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Las personas mayores enfrentan dificultades en una aldea en Ucrania

Un grupo de adultos mayores que se quedó atrás, lucha para mantenerse caliente en el duro invierno, después de que el conflicto provocara el desplazamiento de los residentes jóvenes.

LUGANSK, Ucrania, 16 de febrero de 2017 (ACNUR) – La aldea de Lugansk, en las primeras líneas en el este de Ucrania, parece abandonada durante el día. Solo el humo que sale de algunas de las chimeneas es señal de que allí aún vive alguien. Solo algunas personas mayores que se enfrentan a los bombardeos y al severo frío, llaman a Lugansk su hogar.

Anna Tadyka de 68 años nos mostró la pequeña cocina donde ella pasó todo el invierno pasado. “Cuando se ponía muy frío, cerraba todas las puertas, ponía el colchón en el piso cerca de la estufa y me sentaba a llorar”, dijo ella.

Mientras que Ucrania entra en los meses más fríos en enero y febrero, y con las temperaturas cayendo a menudo por debajo de los 20 grados bajo cero, el apoyo de invierno para el este de Ucrania no es apropiado para ayudar a los residentes vulnerables a sobrellevar las condiciones causadas por el conflicto.

“Ahorré algo de dinero y compré carbón”, dijo Anna. “Duró un mes, pero era de muy mala calidad”, dijo mientras ponía un poco de carbón en la estufa, con la cara cubierta con una capa negra de carbón.

Anna no puede costear calefacción para cada habitación en su gran casa, donde vive sola. El carbón para la temporada completa de invierno puede costar cerca de los $400 dólares. Su pensión anual es de menos de $600 dólares. Incluso si logra ahorrar algo de dinero para comprar más carbón, sería difícil que se lo entreguen en una aldea tan cercana a la línea de frente. El camino a Lugansk está dañado y es peligroso, y los distribuidores de carbón evitan la zona.

Debido a la falta de combustible y de dinero para pagarlo, desde el verano pasado los residentes empezaron a reunir leña en las afueras de la aldea.

“Debido a los combates y al estado de los caminos, ellos no tienen acceso a las cosas básicas para sobrevivir durante el invierno”.

Nadezhda Rudenok, de 66 años, dijo que cortaron árboles y pasaron el verano llevándolos a la aldea. Ella trajo una carretilla de leña. “Pensé que no iban a durar, pero después recibimos carbón como ayuda humanitaria”, dijo ella.

Recoger leña es sumamente peligroso, ya que a menudo oculta dispositivos sin explotar, los cuales podrían estallar si son alterados.

La residente Nina Zus llevó a casa algo de madera del campo. Ella lo puso en la estufa y cuando estaba preparando la cena, hubo una explosión que le hirió el brazo. Desde entonces, ella no usa leña como combustible.

A inicios de enero, Nina recibió carbón de la ONG Proliska, una ONG local socia del ACNUR. 200 residentes de Lugansk recibirán ayuda bajo este esquema.

Pablo Mateu, Representante del ACNUR en Ucrania dijo que estaban intentando llegar a las personas que no tienen dinero.

“Debido a los combates y al estado de los caminos, ellos no tienen acceso a las cosas básicas para sobrevivir durante el invierno”, dijo él. “Hay muchas comunidades con personas que pasan las noches en los sótanos o viviendo afuera en el frío”.

“Esencialmente, la nuestra es una calle de personas mayores. Después de los bombardeos, las personas jóvenes huyeron de la aldea”.

“Para las agencias humanitarias es difícil llegar a ellos por la dinámica del conflicto”, agregó él.

Desde los fuertes combates en Lugansk en diciembre, las personas temen quedar atrapadas en medio de los bombardeos cuando están afuera. Cuando el camión repartidor de carbón del ACNUR llegó a la aldea, los residentes, con edades entre los 50 y los 80 años, se ayudaron entre ellos para descargar los sacos de carbón rápidamente.

Halyna Samokhvalova, de 79 años, dijo que vivir sola le parecía un desafío. Su hija murió hace 13 años y no tiene parientes con los que pudiera mudarse fuera de la zona de conflicto. Ella depende de su vecino Victor, de 64 años.

“Esencialmente, la nuestra es una calle de personas mayores”, dijo Victor. “Después de los bombardeos, las personas jóvenes huyeron de la aldea”. Él es uno de los menores de la calle y ayuda a las personas mayores en el día a día.

“Cada mañana le pregunto a Halyna si necesita algo, y cómo se siente. Le puedo llevar algo de comida, como salchichas o pan”.

Victor cuenta que le ha ayudado dos veces a remplazar sus ventanas por los bombardeos. Las ventanas de su propia casa han sido dañadas muchas veces, pero él decidió taparlas con tablas.

“Las repararé cuando termine la guerra”, dijo él.

Por Inna Varenytsia