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Brasil: En São Paulo, refugiados sirios comienzan a reconstruir sus vidas

Desde el año pasado, el CONARE ha recibido 90 solicitudes de asilo de ciudadanos sirios: 34 personas han sido reconocidas como refugiadas y se están analizando otros 56 casos.

SÃO PAULO, Brasil, 18 de octubre (ACNUR) – Próspero empresario en Homs, una de las ciudades más importantes de Siria, Nidal Hassan* ya había visitado Brasil por negocios. Con el agravamiento del conflicto entre fuerzas gubernamentales y grupos rebeldes en su país, que ya dura 19 meses, el empresario de 53 años se ha visto obligado a volver a Brasil pero con un objetivo distinto: tratar de reconstruir su vida con seguridad. Llegó a São Paulo hace cuatro meses con su esposa y sus tres hijos, donde solicitó asilo a las autoridades brasileñas.

 “No hemos ido a la escuela porque la situación en Siria se ha vuelto insostenible. Las ciudades están devastadas y las personas buscan restos de comida en las casas en ruinas”, comenta a ACNUR el empresario, recordando la situación en Homs, gravemente afectada por el conflicto. “Se interrumpió el suministro de agua y gas, lo que supone un problema con la llegada del invierno”, añadió Nidal, que tuvo que dejar tras de sí a su hija mayor, casada y con hijos.

La historia de Nidal resume la experiencia de los ciudadanos sirios que han solicitado asilo en Brasil desde el inicio de los enfrentamientos en su país natal, en marzo de 2011. Desde el año pasado, el Comité Nacional para Refugiados de Brasil (CONARE) ha recibido 90 solicitudes de asilo de ciudadanos sirios. Hasta el momento, 34 personas han sido reconocidas como refugiadas y se están analizando otros 56 casos: un número insignificante comparado con los cerca de 340.000 ciudadanos sirios que ACNUR ha registrado ya como refugiados en los países fronterizos con Siria (Turquía, Jordania, el Líbano e Iraq).

Además de São Paulo, los solicitantes de asilo procedentes de Siria que se encuentran en Brasil viven también en otros estados como Santa Catarina, Paraná, el Distrito Federal, Amazonas, Río de Janeiro y Río Grande del Norte. Con la documentación brasileña ya emitida por el Gobierno federal, cuentan con la solidaridad de conocidos y el apoyo de organizaciones de la sociedad civil y del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) para reorganizar su rutina familiar y profesional.

Aún traumatizados por la violencia generalizada en su país, los refugiados sirios que se encuentran en Brasil tienen ante sí el desafío de la integración, especialmente difícil para quien procede de una realidad cultural muy distinta de la sociedad brasileña. Entre las principales necesidades que Nidal y otros paisanos ya han identificado se encuentran la búsqueda de empleo y alojamiento, además del aprendizaje del idioma portugués.

Apoyo de la sociedad civil - En la metrópoli más grande de Brasil, los solicitantes de asilo procedentes de Siria (como los de cualquier otra nacionalidad) son asistidos por el Centro de Acogida para Refugiados de Cáritas Arquidiocesana de São Paulo (CASP), un proyecto ejecutado en colaboración con ACNUR.

Los funcionarios de CASP prestan asistencia legal en relación con los trámites relativos a las solicitudes de asilo, ayudan en la obtención de documentos, como la tarjeta de identidad fiscal y la cartera laboral, y prestan asistencia social a las personas más vulnerables.

A través de la colaboración con instituciones públicas y del sector privado, CASP encamina a los solicitantes hacia albergues temporales, los orienta sobre los servicios disponibles en los sistemas públicos de salud y educación, facilita la inscripción en cursos gratuitos de portugués y consigue plazas en cursos de formación profesional, todo ello con objeto de acelerar la inserción de los refugiados y los solicitantes de asilo en el mercado laboral brasileño.

“Entre enero y septiembre de este año, Cáritas ha atendido a 78 solicitantes de asilo sirios. En el mes de agosto llegaron 17 personas de dos familias distintas en un solo día”, comenta Marcelo Monge, director de CASP. Según él, los dos grupos fueron derivados a albergues vinculados a la Iglesia Católica.

Entre los solicitantes de asilo beneficiarios de las clases de portugués gratuitas, que se ofrecen a través de un convenio entre CASP y el Servicio Social del Comercio en São Paulo (SESC-SP), se encuentra el ciudadano sirio Ali Humsi*, quien llegó a Brasil hace cinco meses. “Es muy molesto depender de otras personas para comunicarse. Sin dominar el idioma no tenemos autonomía y no conseguimos un puesto de trabajo para mantener a nuestras familias”, comenta Humsi, que en Siria era agente comercial. Al igual que todos los solicitantes de asilo que llegan a Brasil, los ciudadanos sirios disponen de documentos nacionales provisionales (como documento de identidad, tarjeta de identidad fiscal o cartera laboral) y pueden utilizar los servicios públicos disponibles para los brasileños, como el Sistema Único de Salud (SUS) y el sistema educativo. Los casos considerados más vulnerables pueden recibir además recursos financieros temporales y de emergencia, donados a ACNUR por la comunidad internacional y que éste transmite a sus socios en Brasil.

Una vez que su condición de refugiados es reconocida por el CONARE, sus documentos pasan a ser definitivos. El apoyo financiero tiende a reducirse con el paso de tiempo, ya que estos recursos deben destinarse a los nuevos solicitantes que llegan al país.

Compatriotas - El apoyo de la comunidad Siria que vive en São Paulo es especialmente importante en este momento inicial de adaptación de los solicitantes de asilo a su nueva realidad. Un buen ejemplo es un grupo activo que trabaja por la movilización de recursos para los refugiados sirios que llegan a la ciudad, y que empezó a través de una página de Facebook para compartir noticias sobre Siria.

Liderado por el comerciante sirio Amer Masarani, el grupo “Coordinación de la Revolución Siria en Brasil” ayuda en la actualidad a cerca de 30 personas a pagar el alquiler de pequeños alojamientos y a conseguir trabajo. “Actuamos principalmente para implicar a los comerciantes árabes del centro de São Paulo en la acogida de estos refugiados, bien por medio de donaciones u ofreciendo puestos de trabajo”, comenta Masarani, que lleva ya 15 años viviendo en Brasil. A causa del conflicto en su país, su madre y sus dos hermanas solicitaron asilo en Brasil a finales del año pasado.

© ACNUR/ K.FusaroOtra institución de origen sirio que apoya la integración de estos refugiados en São Paulo es la Iglesia Ortodoxa Siria de Santa María. En estrecho contacto con CASP desde que se inició el conflicto, el padre Gabriel Dahho, que es sirio, acompaña como intérprete a los solicitantes de asilo en sus entrevistas ante la Policía Federal: una de las primeras etapas del proceso de reconocimiento de la condición de refugiado por parte del Gobierno brasileño.

El Padre Gabriel también se pone de acuerdo con amigos comerciantes y con la pequeña comunidad de su iglesia (que cuenta con cerca de cien fieles) para organizar donaciones en efectivo, clases de portugués y conseguir puestos de trabajo para los refugiados. El propio Padre tiene familiares de Homs refugiados en Alemania. Para el representante de ACNUR en Brasil, Andrés Ramírez, el papel de la población siria establecida en Brasil resulta de vital importancia. “Se calcula que cerca de cinco millones de brasileños tienen ascendencia siria, y muchos de ellos están organizados en diversas asociaciones que ayudan de un modo u otro a los recién llegados”, dice Ramírez, al tiempo que recuerda que la migración siria hacia Brasil se produjo entre finales del siglo XIX y principios del siglo pasado. “Creemos que el número de ciudadanos sirios que llega a Brasil como consecuencia del conflicto en su país es mucho mayor, ya que solo una minoría está solicitando asilo”, afirmó.

“ACNUR considera que la gran mayoría de los sirios que están abandonando el país en las circunstancias actuales precisan de protección internacional”, añade Ramírez.

De acuerdo con un documento técnico hecho público por ACNUR en junio de este año, para toda la comunidad internacional, la protección de los ciudadanos que huyen de Siria debe implicar “el respeto de la dignidad humana” y garantizar “normas humanitarias mínimas” tales como el acceso al territorio, la seguridad, la no devolución al país de origen y la satisfacción de las necesidades básicas de alojamiento, salud, alimentación, atención médica, educación y documentación, además del respeto de la unidad familiar y de los principios de no discriminación y libre circulación.

En São Paulo, las redes de apoyo de la comunidad siria y el trabajo de ACNUR y sus socios han servido de ayuda a los ciudadanos sirios que buscaban protección en Brasil. Con diferentes perspectivas y proyectos, estos refugiados comparten un mismo deseo: volver a Siria con sus familias una vez que cese la violencia.

*Nombres ficticios por razones de protección.

Por Karin Fusaro, de São Paulo

Gracias al voluntario de UNV Online Jaime Guitart Vilches por el apoyo ofrecido con la traducción del portugués de este texto.