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El distrito de Diffa en el Níger acoge a los nigerianos que huyen de la violencia

La situación de la seguridad en el nordeste de Nigeria se ha deteriorado desde el mes de mayo de 2013, cuando el Gobierno declaró el estado de emergencia en tres estados.

BOSSO, Níger, 24 de enero (ACNUR) - Rodeada de todas sus pertenencias en un alojamiento provisional, infla sus mejillas e imita el ruido de una explosión para explicar a los visitantes el motivo por el que huyó de su hogar en el nordeste de Nigeria.

El ataque que la obligó a huir de la aldea de Baga tuvo lugar hace nueve meses pero recuerda la traumática experiencia como si fuera ayer, mientras las nuevas llegadas de desplazados siguen refrescándole la memoria. Según las estimaciones, en los últimos días 1.500 personas han huido a la región de Diffa en el Níger escapando de los últimos brotes de violencia que han estallado en Nigeria. Otros 4.000 nigerianos han huido al Camerún.

Contando su caso, Mariama explica: “Hombres de Boko Haram [un grupo militante] habían venido a atacar la base militar. Nuestro pueblo está situado en las proximidades, así que nos atacaron a primera hora de la mañana. Eran aproximadamente las 6 de la mañana cuando empezamos a oír disparos. Los disparos alcanzaron nuestra casa, que explotó como una bomba”, cuenta esta mujer de 47 años a los representantes del ACNUR que visitan la ciudad fronteriza de Bosso en la región de Diffa, mientras sostiene a su nieta en su regazo.

Dice que las explosiones eran granadas, que cayeron indiscriminadamente en su hogar, provocando un incendio que arrasó totalmente la aldea. “Huimos sin zapatos, sin nada, llevando a los niños como pudimos”.

La situación de la seguridad en el nordeste de Nigeria se ha deteriorado desde el mes de mayo de 2013, cuando el Gobierno declaró el estado de emergencia en tres estados - Adamawa, Borno y Yobe - y lanzó una operación militar para sofocar la insurgencia. Los ataques intermitentes de los grupos rebeldes contra los civiles y el personal de seguridad han aumentado desde 2012.

Según un informe reciente de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas  (OCHA), más de 1.200 personas, incluidos civiles, militares e insurgentes, han resultado muertas. A consecuencia de los ataques, numerosos nigerianos han informado de la existencia de un patrón de huida preventiva: una vez que se produce un ataque de los insurgentes, los civiles huyen inmediatamente por temor a una posible represalia del ejército.

Mientras su aldea ardía, Mariama huyó al monte con su esposo y sus 10 hijos, y tuvieron que beber el agua de los charcos. Dice que a los tres días regresó el ejército, sembrando el pánico entre los que se habían escondido. La gente huyó en todas las direcciones; Mariama y su familia llegaron caminando a Bosso.

Sahadatou, amiga de Mariama, que viene para charlar un rato, también se encontraba en Baga el día que se produjo el ataque. Sentada entre ropa, mantas y cubos, dice que salió de su escondite para ayudar a los vecinos que habían resultado heridos. “Muchos perecieron en el incendio pero los cuerpos estaban tan quemados que no pudimos identificarlos”, explica, y añade: “Ni siquiera sabemos cuántos murieron”. Ella también huyó al Níger.

Un censo publicado en el mes de noviembre por el Gobierno del Níger reveló que más de 37.000 personas, incluidos 8.000 nigerianos y cerca de 30.000 nacionales del Níger, habían huido a la región de Diffa desde el pasado mes de mayo. Un pequeño número de nacionales de terceros países han buscado también la seguridad en la zona. En diciembre, el Gobierno empezó a conceder el estatuto temporal de refugiados a los nigerianos que han huido al Níger desde los estados afectados.

Desde el inicio de la afluencia de refugiados, las comunidades locales han acogido a las personas desplazadas en sus aldeas y hogares, poniendo a su disposición tierras o habitaciones. Aboubacar Marah, alcalde de Bosso, que acogió a casi 100 personas, casi todas mujeres y niños, ha constituido un ejemplo. “Nunca he visto nada igual,” dice refiriéndose a la afluencia de refugiados. “La frontera está a solo 100 metros de aquí y por la noche oímos los disparos en el otro lado”.

Para hacer frente a la afluencia de refugiados, el ACNUR desplegó en mayo un equipo de protección de emergencia.

“Nuestro equipo tuvo que adaptarse rápidamente a la naturaleza oculta de la crisis”, señala Yvette Muhimpundu, oficial de protección. “Estamos muy agradecidos a la comunidad que ha acogido a los desplazados en sus hogares, y ahora estamos centrados en reforzar la capacidad de adaptación de los refugiados y de la comunidad de acogida”.

Yvette dice que el objetivo de este enfoque comunitario es promover la coexistencia pacífica. Si garantizamos a los refugiados y a los habitantes todo lo necesario para cubrir sus necesidades en materia de alojamiento, alimentación, seguridad y salud, ambas comunidades se beneficiarán de forma equitativa de la asistencia del ACNUR.

En colaboración con otros organismos humanitarios, el ACNUR ha distribuido suministros de socorro y pondrá en marcha un programa de refugios para ofrecer mejores condiciones de alojamiento a las personas desplazadas. Además, el Gobierno del Níger entregará este año tarjetas de identidad a los desplazados, mientras que el Programa Mundial de Alimentos distribuirá alimentos a las familias más vulnerables entre todas las que huyeron de Nigeria.

Con respecto a Mariama y su familia, la cálida acogida y la asistencia que han recibido aquí les han ayudado a hacer su situación más soportable. Pero, sobre todo, lo que más agradece es haber encontrado la paz. “Aunque no esté en una auténtica casa, puedo dormir en paz y segura. Ahora no podemos regresar; hay demasiada inseguridad”.

Ella y su familia están hacienda todo lo posible para ganarse la vida; ella vende tortas en el mercado, su hija trabaja como costurera y su esposo cultiva una parcela de tierra fértil en las proximidades del Lago Chad. A pesar de su nueva vida como refugiada, la situación física y psíquica de Mariama ha experimentado una mejora considerable.

“Si me hubieran visto cuando llegué, me habrían compadecido”, cuenta a los representantes del ACNUR. “Pero ahora estoy recuperada y me siento con fuerzas. Ya no hay motives para compadecerme”.

Por Kathryn Mahoney en Bosso, Níger.

Gracias a la Voluntaria En Línea Luisa Merchán por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.