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Diez principios para las soluciones duraderas en Putumayo, Colombia

Hacer real el tránsito de víctimas a sujetos activos de derechos es un resultado concreto en los procesos de soluciones duraderas del ACNUR en Putumayo, departamento ubicado al sur de Colombia. Su acumulado no es medible cuantitativamente, pero sí tiene impactos concretos en la vida, experiencias y prácticas de las personas.

MOCOA, Colombia, 8 de diciembre de 2017 (ACNUR) - La intención de activar el potencial humano de la población desplazada ha sido un reto fundamental para el ACNUR, de ahí que, después de varios años de trabajo, consolidó la estrategia de intercambios de experiencias en integraciones locales y retornos, procurando ubicar en el centro de la apuesta a los desplazados.

Con esta intención, la Gobernación del Putumayo, la Fundación Makikuna, la Fundación Yapawayra, y la Organización Zonal Indígena del Putumayo –OZIP instalaron el primer Intercambio de buenas prácticas comunitarias con las comunidades reubicadas de los municipios de Mocoa, Villagarzón, Puerto Guzmán y Puerto Asís.

En este diálogo de saberes, los participantes concluyeron 10 principios que pueden orientar soluciones duraderas para comunidades desplazadas y tejieron lazos entre ellos para fortalecer su acción.

Los intercambios de experiencias son como escuelas comunitarias de aprendizaje”, dijo Noralba Acuña, líder del barrio de Villa Rosa, municipio de Puerto Asís, y prosiguió, “siempre aprendiendo nuevas formas de trabajar frente a la exigencia de respuesta a nuestras necesidades fundamentales”.  

Cuando no conocíamos  nuestros derechos, en tiempos electorales los negociábamos, ahora que sabemos de ellos, somos conscientes que podemos exigirlos todo el tiempo, dijo Carlos de la Cruz, presidente del barrio Paraíso, abriendo así el debate sobre el primer principio: la importancia de la comunidad de aprendizaje, integrada por sujetos capaces de reinterpretar la realidad y de proyectar  acciones conjuntas.

Un segundo principio lo aporta Gegna Cahueño, presidenta de la Junta de Acción del Barrio Girasoles en Villavicencio: “el territorio nos dice qué hacer en materia de derechos, nos hace saber cómo vamos y que hace falta”. Gegna resalta la importancia de dotar de contenido desde soluciones prácticas el hábitat (asentamiento) en procura de dignificar la vida.

Entre la necesidad y el impulso hacia lo que falta encontramos el tercer principio, la planeación participativa de instrumentos para la incidencia política. Así lo afirma Noralba: “los planes de reubicación se han convertido en la carta de navegación hacia nuestros derechos, en ellos están contenidos necesidades, soluciones y acuerdos institucionales; por ello, siempre recurrimos a estos para hacer cualquier diálogo institucional”. Planear los sueños, dicen muchos, con base en derechos es distinto a quedarse angustiados con las necesidades.

Entretejido siempre con los anteriores aparece el cuarto principio, “hacer semilleros de liderazgo, tener líderes con credibilidad, organizaciones que abran la participación a la comunidad, y que ganen confianza con las instituciones; ¡que estas, sepan que en la comunidad se aporta en la construcción de resultados!”, dice Raúl Torres, presidente del barrio Nueva Esperanza en Mocoa y le complementa Gegna sobre la importancia de influenciar y trabajar con las instituciones.

MAKIKUNA, socio implementador de ACNUR, comparte la experiencia del libro de cuentos, donde líderes, fundadores y jóvenes de las comunidades de Nueva Esperanza, Villa Rosa y Jairo de Jesús Casanova plasmaron sus vivencias, siendo esta otra manera de construir memoria. © ACNUR
MAKIKUNA, socio implementador de ACNUR, comparte la experiencia del libro de cuentos, donde líderes, fundadores y jóvenes de las comunidades de Nueva Esperanza, Villa Rosa y Jairo de Jesús Casanova plasmaron sus vivencias, siendo esta otra manera de construir memoria. © ACNUR

Igual ocurre con la voz fundamentada, quinto principio. “Hay que hablar sin temor de nuestros derechos en la casa, en la organización, en la comunidad y en los espacios institucionales”, insta Henry Cortez, presidente de la Junta de Acción comunal de Villa Rosa, a dialogar y reflexionar sobre el reto de forjar ciudadanos con voz y convicción para concretar soluciones a sus necesidades.

También fueron enfáticas las manifestaciones de estar trabajando entre sujetos plurales, con expresiones a varias voces. Leonor Galeano dice: “las mujeres deben salir de casa para hacer vida comunitaria, formarse, conocer sus necesidades, exigir igualdad de trato y prevenir la violencia”. José Homero, representante del área de derechos humanos de la OZIP, enfatizó: “nuestros retos están centrados en las recuperación de los derechos étnicos; por ello, desde las reubicaciones y retornos será posible que nuestras comunidades vuelvan a recuperar su vida étnica”.

Otro elemento clave, el séptimo, tuvo que ver con las relaciones con la institucionalidad, con las formas de incidir, y de crear puente de comunicación. Raúl lo dijo de manera clara: “son las entidades las que deben garantizar nuestras exigencias, y nosotros aprender a llegar a ellas y convocarlas a la comunidad”, por otro lado la voz de Gegna advierte: “buscar apoyo, hacer aliados, pero no depender de la institucionalidad nos hace comunidades autónomas”.

En un lugar nuclear y de relato continuo, está el noveno principio: “hilar las historia entre lo que pasó en nuestros territorios y cómo nos estamos reconstruyendo como Awá”, así lo dijo Oscar Ortiz, líder del pueblo Awá integrado al equipo de CODHES, haciendo saber que los referentes culturales y de identidad siguen latentes en la actualidad contribuyendo en la recomposición de la vida colectiva y en la relación embrionaria con el territorio, en especial la de los pueblos indígenas.

Finalmente, el décimo principio, confirmar y dar sentido a los resultados. La titulación de los predios a las familias de Nueva Esperanza y legalización del predio los Girasoles como vía de integración justa y definitiva de los desplazados al municipio o ciudad. El hacer social en los centros comunitarios que hila nuevas relaciones de confianza entre las poblaciones y múltiples instituciones. La adjudicación de predios a pueblos indígenas como vía de reconstrucción de su autonomía territorial. Todo ello, fruto de un entretejido continuo de esfuerzos sociales, institucionales, del ACNUR y sus aliados comprometidos con quienes son el centro del proceso: las personas que rehacen sus vidas.  

Así, los intercambios de experiencias se convierten en una manera de recomponer aquello que rompe la guerra: lo humano en relación al disfrute de sus derechos.

Por Harold Juajibioy, Unidad Protección basada en comunidades, ACNUR Mocoa, Colombia.