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En San Pablo, niños refugiados pasan por revisión de salud y obtienen materiales escolares

Una asociación entre empresas, ONGs y voluntarios propicia atención de salud, donaciones y mucha diversión para cerca de 150 niños y niñas en el Museo de la Inmigración.

SAN PABLO, BRASIL, 17 de febrero de 2016 (ACNUR) – El Museo de la Inmigración, uno de los marcos de la historia de los extranjeros en Brasil, acogió una inusitada actividad en el último fin de semana: en medio de muchos juegos y diversión, cerca de 150 niños y niñas refugiados que viven en San Paulo fueron atendidos por pediatras y dentistas voluntarios y también recibieron materiales escolares para enfrentar el nuevo año lectivo. 

La actividad fue realizada por la ONG IKMR (I Know My Rights), en asociación con la organización “Por Um Sorriso”. Gran parte de los menores atendidos integra el coro infantil “Coração Jolie”, un proyecto de la IKMR apoyado por el ACNUR – La agencia de la ONU para Refugiados.

Acompañados por sus padres y hermanos, los niños y niñas aprendieron técnicas de cepillado y otras formas de higiene bucal, además de pasar por una revisión individual. Aunque la ley brasileña de refugio garantiza a los refugiados el acceso universal a los servicio del “SUS - Sistema Único de Saúde” (Sistema Único de Salud), los dentistas constataron que no todos los niños y niñas acuden al dentista con regularidad. Aun así, la situación estaba mejor de lo que los profesionales esperaban.

“Algunos están con caries,  otros necesitan restauración, pero ninguno de ellos requiere un tratamiento más radical”, dijo el dentista voluntario Willian Corrêa da Silva, después de evaluar a decenas de niños y niñas refugiados. Los veinte pediatras presentes tuvieron la misma impresión.

El médico Miguel Fiorete, integrante del equipo voluntario de pediatras, dedicó el sábado para atender y hacer un diagnóstico inicial de los menores acompañados de sus responsables.
®ACNUR / Miguel Pachioni

Los profesionales se mostraron encantados con los niños y niñas, y promovieron una atención humanizada, profesional y de gran valor para ellos.  Esta fue la opinión de la refugiada angoleña Miezi Jovita, madre de dos niños.

“Conseguir la atención de un dentista es muy difícil, y hacer una consulta con un pediatra requiere  tiempo y disponibilidad. Esta iniciativa fue muy buena porque los niños y niñas pudieron ser atendidos en la mañana y jugar mucho durante la tarde”, dijo la madre. 

La refugiada angoleña Miezi Jovita (en la foto), madre de dos niños, fue al evento para que sus hijos tuvieran asistencia médica y pudieran jugar con otros niños. ®ACNUR / Miguel Pachioni

No faltaron incentivos para el entretenimiento de los niños y niñas. Presentaciones de magia, músicos y performances escénicas que se relacionaban con los niños, propiciando un universo lúdico y facilitador de interacción entre ellos.

Al fin del día, los niños y niñas además recibieron materiales escolares donados por la empresa Foroni. Esta acción también fue aprobada por las madres, como la siria Fiotn, madre de dos niñas y que fue forzada a dejar Damasco debido al conflicto en su país que ya dura casi seis años.  

Para Vivianne Reis, directora da IKMR – I Know My Rights, organización asociada al ACNUR y responsable por el proyecto Coral Coração Jolie, “por primera vez conseguimos que todos los niños y niñas del coral y sus hermanos tuvieran acompañamiento integral de áreas de su interés, como odontología, pediatría y ocio.  Y la cosa no acaba aquí, porque estos mismos profesionales darán continuidad a los procedimientos que necesitan ser hechos en cada uno de los niños”.

Todas las actividades contaron con la participación de artistas como Dani Suzuki y Cássio Reis, que están cada vez más involucrados en la causa de los menores refugiados, uno de los grupos de mayor vulnerabilidad a los que el ACNUR se empeña en ofrecer protección y acciones de integración en los países de bienvenida, como en este caso, Brasil.

En todo el mundo, cerca de 21,3 millones de personas fueron forzadas a desplazarse debido a guerras y conflictos; entre ellas, más de la mitad (51%) son niños, niñas y jóvenes de hasta 18 años de edad. De estos, hay cerca de 100 mil menores no acompañados o separados de sus familias – el mayor número desde 2016, cuando el ACNUR pasó a hacer ese registro.

En Brasil, de acuerdo con datos de la CONARE (abril/2016), 18% del total de personas en la condición de refugiados son niños y niñas. Cerca de 9.000 extranjeros viven en Brasil reconocidos como refugiados.

Por Miguel Pachioni, de San Pablo, Brasil.