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Cientos de personas sufren en la frontera entre Serbia y Hungría

Cientos de personas que huyeron de la persecución en sus hogares ahora viven en terribles condiciones en el campamento improvisado cerca de Röszke, en la frontera entre Serbia y Hungría.

RÖSZKE, Hungría, 21 de julio de 2016 (ACNUR) -  Sayed Parwez Ahmadi se ve preocupado mientras pone otra ramita en la fogata frente a la tienda de su familia en el campamento improvisado cerca de Röszke, en la frontera entre Serbia y Hungría. Su esposa, su hermano y sus dos primos se acercan al fuego, ya que las tardes se vuelven más frías, y ya va a comenzar otra tormenta.

Los únicos miembros de la familia que no tienen preocupaciones son su hijo de cuatro años y su hija de cinco, que juegan alegremente en el lodo. Ambos están descalzos, a diferencia de Sayed, que señala desesperado a su entorno y a sí mismo. El fotógrafo afgano de 26 años es uno de los cientos de personas que huyen de la persecución en sus hogares, y que sufren como resultado de las condiciones inhumanas en el lugar de Röszke. Ellos esperan ser admitidos a una de las dos zonas de tránsito en Hungría para solicitar asilo.

“Los solicitantes de asilo están sufriendo y los estados deben actuar para que este sufrimiento termine”, dijo Montserrat Feixas, Representante Regional del ACNUR para Europa Central. Desde hace mucho tiempo, el ACNUR ha abogado en contra de las mallas fronterizas que no brindan ninguna solución para la crisis y sus problemas directos, mientras agravan la situación de los solicitantes de asilo.

“Los solicitantes de asilo están sufriendo y los estados deben actuar para que este sufrimiento termine”.

Esto es particularmente cierto para las nuevas regulaciones de Hungría, que amplió sus controles fronterizos a un área de ocho kilómetros dentro de su territorio. Las actuales normativas permiten a las autoridades a devolver a las personas que cruzan la frontera de manera irregular y que sean aprehendidas dentro de esta zona y hacia el lado serbio de la cerca. Como impacto inmediato de este nuevo régimen, que fue introducido el 5 de julio, el número de personas que esperan fuera de la zona de tránsito de Röszke se ha duplicado. Los tiempos de espera también han crecido.

Las condiciones de vida en el campamento improvisado son terribles. Cerca de 700 personas comparten un tubo de agua y diez inodoros portátiles que se limpian cada dos o tres días. Las personas cuelgan frazadas donadas de tres ramas para protegerse del clima, pero estas son de poca ayuda cuando llueve.

Las autoridades de Hungría admitirán cerca de 30 personas cada día, pero cientos de personas ya están en las fronteras, y llegarán más cada día. El ACNUR ha expresado en repetidas ocasiones su gran preocupación por la nueva legislación de Hungría, y por los reportes de que las autoridades están usando la fuerza para implementarla. “Los estados deben trabajar juntos para proteger a las personas, y abordar sus necesidades humanitarias”, concluyó Montserrat Feixas.

Sayed se siente más seguro ahora que su familia está en “la lista”, un registro de nombres que establece el orden en el cual las autoridades de Hungría los admitirán. ¿La posición de la familia de Sayed en la lista? Son los número 216.

Aunque es mucho, esta lista es una mejora con respecto al caos de los meses anteriores. Pero los largos tiempos de espera, favorecen a los traficantes de personas, que explotan la desesperación de las personas; y que mientras esta situación persiste, no temen quedarse sin su negocio.

“Casi todo el mundo lo intenta, aunque sea una vez”, dice Mateolla Khan, de 22 años, haciendo referencia a cruzar la frontera de forma irregular. Mateolla, un joven que era empleado del Gobierno de Afganistán, intentó cruzar la frontera cortando la cerca no menos de cuatro veces. En todos sus intentos fue atrapado y devuelto a Serbia, y las autoridades usaron gas pimienta para desalentarlo de nuevos intentos.

“El gas pimienta no es tan malo, he visto cosas peores, ya para este punto, estoy acostumbrado”, dijo con una agria risa, agregando que no ve sentido a más intentos. Él y su hermano están en los números 31 y 32 en la lista de hombres solteros. Considerando que las familias y las personas vulnerables son prioridad, es probable que tengan que esperar por lo menos 30 o 40 días más.

Musad, de 16 años, afirma que la policía usó gas pimienta con él, lo golpearon y le tiraron sus perros cuando lo encontraron cortando la cerca. Él está en la posición 86 de la lista de hombres solteros, y le queda una larga espera.

“Solo quiero que mis hijos puedan crecer en paz y con seguridad”.

Las personas en el campamento improvisado que esperan para entrar a Hungría están perplejos. “¿Por qué tengo que esperar tanto? Toda mi familia está en Suecia, yo solo me quedé más tiempo en Afganistán más tiempo para poder terminar mi primer semestre”, dijo Mustafa Hotaki de 22 años, que estudia ingeniería en sistemas en la Universidad de Kabul.

Desafortunadamente para él, durante esos meses, más y más barreras se han materializado en las fronteras de Europa, y ahora, reunirse con su familia ha sido muy difícil.

“Cualquier país de la Unión Europea donde pueda estar a salvo, funcionaría”, dijo Sayed Afsar Sadat, de 54 años, quien tiene la mano herida por un asalto aéreo cuando estaba joven.

“Yo era gerente bancario en Afganistán, tenía una casa y un auto. Ahora no soy nada”, dijo. Él y su familia han estado en la frontera por 15 días, y si la lista no les falla, tienen que esperar otros 18 días.

“Caminamos como 20 kilómetros en territorio de Hungría. La policía no nos lastimó, simplemente nos devolvieron a Serbia. Pero, ¿Qué se puede hacer? Solo quiero que mis hijos puedan crecer en paz y con seguridad”.

Por Zsolt Balla