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Crisis de alojamiento se suma al calvario de los refugiados en los campos de Tanzania

Una creciente crisis de financiación significa que cientos de miles de mujeres y niños están sufriendo en los campos de refugiados de Tanzania.

Han pasado cinco meses desde la llegada de Sandrine Nyaribagiza al campo de refugiados de Nyarugusu, en el noroeste de Tanzania. Ella pensaba que estaba segura tras huir de la República Democrática del Congo (RDC). Ahora, en un alojamiento colectivo saturado, diseñado solo para acomodar a los recién llegados durante una semana, teme por su familia cada noche.

CAMPO DE REFUGIADOS DE NYARUGUSU, Tanzania, 30 de noviembre de 2017 (ACNUR) - “Cualquiera puede entrar”, dice Sandrine, de 21 años, señalando a la holgada puerta de lona que da acceso a la diminuta sección donde duermen ella, su esposo y su bebé recién nacida. “Aun tengo miedo por lo que hemos pasado antes y aquí no me encuentro mejor. No hay sensación de seguridad”.

Los alojamientos de emergencia como este facilitan poca comodidad, privacidad o seguridad. Dentro de la enorme estructura de tiendas de campaña, dividida en unas 30 viviendas, de noche los mosquitos no dejan dormir a sus moradores y de día, el intenso calor se intensifica. Cuando llueve, el agua corre por el suelo de tierra desnuda.

“Hay muchas enfermedades, necesitamos una mejora en las condiciones”.

“Mi esposo está en el hospital”, dice Sandrine. “Tiene calambres estomacales y gripe. No vivimos bien. Hay muchas enfermedades, necesitamos una mejora en las condiciones”.

Los roncos lloros de Promence, de un mes de edad, confirman que ella, también, tiene la gripe.

El campo de Nyarugusu entró en funcionamiento hace más de 20 años y en él hay ahora casi 150.000 refugiados de la RDC y Burundi. Tanzania acoge a un total de 359.496 personas en riesgo, incluyendo refugiados y solicitantes de asilo.

Se necesita con urgencia más financiación para que personas como Sandrine y su bebé puedan ser trasladadas rápidamente a unas estructuras más seguras, más sólidas. Una creciente escasez significa que, en los campos de refugiados de todo el país, cientos de miles de personas están sufriendo. Los alojamientos de transición mejor protegidos, con un coste de construcción de 500 dólares estadounidenses cada uno, son escasos. 

Chansa Kapaya, representante en Tanzania de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, dice que a finales de año la Agencia y sus socios esperan haber construido unos 18.000 refugios de transición, hechos de adobe y con tejado de metal. Con todo, estos representarán solo el 38% de los que se necesitan. Se precisan otros 30.550 refugios de transición, con un coste total de unos 15.275.000 dólares estadounidenses.

“Los refugiados que han huido de sus hogares en Burundi y la RDC y han buscado asilo en Tanzania lo han perdido todo y llegaron aquí sin nada, literalmente”, dice la representante. “El alojamiento es una de las muchas necesidades básicas que intentamos facilitar a todas las familias. El alojamiento adecuado es un derecho humano fundamental y una necesidad básica que todo ser humano precisa. Facilitar un alojamiento adecuado para cada familia refugiada es un gran reto debido a las restricciones financieras”.

En el campo de Nduta, que alberga a 125.000 refugiados, tres cuartas partes de la población son mujeres y niños. Solo el 34% de las familias viven en alojamientos de transición.

Allí, Venansiya Bigirimana, de 28 años, y su hermana Mariana Kamazi, de 30, llevan desde que llegaron al campo procedentes de Burundi hace 10 meses, viviendo en una tienda de campaña destrozada. Nueve personas - las dos hermanas y sus siete niños - comparten el reducido espacio. No hay camas para dormir en ellas, solo el piso, y los gemelos de Venansiya, nacidos hace solo cinco meses, tienen infecciones respiratorias. Su esposo murió en Burundi.

“El alojamiento es una de las muchas necesidades básicas que intentamos facilitar a todas las familias”.

“Es duro, puede ver la situación, cómo vivimos, cómo dormimos”, dice Mariana, cuyo esposo aun está en Burundi. “Cuando llueve, el agua entra en la tienda y por la noche hace frío. Ayer teníamos que ir a inscribirnos para que nos dieran lonas de plástico para cubrir las goteras, pero los niños enfermaron, así es que no pudimos ir”.

En un esfuerzo desesperado para alimentar a sus hijos y comprar suficiente leña para mantenerlos calientes, las dos hermanas han vendido su lámpara solar y su mosquitera.

Las hermanas serán inscritas por ACNUR para acceder a un refugio de transición cuando haya financiación disponible en enero de 2018. Mientras tanto, lucharán bajo la lluvia, sin zapatos, sin iluminación, sin alimentos suficientes y sin siquiera un colchón.

En el campo de Nduta, ACNUR está trabajando mucho para trasladar a las personas que están viviendo en alojamientos de emergencia, facilitando a algunos refugiados las herramientas y materiales para construir sus propios hogares mediante un enfoque basado en la comunidad. Con este proyecto de “alojamiento actualizable”, los alojamientos de emergencia pueden ser recubiertos con adobe y actualizados, resultando en estructuras semipermanentes con un tejado metálico ondulado.

“Estoy esperando un lugar seguro a donde ir”.

“El problema principal es la falta de alojamientos de transición en el campo de Nduta”, dice Patrick Mutai, oficial de ACNUR encargado del alojamiento en el campo. “Tenemos a refugiados que llevan viviendo en tiendas de campaña y en alojamientos de emergencia más de un año y estos alojamientos se deterioran con el paso del tiempo. Los beneficios de este proyecto son que es más barato que hacer toda la construcción, que los refugiados pueden hacerlos ellos mismos y que así adquieren conocimientos”.

Posibilitar que los refugiados utilicen y desarrollen conocimientos para valerse por sí mismos es un punto esencial en la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes, adoptada el año pasado por la Asamblea General de la ONU, que hace un llamamiento para ofrecer una respuesta más integral y definida a la crisis global de los refugiados. Tanzania es uno de los 13 países que utilizan el Marco de Respuesta Integral para los Refugiados (CRRF, por su sigla en inglés), que es parte esencial de la Declaración de Nueva York, y en la que gobiernos, agencias humanitarias y organizaciones para el desarrollo trabajan juntos para ayudar a los refugiados no solo a sobrevivir, sino a prosperar.

En Tanzania, cada alojamiento construido siguiendo el enfoque basado en la comunidad cuesta un 50% menos que la construcción completa de un alojamiento de transición, lo que significa que se pueden destinar fondos a cubrir otras necesidades importantes, como la salud, la educación y el sustento. Y, como mínimo en el campo de Nduta, funciona. Desde abril de 2017, el número de familias que viven en alojamientos de transición ha disminuido en un 13%.

En el campo de Nyarugusu, solo 6.159 familias tienen acceso a los alojamientos de transición. Aunque menos caros, requieren unos fondos de los que la operación carece. Hasta que se encuentren nuevos fondos, Sandrine y miles de personas más se enfrentan a una espera larga y aterradora en los alojamientos de emergencia. Para ella, lo peor son las noches y la oscuridad.

“Tenemos una linterna, per las pilas se han agotado y no podemos comprar otras”, dice meciendo suavemente a su bebé Promence. “Estoy esperando un lugar seguro a donde ir”.

Por Kate Bond, en el campo de refugiados de Nyarugusu, Tanzania.

Gracias a la Voluntaria en Línea Esperanza Escalona Reyes por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.