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Costa Rica: Refugiado se gana un espacio en la política universitaria

Hace más de diez años Camilo llegó a Costa Rica en busca de protección y hoy es el primer candidato extranjero que busca liderar el movimiento estudiantil.

SAN JOSÉ, Costa Rica, 29 de octubre (ACNUR) - Camilo nació y se crió en Medellín, Colombia, sin imaginar que su vida cambiaría al convertirse en una persona refugiada. Ya pasó más de una década desde que tuvo que cruzar las fronteras costarricenses en busca de protección y hoy es el primer candidato extranjero que busca liderar el movimiento estudiantil en Costa Rica.

Como cualquier estudiante de la Universidad de Costa Rica, el punto de reunión predilecto de Camilo es el pretil. Ahí nos recibió en medio de las pancartas y las consignas electorales, que forman parte de su campaña por la presidencia del directorio de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Costa Rica (FEUCR), el centro de estudios superiores más grande del país.

Lleva cuatro años de recorrer los pasillos de la universidad con libros de las carreras de Filosofía y Economía y los mismos cuatro años de estar involucrado de distintas formas, en los movimientos políticos estudiantiles de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Su acento colombiano lo delata como el primer extranjero que disputa por la presidencia de la FEUCR, derecho por el cual Camilo viene luchando desde hace algún tiempo.

“El haber tenido que salir de mi país como refugiado me cambió mucho la visión del mundo. Empecé a preocuparme por todo el tema de justicia social, los derechos humanos e inequidad social. Por ahí me quedó la espinita de empezar a ver cómo podíamos trabajar por mejorar muchas situaciones y desde el ‘cole’ empecé a involucrarme en la política”, cuenta Camilo de 21 años.

Sin embargo, asegura  que el reglamento de su colegio y el de la Universidad de Costa Rica, representaron un obstáculo al prohibir nombrar a personas extranjeras en un puesto de elección popular. Cuando entró a la UCR, decidió luchar por una reforma legal que cambiara este panorama para las personas extranjeras interesadas en la política estudiantil.

“Los extranjeros no podíamos formar parte de los gobiernos estudiantiles y, aunque esto representaba un obstáculo clarísimo, nunca dejé de participar. En la universidad un compañero chileno, Matías Villagra y yo, decidimos luchar por cambiar esta situación”,  recuerda.

Las primeras luchas que Camilo inició fueron contra las diferentes instancias de la universidad y cuando estas no fueron suficientes, impuso un Recurso de Amparo y un Recurso de Inconstitucionalidad ante el Estado costarricense. Ésta última acción, desencadenó en que se anulara el artículo 173 del Estatuto Orgánico de la Universidad de Costa Rica, permitiendo que personas extranjeras pudieran ocupar puestos de elección popular en la institución.

“Hay que asumir cierta valentía para enfrentar la discriminación. Ya nos dimos cuenta que en otras agrupaciones se anda diciendo que cómo es posible que haya un candidato colombiano para un movimiento estudiantil que se supone es costarricense”, cuenta.

Un año después, hoy Camilo sigue a la espera de los resultados que definirán el futuro de su vida política. Luego de una primera ronda de elecciones entre los cinco partidos que buscaron llegar a la Federación de Estudiantes, Camilo se prepara para la segunda ronda entre su partido y otra agrupación.

La segunda fecha de elecciones, a realizarse el  1 y 2 de noviembre del 2012, definirá quién será la cabeza del movimiento estudiantil durante todo el 2013.

Un país con las puertas abiertas

La llegada de Camilo a suelo tico se dio producto de amenazas en contra de su papá por parte de grupos armados en Colombia. En medio del miedo por la seguridad de la familia, decidieron salir de su ciudad de origen para reubicarse en otro lugar dentro de su mismo país, sin embargo, la persecución continuó.

“Después de intentarlo en Colombia, mi papá viajó a Costa Rica y unos años después nos logró traer a todos. Fue muy complicado porque fue dejar todo: nuestros conocidos, nuestras cosas y venir acá a empezar de cero”, asegura Camilo, con la expresión de quien cuenta una historia muchas veces repetida y ya en el pasado de su familia. Una vez en el país, dio inicio el difícil proceso de integración.

“La mayoría de personas que salimos de nuestros países en condición de refugiados, no sabemos que existe ese estatuto. Esto nos pasó a nosotros. Llegamos a un país con todas las barreras que le da a uno el desconocimiento”, señala.

Aún al día de hoy, los títulos en Ingeniería Civil y Comunicación de los papás de Camilo, siguen siendo académicamente inválidos para Costa Rica. Razón por la cual, la familia tuvo que buscar otras formas de generar ingresos en el país.

“Mis papás comenzaron con su propio negocio gracias a la ayuda del ACNUR y el programa de microcrédito para personas refugiadas. Unos años después de llegar, comenzamos con una soda pequeñita y el negocio se ha ido extendiendo”, cuenta el candidato a la presidencia de la FEUCR.

Camilo asegura que los problemas no pasaron en vano y que el tener que enfrentarse a toda clase de dificultades cambió su manera de pensar.

“Hay que asumir una actitud de desafío en cambiar la mentalidad de muchas personas. Esa fue una de las razones por las que decidí postularme”, concluye.

Por Sharely Alfaro en San José, Costa Rica