Del campamento a la ciudad, los retornados de Myanmar se enfrentan a la vida de Yangon

Seis meses después de su repatriación desde Tailandia, una familia retornada reflexiona sobre la vida que dejaron atrás y acogen su futuro en Myanmar.

Después de décadas de estar fuera de su país, Thant Zin Maung y su familia finalmente han regresado a Myanmar.  © ACNUR/Roger Arnold

YANGON, Myanmar, 10 de mayo de 2017 (ACNUR) -- Cuando Thant Zin Maung decidió regresar a casa el pasado mes de octubre, le dijo a sus hijos que apovecharan para jugar tanto como les fuera posible.

"Jueguen todo lo que puedan, porque una vez que vuelvan no podrán jugar tanto", dijo tristemente, mientras guardaban sus pertenencias en el campamento de refugiados de Nupo en Tailandia, donde la familia vivió por más de 10 años.

Sus hijos Khant Min y Khant Lin nacieron en el campamento de Nupo. Era el único hogar que conocían. Aunque dormían en una choza de bambú y se bañaban en un canal común afuera, era un lugar donde podían jugar libremente con otros niños refugiados con los que habían crecido.

Sin embargo, Thant Zin Maung tuvo que pensar en el futuro. "Quería volver hace mucho tiempo, por el futuro de mis hijos y la salud de mi esposa", dijo, explicando que su esposa Ta Pyi Soe tenía problemas para caminar debido a un problema médico no diagnosticado.

En octubre de 2016, la familia eligió unirse al primer movimiento de retorno voluntario a Myanmar. Un total de 71 refugiados regresaron de los campamentos de Nupo y Tham Hin con el apoyo de los dos gobiernos, el ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados y sus socios. La mayoría regresó al estado de Kayin, mientras unos pocos volvieron a áreas como Thanintharyi, Bago, Mon y Yangon.

"Quería volver hace mucho tiempo"

Seis meses después, la familia de Thant Zin Maung se instala en el piso de su hermana en la capital comercial, Yangon. Cuando no asisten a la escuela del vecindario, los chicos pasan su tiempo dando saltos y haciendo giros sobre los muebles en el apartamento del tercer piso.

"Extraño el campamento", dijo Khant Min, de siete años. "Aquí tengo pocos amigos y mi padre dice que no puedo jugar afuera. Es aburrido jugar dentro".

Su padre sabe que están luchando para encajar con sus compañeros porque hablan diferente y no están familiarizados con la cultura pop local, las caricaturas y los aperitivos. "Seguimos explicándoles que estarán bien y que pronto harán amigos".

A los 48 años, Thant Zin Maung se está reintegrando bien. Acaba de completar un curso de dos meses de duración sobre cuidado de personas mayores. Ha hecho amigos entre compañeros de clase, entrenadores y personas que ve en sus viajes diarios en tren.

La familia planea mudarse a Shwe Lin Pan, un proyecto de vivienda de bajo costo ofrecido por el gobierno en un acuerdo único para el primer grupo de retornados de Yangon.

Las subvenciones de retorno y reintegración que recibieron de las autoridades, el ACNUR y sus socios se han destinado a pagar la primera cuota del apartamento subvencionado. No obstante, todavía tenían que pedir prestado dinero a familiares y tendrían que pagar cuotas mensuales de 80.000 kyat (cerca de $60 dólares) por los próximos 10 años.

"Estoy un poco nervioso por nuestra situación actual", admitió Thant Zin Maung, cuya búsqueda de empleo se ha visto afectada por los retrasos en la obtención de su licencia de conducir. "Pero aprendí muchas habilidades en el campamento y estoy seguro de que encontraré un trabajo adecuado pronto".

Mientras busca otro trabajo, su objetivo final es abrir una centro diurno para personas mayores en el proyecto de vivienda Shwe Lin Pan.

Su esposa dijo que las otras familias de retornados también están haciendo frente después de algunas luchas iniciales. "Uno comenzó un negocio de venta de arroz y su hija está trabajando en un salón de belleza. Otro hombre está haciendo trabajos de carpintería en Shwe Lin Pan".

Su propia condición está mejorando. Ahora con 35 años, se siente más firme debido al tratamiento y las mejores condiciones de vida. Reunirse con su madre, que está paralizada, en Yangon también ha mejorado su estado de ánimo.

Sin embargo, pasará algo de tiempo para que la familia se convierta en urbanista, después de tantos años en el campamento. "Éramos como una gran familia en el campamento. Echo de menos el entorno amigable", dijo Ta Pyi Soe. "Yangon tiene muchos más autos y personas ahora. Pero nunca hemos visto a nuestro vecino, su puerta está siempre cerrada".

A pesar de los desafíos que enfrentan, la familia está decidida a adaptarse a un cambiante Myanmar.

"Tendré cuatro o cinco empleos si tengo que hacerlo", dijo Thant Zin Maung. "Mi plan para próximos cinco años es tener una casa y un auto, darles una educación de calidad a los niños, y vivir con mi familia felizmente. Creo que cumpliré mis sueños de vida".

Unos 102.000 refugiados de Myanmar permanecen en nueve campamentos fronterizos en Tailandia. Desde que el primer grupo regresó el año pasado, más refugiados han expresado su interés en la repatriación voluntaria. Muchos otros están observando de cerca cómo se desarrollan los retornos para tomar una decisión informada para su futuro.

Por Vivian Tan