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Colombia: Un Amor Milenario por la Pacha Mama

El ACNUR trabaja con los pueblos indígenas en zonas de frontera para fortalecer sus planes de vida y capacidad organizativa, preservar sus culturas y prevenir el desplazamiento.

CUMBAL, Colombia, 5 de diciembre (ACNUR) - En el campo, donde las montañas se alzan y esconden paisajes de todos los colores. Donde se descubren comunidades que trabajan sin descanso a cada kilómetro. Allí en ese campo nariñense habita el pueblo indígena binacional conocido como los “Pastos”: Pueblo de agricultores.

“Bienvenidos señores a este territorio, muchas gracias por habernos tenido en cuenta a nosotros que estamos aquí en la frontera como olvidados”, dice Rosamelia Aza, presidenta de la organización de mujeres mientras un grupo de periodistas se aproxima a conocer la historia de la comunidad.

Divididos en 4 resguardos en el municipio de Cumbal (departamento de Nariño en el cordón fronterizo con Ecuador), Gran Cumbal, Panan, Chiles y Mayasquer, los Pastos han sido una comunidad que históricamente han sido víctimas de abusos y desplazamientos forzados que hasta hace recientemente les han obligado a permanecer por fuera de su territorio. “La tierra es todo para nosotros, sin ella nuestro hijos y nietos no podrán subsistir”, comenta el Regidor del cabildo.

Desde la época de la conquista hasta hoy, el territorio comúnmente habitado por los Pastos es de gran atracción tanto para comerciantes como para grupos armados ilegales, precisamente por su cercanía a territorio ecuatoriano cuya línea divisoria es invisible ante el ojo humano. Por tal motivo, y luego de la devolución oficial del territorio a los Pastos en 1975 - por vías de hecho, y debido a que los Pastos tenían escrituras de posesión de tierras, los territorios fueron reclamados a los terratenientes para ser devueltos a los indígenas - la comunidad organizó “la Guardia Indígena”; grupo no armado de indígenas encargados de proteger pertenencias y sobre todo el ganado, de aquellos que durante la noche llegaban a quitárselas.

El 19 de septiembre de 2008, es una fecha que con tristeza y melancolía recuerdan los Pastos, el ejército “vino matando a nuestros compañeros de la guardia indígena”. Por motivos inciertos y no tan claros, compañeros Pastos de esta guardia no reconocida por el Estado y dedicados a proteger su tierra fueron asesinados. “Nos bajaron la moral, ese dolor nunca se ha de borrar”, afirma Rosamelia mientras recuerda el asesinato de su esposo en esa fecha.

Luego de este evento, los Pastos, impactados por este atroz hecho, perdieron su disposición para unirse. “Esa psicosis, quedamos traumados y por eso nos separamos”, nos cuenta Segundo Colimva. Sin embargo, gracias al proyecto conjunto “Ventana de Paz” los indígenas Pastos pudieron encontrar la manera de recuperar su capacidad organizativa y reconstruir la memoria histórica de su pueblo en busca de soluciones sostenibles; “pudimos volver a ‘minguear’, a hacer mingas de pensamiento, a compartir y manifestar nuestros pensamientos. Pero más importante, pudimos unirnos y reforzar nuestra solidaridad” continúa Colimva, mientras hace énfasis en que a raíz de este proyecto de fortalecimiento comunitario, las mujeres Pastos recuperan poco a poco su dignidad e implementan actividades culturales productivas para salir adelante.

Como resultado de esta iniciativa interagencial donde participan 5 agencias del Sistema de Naciones Unidas, se llevó a cabo la construcción de la “Casa del Saber”, maloca en la cual actualmente se cultiva la cultura (el tejido, la medicina tradicional, la minga del pensamiento, los ritos y tradiciones y la educación propia), cuya infraestructura contiene el sentir de la cosmovisión de los Pastos en homenaje a los miembros de la Guardia indígena.

Con 13 ventanas que simbolizan los 13 meses de su calendario, dos puertas que representan el ciclo del sol: una para el amanecer y otra para el ocaso y su forma redonda del lugar que alude lo circular del pensamiento de esta comunidad indígena, esta maloca les permite a los Pastos reunirse periódicamente a pensar y a desarrollar sus proyectos.

Después de todo el tiempo que ha pasado y a pesar de las adversidades económicas que aún viven los Pastos continúan con su “resistencia milenaria pues la lucha para los indios no se acabará nunca”, afirman los mayores; “nosotros resistimos por amor a la pacha mama, la hemos querido y valorado y por eso aquí nos quedamos”, asegura Colimva.

El ACNUR trabaja junto con los pueblos indígenas en la frontera colombo-ecuatoriana con miras a fortalecer sus planes de vida y su capacidad organizativa en busca de preservar sus culturas y mitigar el riesgo de desplazamiento.

Por Diana Díaz Rodríguez en Cumbal, Nariño, Colombia