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Derribando las fronteras a través de la natación

"Somos 'chilombianas' desde que vivimos acá, ha sido una experiencia muy buena. Nunca hemos sufrido discriminación, la gente ha sido súper acogedora..."

SANTIAGO, Chile, 7 de noviembre de 2016 (ACNUR) - Todos los días, seis veces por semana, las hermanas González ven el amanecer desde el agua. Lo hacen, con el cuerpo mojado, mientras practican su rutina de natación en la piscina olímpica del Estadio Nacional, ubicado en Santiago de Chile. Se trata de un recinto que las acoge todos los días a las seis de la mañana, mucho antes de que la capital chilena despierte por completo. Allí, entrenan durante casi dos horas y luego se preparan para trabajar o estudiar.

Aprendieron a nadar a los 6 o 7 años, en la piscina de un centro recreativo ubicado en Cali, una ciudad del sur colombiano que las vio crecer hasta que, por motivos de seguridad, debieron dejar las tierras caribeñas. A causa de la compleja situación que se vivía en Colombia y a raíz de la persecución en contra de uno de los integrantes de su familia, los González debieron subirse a un avión que, kilómetro tras kilómetro, los alejó de un gran núcleo de seres queridos y, a la vez, los aproximó a un nuevo país que les daría asilo. Desde aquél entonces ya ha pasado casi una década.

Fue así como las hermanas González no tuvieron más opción que continuar desarrollando su pasión por la natación en Chile, convirtiéndose en compañeras inseparables: “Nos veíamos todo el día, íbamos al colegio juntas y después nos íbamos a la piscina. Nos hicimos muy amigas y eso fue lo más lindo”, afirma Valentina, la hermana menor. En la actualidad, ambas participan en competencias nacionales de alto rendimiento.

“Somos chilombianas”, agrega Natalia, la hermana mayor de 20 años. “Desde que vivimos acá, ha sido una experiencia muy buena. Nunca hemos sufrido discriminación, la gente ha sido súper acogedora. Estamos estables y tenemos amistades”, dice. La joven, que en primer año de universidad ganó una mención a la mejor deportista, insiste en que el deporte ha sido clave en el proceso de integración de su familia: “El ambiente de la natación es muy acogedor. Tienes tus amigos y estás cerca de gente sana. Eso te refugia, no necesitas nada más y la pasas bien con tus amigos”. En la actualidad, su grupo familiar está compuesto por su madre, un primo y sus otras dos hermanas.

En Chile, la población refugiada bordea las 2.000 personas y está conformada en casi un 90% por colombianos. Ante esto, ambas hermanas coinciden en que el deporte podría jugar un rol clave en el proceso de integración local de sus compatriotas y el resto de los refugiados en el país: “Cuando haces deporte nadie te mira la edad, si eres hombre o mujer, cuál es tu nacionalidad. Sólo importan los resultados y rendir al 100%. Creo que se debería potenciar el deporte en los niños refugiados ya que les permite integrarse y salir de situaciones de riesgo”, opina Valentina que, a sus 18 años, ya ha representado a Chile en la Copa Austral, una competencia internacional para deportistas chilenos, argentinos y uruguayos.

Pero el deporte no ha sido el único factor importante dentro del proceso de integración de estas hermanas. Tras su llegada a Chile, la familia fue apoyada por la Vicaría de Pastoral Social que, en ese entonces, era la agencia del ACNUR en Chile y, posteriormente, por la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC), que en la actualidad desempeña ese mismo rol. De aquella época, recuerdan con cariño un taller de música que les brindó la oportunidad de conocer a más jóvenes refugiados de su edad, con los que mantienen una fuerte relación de amistad hasta el día de hoy.

En el presente, ambas sueñan con obtener una carrera universitaria: Valentina estudia Administración Pública en una reconocida casa de estudios chilena. Natalia, en tanto, no renuncia a sus aspiraciones de convertirse en una gran kinesióloga y, por el momento, distribuye sus tiempos entre el trabajo y la preparación para rendir la Prueba de Selección Académica (PSU), un examen estandarizado para la admisión universitaria.

Lo más importante de todo es que las hermanas González siguen siendo amigas inseparables, desean seguir entrenando y alcanzando triunfos deportivos para Chile, el país que les abrió las puertas a ellas y su familia cuando más lo necesitaban.

Por Stephanie Rabi, en Santiago, Chile.