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El conflicto lleva a los desplazados yemeníes al límite

ACNUR advierte que millones de desplazados yemeníes enfrentan "una catástrofe humanitaria", a medida que 21 meses de guerra empeoran la hambruna, la pobreza y el sufrimiento.

SANÁ, Yemen, 14 de diciembre de 2016 (ACNUR) - Cuando una intensa lucha estalló en su ciudad natal, Sa’dah, cerca de la frontera con Arabia Saudita, el yemení Razaz Ali, un padre de 75 años, reunió a su esposa y a sus siete hijos y huyó para salvar su vida. Cuando se le preguntó qué necesitaba, él hizo una larga lista.

"Tenemos hambre, frío y estamos enfermos, necesitamos ayuda, comida y medicinas. Estamos obligados a depender de lo que la gente nos da", dice Razaz, que ahora vive en un albergue improvisado con su familia en el asentamiento informal de Dharwan fuera de la capital de Yemen, Saná.

La familia está entre los 2,18 millones de yemeníes desplazados dentro de las fronteras de su propio país por 21 meses de amargo conflicto. Muchos, como Razaz, ahora viven precariamente, albergándose en asentamientos informales y edificios públicos y religiosos.

Al acercarse el invierno, muchos tienen poca protección contra el clima y viven en condiciones de hacinamiento sin privacidad, y con el riesgo de ser desalojados. El hambre y la pobreza son graves y las difíciles condiciones se han vuelto insoportables para algunos.

"Tenemos hambre, frío y estamos enfermos, necesitamos ayuda ... Estamos obligados a depender de lo que la gente nos da".

"Pensé en acabar con mi vida muchas veces", dice Nada, quien fue desarraigada de su hogar en Taizz por los combates y  ahora vive en un alojamiento improvisado con su esposo discapacitado y su bebé de 15 meses.

Eclipsada por otras crisis regionales y al ser uno de los países más pobres de Oriente Medio, el actual conflicto en Yemen ha empeorado las necesidades derivadas de años de pobreza e inseguridad.

El ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y los organismos humanitarios se han movilizado para responder a la crisis en curso. Pero un asombroso número de 18,8 millones de personas siguen necesitando ayuda humanitaria en todo el país, en medio de una situación que continúa deteriorándose.

"Los civiles continúan sufriendo el peso de la crisis y la situación empeora con el paso de los días. Se trata de una catástrofe humanitaria desatendida", dice el representante del ACNUR en Yemen, Ayman Gharaibeh.

La asistencia prioritaria de emergencia del ACNUR ha llegado a 660.000 de los 2,18 millones de desplazados internos de Yemen en 20 gobernaciones desde el comienzo de la guerra, aunque la respuesta se ha visto limitada por la falta de financiamiento.

El desplazado yemení Abdu Shuai, enciende una fogata al lado de sus hijas Marwa y Salwa, en el asentamiento Dharwan, a las afueras de Saná, la capital de Yemen. © ACNUR/Mohammed Hamoud

Hasta ahora, la Agencia de la ONU para los Refugiados ha recibido menos de la mitad de los fondos que ha solicitado, sólo el 43 por ciento de lo requerido para su respuesta prioritaria en Yemen, y Gharaibeh advirtió que la "falta de apoyo limita nuestra capacidad para proporcionar alivio urgente".

Como resultado del conflicto, más de la mitad de la población total de Yemen carece de alimentos suficientes y los desplazados se siguen viendo particularmente afectados. El alimento es la principal necesidad de los desplazados internos de Yemen, seguido por agua, saneamiento y albergue, lo que evidencia los crecientes desafíos para la supervivencia básica.

Con un conflicto que no muestra signos de disminuir, la abrumadora mayoría ha quedado relegada por un promedio de al menos un año fuera de casa, privados de sus necesidades básicas. Ante los escasos recursos, los ahorros agotados y los futuros inciertos, un millón de personas ha intentado incluso regresar a casa en ausencia de esperanza o alternativas.

La incesante guerra ha provocado que millones de personas pierdan sus medios de vida, muchos hogares desplazados dependen de la generosidad y compasión de las comunidades locales que ya se doblan bajo la presión de alojarlos durante largos períodos. Otros, mientras tanto, dependen de la ayuda humanitaria o se ven obligados a recurrir a estrategias de supervivencia que comprometen su seguridad y bienestar.

"Los civiles continúan sufriendo el peso de la crisis y la situación empeora con el paso de los días".

Frente a la necesidad desesperada, los casos de matrimonio precoz, reclutamiento, mendicidad y trabajo infantil son reportados con más frecuencia. Entre los que recurren a enviar a sus hijos a mendigar está Zahrah, quien tiene 50 años, ocho hijos y es viuda.  Ella también vive en Dharwan en una tienda y no tiene otros medios de apoyo.

"Yo envío a todos mis hijos a pedir comida todos los días", lamenta.

Para el padre desplazado Abdu Shoei, originario de Sa’dah, y que también vive en Dharwan, la única manera de asegurar suficiente comida y medicina para sus hijos es recurrir a la venta de una hoja narcótica cultivada localmente, llamada Qat.

"No tenemos ningún ingreso o asistencia, así que mi esposa tiene que mendigar por Qat de las granjas para venderlo", dice.

Con el considerable aumento en las necesidades en todo el país y millones de personas que continúan enfrentándose a graves riesgos para su seguridad y sus derechos fundamentales, la única esperanza para los desplazados internos como Amal de Taizz puede ser el final de un desastroso conflicto y y el regreso a casa en paz.

"No soy un político. No tengo nada que ver con la política. Sólo quiero vivir mi vida en paz y ver a mis hijos felices", dice.

Además de los millones de yemeníes desplazados en su país, más de 180.000 personas también han huido de Yemen a países vecinos, incluidos Estados del Golfo y el Cuerno de África, para escapar de los combates.