Tamaño del texto A A A

El ACNUR se prepara para un nuevo éxodo de Mosul a medida que los combates se mueven hacia el oeste de la ciudad

Los desplazados iraquíes temen por sus parientes que quedaron atrapados en el oeste de la ciudad, mientras el ACNUR se prepara para el desplazamiento de hasta 250.000 personas.

HASANSHAM, Irak, 21 de febrero de 2017 (ACNUR) – Cuando la familia de Ahmad* se enteró ayer de  que el Gobierno había lanzado una operación militar centrándose en el oeste de Mosul, donde ellos quedaron atrapados bajo el mandato de grupos rebeldes, arriesgaron sus vidas al trepar a uno de los techos para obtener conexión celular para llamarlo.

“Mi familia está feliz por las ofensivas, pero también están muy preocupados”, dijo Ahmad, de 25 años, hablando desde el campamento administrado por el ACNUR, Hasansham, 40 kilómetros al este de Mosul, a donde él huyó el mes anterior. “Estarán en medio de los combates. No hay salida para ellos”.

Durante la llamada de ayer por la noche, sus parientes en el oeste le dijeron a Ahmad que miembros del grupo extremista que controla el oeste de Mosul caminaban por las calles con altoparlantes, urgiendo a los residentes para que salieran y lucharan con ellos.

“Ellos decían: si no salen para pelear con nosotros, violaremos a sus mujeres, mataremos a sus hombres y los humillaremos”, contó el. A quienes se les atrapa usando teléfonos móviles en las áreas controladas por los grupos extremistas pueden enfrentar castigos extremos, incluso la muerte.

“Mi familia…ellos estarán en medio de los combates. No hay salida para ellos”.

Se predice que hasta 250.000 personas podrían ser desplazadas por los combates por el control de la densamente poblada zona oeste de la ciudad. Casi 217.000 personas han huido de sus hogares desde el inicio de las ofensivas en Mosul el 17 de octubre, y cerca de 160.000 personas continúan desplazadas, mientras que el resto ha retornado a sus hogares en las zonas del este de Mosul que han sido liberadas recientemente.

ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, centra sus esfuerzos en la construcción de campamentos para hacerle frente a este nuevo éxodo. Actualmente tiene ocho campamentos abiertos o completos, otro en construcción y planes para empezar a trabajar en un nuevo sitio (Hamam Al Alil), al sur del este de Mosul.

“Con la predicción del éxodo de más de 250.000 personas, será imposible alojar a tantos en las tierras existentes. Hemos identificado otro terreno que podríamos usar como campamento una vez que cambie la línea de frente”, dijo Matthew Saltmarsh, portavoz del ACNUR, durante una conferencia de prensa en Ginebra. 

Familias iraquíes de Mosul bajo el sol de invierno en el campamento Hasansham U3 de ACNUR en Irak. © ACNUR / Caroline Gluck

Saltmarsh advirtió que las condiciones en la densamente poblada ciudad del oeste están empeorando, reportando escasez de alimentos, agua, combustible y medicinas. Él previno que las condiciones podrían deteriorarse aún más si los civiles “no pueden escapar de los combates”.

Ahmad, que solía administrar una pequeña tienda de té antes de huir de las brutalidades que presenció viviendo bajo el mandato de los grupos rebeldes, dijo que ganar la ofensiva sería solo un inicio.

“El tesoro que era Mosul se ha ido”, dijo. “Si Mosul se libera, y soy optimista de que será así, si la ciudad recibe el apoyo del gobierno, las cosas pueden mejorar. Espero que podamos volver y reconstruir. Como Moslawi, quiero construir mi ciudad de nuevo”.

Otra residente del campamento de Hasansham es Noor *, hace un mes ella huyó de su hogar en el barrio de Jadidah, al oeste de Mosul, con su esposo y cuatro hijos. Pagaron a traficantes para llevarlos por el río Tigris en barco, y se quedaron con familiares en el este de la ciudad durante 20 días antes de salir una vez más a pie para buscar seguridad.

“Estamos a salvo y eso es lo más importante. No sé qué pensar sobre el futuro”.

Noor, de 35 años, dijo que huyeron del oeste debido a la falta de comida, electricidad y combustible, así como por los constantes bombardeos aéreos. Ella está preocupada por el bienestar de sus parientes que se quedaron en el oeste de la ciudad cuando ella huyó.

“Hablé con ellos hace dos días. Me dijeron que las cosas son cada vez más caras. Una bolsa con 50 kilos de harina cuesta 150.000 dinares iraquíes ($217 dólares), cuando antes costaba 20.000 dinares ($17 dólares). Un kilo de cebollas solía costar 500 dinares ($0,40 dólares), pero ahora cuesta 17.000 dinares ($14 dólares)”, contó ella.

“Las personas empezaron a mendigar por comida y las familias están pasando hambre. Muy pocas personas pueden pagar esos precios. Ellos están saltándose comidas y comen tal vez una vez al día; a veces pan, a veces lentejas”, añadió Noor.

“Gracias a Dios estamos aquí; estamos a salvo y eso es lo más importante. No sé qué pensar sobre el futuro”, dijo ella. “Solo rezo por la paz, espero que este periodo tan doloroso acabe pronto. Hemos pasado por tantas cosas”.

*Los nombres fueron cambiados por razones de protección. 

Por Caroline Gluck