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Cómo una joven refugiada sobrevivió a un naufragio y salvó la vida de un bebé

La portavoz de ACNUR Melissa Fleming presentó su libro “Una esperanza más fuerte que el mar”, donde cuenta la extraordinaria valentía de la refugiada siria Doaa Al Zamel.

Por: Melissa Fleming | 25 de enero de 2017

“Siento como si nos llevaran hacia nuestra muerte”, le dijo Doaa a Bassem.

Eran las 11 de la noche cuando se detuvieron como a medio kilómetro de una playa desierta. “¡Salgan de aquí y corran hacia la orilla!” gritaron los traficantes. Salieron en fila y en seguida se dieron cuenta de que había más autobuses y cientos de personas delante y detrás de ellos. Bassem se quitó las sandalias, agarró la mano de Doaa y juntos empezaron a correr lo más rápido posible hacia el agua.

Uno de los dos botes de madera, de alrededor de 3 metros de largo, se movía hacia ellos, pero para alcanzarlo tuvieron que luchar contra las olas hasta que el agua llegó a los hombros de Bassem. Alcanzaron la embarcación y Bassem se trepó por un lado, mientras uno de los traficantes subió a Doaa.

Cientos de personas estaban ya a bordo cuando Doaa y Bassem subieron al bote. La pareja no tardó en darse cuenta de que un buen número de estos viajeros con el aire cansado llevaba ya varios días en el bote y esperaban con impaciencia que el grupo de Doaa y Bassem se uniera a ellos para que los traficantes pudieran llenar cada centímetro disponible de la embarcación. 

Doaa en Egipto, donde vivía como refugiada, antes de embarcarse en su mortal viaje por mar. © Archivo de Doaa Al Zamel

Al final de la tarde de su tercer día de viaje, un barco de doble cubierta se acercó a ellos. Uno de los traficantes les explicó que las olas eran demasiado altas para tanta gente en el bote por lo que tuvieron que dividir el grupo. Alrededor de 150 personas desembarcaron con Doaa y Bassem. Les habían dicho que el viaje sería de dos días a lo máximo y ya habían pasado casi cuatro. “¿Cuánto más nos queda de viaje?” alguien preguntó al capitán. “Solo 19 horas más y llegaremos a Italia”, respondió el capitán tratando de tranquilizarlos. Los pasajeros del bote empezaron a lanzar vítores y a aplaudir mientras exclamaban “¡Hamdullah! ¡Si Dios quiere, llegaremos a Italia!”.

Pero pocas horas después, Doaa dormía cuando fue despertada por el ruido de un motor y los gritos de unos hombres imprecando en dialecto egipcio. Un barco pesquero azul se acercó a ellos a máxima velocidad. Doaa podía ver alrededor de 10 hombres a bordo, vestidos con ropa corriente, y no con el atuendo negro de los traficantes.

“¡Perros!” gritaron. “¡Malditos! ¡Paren el barco! ¿Adónde piensan que van? ¡Se deberían haber quedado en su país y morirse ahí!”

Después, de repente, con los ojos llenos de odio, empezaron a lanzar tablones de madera a los pasajeros en el barco de refugiados. Doaa los miraba horrorizada mientras el barco aceleraba hacia ellos. 

El novio de Doaa, Bassem, quien murió ahogado tras pasar dos días manteniéndose a flote a su lado. © Archivo de Doaa Al Zamel

La gente se peleaba los chalecos salvavidas, mientras a las oraciones desesperadas de algunos se sobreponían los gritos atemorizados de otros y el llanto de los niños. El barco que se les acercaba aceleró y embistió el bote de un lado, justo debajo de donde estaban Doaa y Bassem, produciendo un gran chillido de metal y madera rompiéndose.

El impacto fue brusco y repentino, casi como si un misil hubiera impactado en el barco. Doaa se tambaleó. Justo cuando estaba a punto de caerse por la baranda, Bassem estiró los brazos y la agarró. Otras personas no tuvieron tanta suerte y cayeron sobre la cubierta, encima de otros pasajeros. En medio de la conmoción, Doaa perdió el chaleco salvavidas. Mientras lo buscaba frenéticamente, Bassem la agarró y la acercó a él. Doaa se percató de que el barco estaba empezando a volcar por uno de los lados. ¡Oh Dios mío!, pensó Doaa. En el agua no. Ahogada no. Déjame morir ahora y no en el agua.

Los agresores aceleraron de nuevo hacia ellos y cuando golpearon de nuevo el lado del barco donde estaban Bassem y Doaa, la desvencijada embarcación cayó violentamente en picado al mar. La mano de Doaa tiraba con fuerza de la mano de Bassem al mismo tiempo que él luchaba por recobrar el equilibrio. Justo después, Doaa perdió de vista a Bassem en la masa de gente que estaba cayéndose al mar.

La mitad del barco ya estaba bajo el agua y se hundía rápidamente. Doaa pensó en los cientos de personas atrapadas en el casco de la embarcación. Están perdidos, pensó Doaa mientras se agarraba al borde y veía el barco hundirse, y nosotros también. 

Doaa al Zamel vio a su prometido y a cientos de personas morir en el mar. A pesar de todo, Doaa fue capaz de salvar la vida de un niña pequeño. La historia de Doaa está en el libro “Una esperanza más fuerte que el mar” (“A Hope More Powerful Than The Sea”), de Melissa Fleming, portavoz de la ONU.

Doaa solo oía gritos alrededor de ella, cubiertos solamente por el ruido del motor del barco. La gente se agarraba desesperadamente a cualquier cosa que flotara -equipaje, garrafas de agua, incluso a otra gente, a quienes sumergían en el agua al tratar de agarrarse a algo. Doaa notó que el mar alrededor de ella tenía un color rojizo y se dio cuenta casi al instante de que la hélice del barco estaba arrastrando, y descuartizando, a muchas de las personas en el mar.

Abrumada por el miedo y el pánico, Doaa empezó a gritar el nombre de Bassem. Unos segundos después, escuchó su voz.

Giró su cabeza hacia dónde venían los sonidos y lo encontró en el mar. Quería ir en su dirección pero no tuvo valor de saltar al agua. El barco estaba hundiéndose en un ángulo que la acercaba cada vez más a la hélice. “¡Suéltate o te despedazará a ti también!” gritó Bassem.

“Ponte esto sobre la cabeza para que puedas flotar”

Doaa cerró los ojos, abrió las manos y se dejó caer hacia atrás con los brazos y las piernas extendidas. Estaba flotando de espaldas cuando notó que alguien tiraba de su velo, quitándoselo de la cabeza.

Flotando de espaldas, sintió que alguien debajo del agua halaba su largo pelo. Las personas que se estaban ahogando bajo el agua intentaban agarrarse a cualquier cosa para volver a la superficie. Tratando de salvar sus vidas, tiraron de la cabeza de Doaa, sumergiéndola bajo el agua. De alguna forma Doaa fue capaz de apartar esas manos de ella y liberarse.

Poco después, Doaa vio que Bassem estaba nadando en su dirección con un flotador, uno de esos flotadores que los recién nacidos usan en las piscinas para bebés. “Ponte esto sobre la cabeza para que puedas flotar”, le dijo mientras le pasaba un flotador medio hinchado. 


De las 150 personas que estaban a bordo, entre 50 y 100 personas sobrevivieron al ataque y quedaron flotando a la deriva en el mar.

Cuando salió el sol al día siguiente, Doaa tenía claro que la noche se había llevado por lo menos a la mitad de los supervivientes. Un pequeño grupo de los que aún seguían vivos se juntó alrededor de Bassem y Doaa, tratando de mantenerse a flote.

Esta historia es un extracto de “Una esperanza más fuerte que el mar” (A Hope More Powerful Than the Sea) de Melissa Fleming. Copyright ©Melissa Fleming/Flatiron Books.

Gracias al Voluntario en Línea Diego Ardura González por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.