos de haber recolectado miel en la selva, y una estudiante nigeriana que ya estaba preguntando cómo obtener su primera reina.

Tras un encuentro fortuito con el alcalde de Huddersfield, Jim Dodds, el proyecto alzó el vuelo.

A Alsous le han ofrecido una base para el próximo verano en la cercana localidad de Standedge, donde instalará 10 colmenas y hará demostraciones de apicultura a los visitantes.

Hasta entonces, su colonia de abejas está dividida entre sus cuarteles de invierno, en un lugar templado de Armitage Bridge y un terreno con césped que le ha prestado un mecánico local.

“Si alguien pide ayuda, ¿por qué no dársela?”, dice Ted Mankowski, el propietario del huerto, que lleva 30 años viviendo en Inglaterra. “En Polonia, mi tío tenía abejas”.

Incluso en la seguridad del Reino Unido, Alsous no puede olvidar su patria, que tenía medio millón de colmenas antes de la guerra. Esas colonias, dice, están prácticamente destruidas. “Tengo la esperanza de volver algún día y ayudar en la reconstrucción. Es muy importante”.

 

Por Caroline Brothers

Gracias a la Voluntaria en Línea Esperanza Escalona Reyes por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.