El Sur de América Latina y los nuevos espacios humanitarios

Once an "exporter" of refugees, the countries of the Southern Cone are increasingly welcoming those fleeing violence and persecution in Colombia and Africa. [for translation]

Nigerian refugee Davala enjoys an Argentinian hotdog on the street of his vibrant bohemian Buenos Aires neighbourhood, where he dreams of becoming a hip-hop star. [for translation]  © ACNUR/Sub Coop

BUENOS AIRES, Argentina, Agosto 27 (ACNUR) – Cuando Davala llegó a la Argentina no tenía en su cabeza mucho más que una imagen de un gran bloque de hielo extendiéndose hasta la eternidad. Sin embargo, al pisar el suelo de su capital Buenos Aires, sintió el asfalto y una ciudad inmensa que distaba de aquella imagen que había visto en un documental hace unos años. El hielo quedaba como a 3000 kilómetros de distancia y la capital argentina ardía de un calor que no distaba al de su Nigeria natal. Lo que Davala dejó atrás era tan doloroso como el hecho de tener 16 años y llegar solo a un país lejano y desconocido. Sin embargo, ésa es la ruta que cada vez más solicitantes de asilo hacen en búsqueda de una segunda oportunidad en sus vidas.

En los últimos dos años, el número de solicitudes de asilo se duplicó en Argentina y Chile.

Si bien las cifras aun distan de ser las de los países tradicionales de asilo, las estadísticas hacen vislumbrar que nuevos espacios humanitarios se están abriendo en países que ya a principios del siglo pasado absorbieron una extraordinaria cuota de inmigrantes y refugiados que huían de las guerras y el hambre en Europa.

Sin embargo, quienes hoy llegan a esta parte del mundo lo hacen principalmente desde Colombia y Africa. En Argentina, cerca del 50% de las solicitudes de asilo son realizadas por ciudadanos colombianos mientras que la otra mitad es realizada por solicitantes provenientes de varios países africanos. En Chile, alrededor del 95% de los casos corresponden a colombianos que huyen del espiral de violencia en su país.

La voluntad política y el compromiso humanitario de los gobiernos de la región son factores esenciales a la hora de facilitar la protección e integración de las personas refugiadas. Si bien aún hay muchos desafíos por delante, hay también, importantes conquistas: tanto Argentina como Bolivia, Brasil, Paraguay, Perú y Uruguay cuentan con leyes nacionales de refugiados, las que impulsan su integración y autosuficiencia.

Cuando tenía 16 años, Davala perdió a su padre en manos de un grupo rebelde y se vio obligado a huir dejando en el camino a su madre. No tuvo elección: se escondió en el primer barco que pudo y nunca conoció el destino de su madre. Como cosa del destino, Davala llegó a la Argentina, donde solicitó y obtuvo el estatus de refugiado y comenzó a proyectar una nueva vida en Buenos Aires.

Para las autoridades locales, la situación es complicada por la creciente operación de redes de tráfico, las que reciben grandes sumas de dinero por introducir a personas desesperadas dentro de los límites de la región. La cuestión de los flujos migratorios mixtos es tan vigente en esta parte del mundo como en cualquier otra y la trata y tráfico de personas no es ajena a la región. Por ello, los gobiernos de los países del sur de América Latina trabajan junto al ACNUR para combatir las redes transnacionales que trafican con personas.

Federico Agusti, director de la Comisión Nacional de Refugiados de Argentina cree que si bien desde la misma conformación de los Estados latinoamericanos existe una historia generosa en términos de asilo, puede trazarse una historia reciente y común que los configura como nuevos espacios humanitarios.

"Éstos se caracterizan, en primer lugar, por la aplicación de una definición generosa de refugiado y coherente con los problemas y desafíos de la región, conforme lo establecido por la Declaración de Cartagena (1984), lo que implica brindar acceso al procedimiento y protección internacional como refugiados a un universo más amplio de personas; quienes en otros países al no encuadrar en la definición clásica de refugiados quedarían fuera de la protección o con un estatuto disminuido en sus garantías".

"Asimismo", señala Agusti, "varios países del Cono Sur están implementando programas basados en la solidaridad internacional y el reparto de las cargas, como el Programa de Reasentamiento Solidario, al cual Argentina se sumó desde el 2005 reasentando a refugiados colombianos desde Ecuador y Costa Rica".

Agusti destaca que los países de la región se caracterizan por la ausencia de instituciones de detención para extranjeros y refugiados, de campos o espacios similares donde los solicitantes deban permanecer restringidos en su libertad a la espera de una decisión sobre su caso o para acceder a sus derechos como refugiados. Sin embargo, admite, "el desafío compartido es el de avanzar en la mejora de las condiciones de recepción y asistencia primaria de solicitantes e integración de refugiados en espacios urbanos, donde en su mayor parte los solicitantes y refugiados se establecen.

La gran tarea pendiente para los países no tradicionales de asilo es avanzar en políticas públicas para la integración de los refugiados, así como en generar estrategias regionales más allá de las políticas nacionales unilaterales en materia de asilo".

Poco más de dos décadas atrás, y producto de las dictaduras militares imperantes en gran parte del continente, una enorme cantidad de refugiados escapaba de la región en búsqueda de protección. Hoy, y tras la restauración de la democracia, estos países asumen el compromiso y la responsabilidad de formar parte de la solución a la problemática de los refugiados abriendo sus puertas a aquellos que sufren lo que hasta hace muy poco padecían sus propios ciudadanos.

Michelle Bachelet, la actual presidente de Chile, es una de las prominentes figuras de la región que décadas atrás debió solicitar asilo en Europa. Desde su asunción, demostró su compromiso con la problemática al impulsar la ley de refugiados en su país, la cual se encuentra en el Congreso a la espera de ser sancionada. "Miles de mujeres y hombres debimos abandonar nuestra tierra y encontramos, tras esa difícil experiencia, el afecto y la humanidad de otros pueblos.

Hoy es nuestro turno de dar porque hoy somos una sociedad democrática, libre y pluralista, con buenos índices de desarrollo humano, con paz social y empleo. Hoy podemos y debemos tender una mano a quienes nos necesitan", expresó Bachelet en un evento durante el día mundial del refugiado.

En Argentina, el Ministro de Exteriores Jorge Taiana también tuvo que escapar y conseguir asilo en el exterior. En más de una ocasión, el canciller admitió que "del exilio, la persecución y las duras experiencias de la dictadura hemos aprendido una de nuestras más importantes lecciones: la de ser solidarios con quienes necesitan protección".

Hoy, Davala tiene 19 años y vive en un cuarto en el barrio de San Telmo, cuyas calles inspiran las agitadas rimas de hip-hop que compone y canta con amigos. Tradicionalmente un barrio de inmigrantes españoles e italianos que llegaron un siglo atrás, hoy San Telmo es el corazón bohemio de la ciudad que atrae a turistas y extranjeros. Sin embargo, Davala sigue soñando con vivir algún día en las montañas o cerca de aquel glaciar que vio en un documental en Nigeria.

Por Carolina Podestá en Buenos Aires