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Colombia: De pequeños granos a soluciones efectivas

En el barrio Manuela Beltrán de Cúcuta, Colombia, el ACNUR apoya un proyecto de comedor escolar que beneficia diariamente a 150 niñas y niños.

CÚCUTA, Colombia, 12 de octubre (ACNUR) - “Soy de otro departamento, vine aquí a Cúcuta cuando era muy pequeño con toda mi familia. Todos los días vengo a almorzar a este comedor antes de irme a la escuela con otros compañeros y estoy muy feliz porque antes no podía comer todos los días”, cuenta Javier, uno de los 150 niños beneficiarios del proyecto de restaurante escolar que ACNUR ha apoyado en el barrio marginal Manuela Beltrán, en Cúcuta, Norte de Santander.

Con más de 50 mil personas desplazadas, Cúcuta es la ciudad que acoge el número más alto de desplazados en Norte de Santander. Además como ciudad fronteriza con Venezuela, es también un centro de recepción de personas provenientes de diferentes zonas del país. Los lugares a los que llegan son generalmente barrios de invasión en condiciones precarias y que no ofrecen respuesta a sus necesidades básicas ni acceso al ejercicio de sus derechos. Manuela Beltrán es uno de estos barrios de invasión caracterizado por desalojos masivos, problemas de seguridad, precariedad en el acceso y calidad de servicios básicos y por falta de condiciones adecuadas para la vivienda.

“ACNUR y Pastoral Social fueron los primeros actores humanitarios en entrar al Barrio Manuela Beltrán para formar a líderes desplazados, para capacitarlos y darles más conocimiento de sus derechos y de sus oportunidades para integrarse en un nuevo contexto social. Y trabajando en conjunto con la alcaldía de Cúcuta, el SENA y otras instituciones en el marco del comité de atención a población desplazada, ahora comité de justicia transicional, se evidenció la necesidad de un comedor para niños desplazados y niños de familias más vulnerables”, así explicó el proyecto Juan Gabriel Hernández, Presidente del comité del comedor.

Cada día, alrededor del medio día, niños y niñas hasta los 17 años de edad hacen fila frente al comedor. Algunos de ellos ya terminaron la jornada de la mañana en la escuela, mientras otros iniciarán por la tarde; todos felices por haber almorzado bien. “Me gusta mucho el arroz y la carne que como aquí, pero hacen muchas cosas más, la comida es variada”, dice Diana*, otra niña desplazada que llegó al barrio hace tan sólo unos meses. Los insumos alimenticios son proporcionados por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF)  a través de la Pastoral Social que es el operador de estos servicios; el Club Rotario puso a disposición los equipos y el ACNUR financió la infraestructura que fue asistida técnicamente por el SENA y la misma alcaldía de Cúcuta.

Este proyecto refleja las prioridades del Plan de Acción de 2011 que busca responder a los principales vacíos de protección identificados con las comunidades desplazadas y receptoras de los barrios Manuela Beltrán y Las Delicias. “Desde su implementación del proyecto ACNUR con la iglesia desde hace varios años se ha promovido el trabajo conjunto entre las instituciones, organizaciones, el sector privado y la misma población ha mejorado en algunos aspectos las condiciones de vida con relación a su situación inicial, al igual que se registró un aumento de la presencia de instituciones estatales en estas comunidades”, comentó Javier Orejarena Ramírez, jefe de la oficina del ACNUR en Cúcuta.

El restaurante escolar desempeña también un importante rol en la protección de los derechos de niños y niñas, en la medida en que es un incentivo más para asistir a la escuela y para tener una vida normal y digna en su nuevo barrio. Aunque no hay estadísticas oficiales que den cuenta de la realidad de la afectación que han tenido los niños, sobre todo los más vulnerables, con respecto a la vinculación al conflicto armado y otras afectaciones, los testimonios de las personas desplazadas indican que estas problemáticas son visibles tanto en áreas urbanas como en las zonas rurales.

El departamento de Norte de Santander presenta un aumento en las situaciones de violencia, que sumado al confinamiento y asesinatos selectivos, han generado un ambiente de temor propicio para el desplazamiento forzado, especialmente en la región del Catatumbo y en el área metropolitana de Cúcuta.

Una de las mayores preocupaciones del ACNUR y otros agentes humanitarios con presencia en la zona es mantener los espacios humanitarios en territorios con altos niveles de agudización del riesgo, de manera que se desarrollen respuestas en protección y prevención con la población civil.

Por Francesca Fontanini, en Cúcuta, Colombia

* Nombre cambiado por  razones de seguridad