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Entrevista: Lejos de estar traumatizados, la mayoría de los refugiados son “sorprendentemente resilientes”

Las palabras “trauma” o “traumático” se usan a menudo para describir a los refugiados, pero el oficial de salud mental de ACNUR Pieter Ventevogel dice que, de hecho, la mayoría hace frente a la adversidad.

GINEBRA, 3 de enero de 2017 (ACNUR) - Para los que tienen la fortuna de vivir de manera cómoda y segura, resulta difícil imaginar el impacto psicológico de ser expulsado del hogar por la guerra, la persecución o el desastre. La palabra “trauma” a menudo se utiliza a la ligera para describir los terribles efectos de la huida y sus consecuencias sobre las personas desplazadas forzosas, aunque la realidad es más compleja. Estudios sobre salud mental muestran que la inmensa mayoría responden con “angustia normal” al desplazamiento. Una proporción más pequeña - no más de uno de cada cinco - presentan formas leves o moderadas de problemas mentales, incluido el trastorno por estrés postraumático (TEPT) moderado. Entre un tres y un cuatro por ciento padecen trastornos graves, como trastorno bipolar o psicosis. El oficial de salud mental de ACNUR, Pieter Ventevogel, ha conversado con el editor del sitio web global, Tim Gaynor, en Ginebra, sobre la realidad de los trastornos mentales en los desplazamientos.

Según la Organización Mundial de la Salud, la inmensa mayoría de los millones de personas desplazadas forzosas responden al hecho de tener que abandonar sus hogares, sus trabajos y a veces incluso su familia, de formas descritas como “angustia normal”. ¿Cuál es una reacción normal a perderlo todo?

Las personas desplazadas forzosas o que se encuentran en otras situaciones de emergencia humanitaria se han enfrentado a menudo a hechos horribles, no cabe duda, y esto provoca la infelicidad de la gente.¿Qué otra cosa se podría esperar si destruyen tu casa, tienes que huir, todo tu mundo se ha venido abajo? Lo que observamos es que muchas personas - por ejemplo, en nuevas crisis de refugiados - están alteradas, angustiadas, les cuesta conciliar el sueño, están enfadadas, están tristes. Creo que todo esto es bastante comprensible y no es extraño en sí mismo, porque la gente continúa adelante con su vida, intenta hacer algo con ella. Es una reacción comprensible y predecible que disminuirá o desaparecerá cuando las cosas mejoren.

¿Está sorprendido por lo resilientes que los refugiados resultan ser?

Mucho. Cuando visito campamentos de refugiados, a menudo pienso: “¿Qué haría yo en esta situación? ¿Sería capaz de lidiar con toda la pobreza y la falta de expectativas, o la falta de servicios? Así es que sí, estoy sorprendido por la resiliencia de las personas, por la forma en que la gente es capaz de continuar y de prosperar en un contexto de adversidad. Las personas son a menudo capaces de seguir adelante, y esto es increíble. Tenemos que potenciar esto. Sentarse a esperar que nos repartan la comida, a que nos den una cosa, no es bueno para las personas. Hace a la gente dependiente, le hace perder su vitalidad. Ahora hablamos de implicar a los refugiados en la respuesta humanitaria y, para mí, esta es quizás una de las intervenciones mentales más importantes que se pueden hacer.

Si bien muchas personas resultan ser extraordinariamente fuertes, el desplazamiento forzoso puede provocar daños psicológicos. En el extremo más leve del espectro, ¿qué tipo de trastornos son los más comunes y con qué frecuencia se dan?

No disponemos de datos muy precisos porque los contextos son muy diferentes. La situación de los refugiados en Chad procedentes de Darfur es muy diferente de la situación de los refugiados rohinyás en Bangladesh. En general, lo que podemos decir es que aproximadamente entre un 15 y un 20 por ciento de las personas desplazadas tienen problemas de salud mental, y la mayoría de ellas, en la parte leve del espectro.

Yo creo que el problema de salud mental más importante entre los refugiados tiene que ver con la pérdida y la pena, que a veces puede llevar a la depresión. Las personas han perdido muchas cosas - por supuesto, seres queridos, pero también cosas materiales, y también estatus, cosas no materiales, “ser alguien”. Los refugiados han tenido muchas experiencias de pérdida. De hecho, este es para mí el tema central en los problemas de salud mental específicos de los refugiados.

La palabra “trauma” se usa a menudo en los medios de comunicación para describir el estado psicológico de las personas desarraigadas por la guerra y la persecución. ¿Cuán útil es el término?

Hay una diferencia entre haber vivido hechos horribles y “estar traumatizado”. Para mí, estar traumatizado significa, en el sentido clínico de la expresión, algo muy específico. La emoción central en el TEPT es - bueno, la misma expresión ya lo dice - el estrés. Las personas están estresadas en una situación en que, de hecho, el factor que produce el estrés ya no está allí. Lleva a las personas a tener recuerdos vivos de lo que pasó. La gente tiene pesadillas sobre ello, piensa en ello todo el tiempo. Les trae de nuevo a la mente lo que no quieren recordar. Es un síndrome inconfundible, y creo que no ayuda mucho utilizar esta terminología para etiquetar a toda una población. Si lo hacemos, estamos etiquetando a toda una población como enferma mental. De manera implícita, estamos diciendo que hay algo que no va bien con esas personas y necesitan ayuda. Podemos utilizar otras palabras, en vez de trauma. Podemos decir que las personas han vivido cosas malas, que han perdido muchas cosas - esto es hacerlo mucho menos patológico.

En cualquier contexto, algunas personas padecerán trastornos mentales graves, como psicosis, depresión o trastorno bipolar. ¿Cómo impacta en ellos el estrés adicional causado por el desplazamiento?

Una persona con esa vulnerabilidad puede no presentar síntomas cuando la situación a su alrededor es buena. Imagine a una persona en un pueblo o en una ciudad con su familia, la situación es estable, conoce a la gente que tiene alrededor, la gente conoce a esa persona. Todo va bastante bien. Ahora imagine que esa persona tiene que huir porque todo a su alrededor es destruido, las personas son asesinadas y esa persona se encuentra en un gran campamento de refugiados, con personas desconocidas. Todos los elementos de seguridad que esa persona tenía a su alrededor ya no están. Esto puede ocasionarle síntomas de un problema mental grave. En todas las sociedades encontramos personas con trastornos mentales graves, sobre el dos o tres por ciento y en los campamentos de refugiados ese porcentaje sube al tres o cuatro por ciento. No son muchas personas, pero sí es cierto que en estos entornos es mayor. Es importante, porque se trata de un tema de protección. Las personas con psicosis de trastorno bipolar son muy vulnerables a las violaciones de los derechos humanos y a menudo no pueden defenderse fácilmente.

¿Qué se puede hacer para identificar y cubrir sus necesidades?

Es importante que las personas con trastornos mentales graves tengan acceso a una buena asistencia médica. Es necesario que sean visitadas por un psiquiatra o una enfermera psiquiátrica - un profesional de la salud mental. El problema es que en muchos de los lugares en los que trabajamos, estos especialistas no se encuentran fácilmente. Así es que, en mi opinión,  se tiene que formar a profesionales no especialistas. A esto lo llamamos “delegación de funciones”. Significa que en cada centro de salud es necesario formar a un médico o enfermero en la identificación y gestión de personas con problemas de salud mental. Para ello, no se necesitarán cinco o seis años, como me llevó a mí ser psiquiatra. Se puede hacer una formación resumida, muy centrada en el tema, y de esta manera, profesionales no especialistas pueden hacer mucho.

La otra cosa es motivar a la gente a que busque tratamiento. Las personas con trastornos mentales graves no siempre pueden hacerlo por ellas mismas. Es necesario trabajar estrechamente con los líderes de la comunidad, a veces con líderes religiosos, con grupos de mujeres, para identificar a las personas en su comunidad que sufren problemas graves de salud mental y ayudarlos a tener acceso a un tratamiento y ayudar a sus familias a auxiliarlas y a motivarlas para que sigan el tratamiento.

Creo firmemente que algunas de las intervenciones con más impacto en salud mental no son médicas, sino que están relacionadas con el empoderamiento de las personas y el fortalecimiento del apoyo dentro de las comunidades de refugiados. No deberíamos olvidar que las comunidades de refugiados son, hasta cierto punto, comunidades artificiales. Las personas acaban en ellas por casualidad, por accidente. Necesitan apoyo para volver a crear conexiones sociales. Esto debería ser lo primero. Me ha costado mucho tiempo, como doctor que soy, aceptar que, en realidad la curación no está solo dentro de la mente, por muy importante que esto sea, sino también en ayudar a que prosperen las relaciones entre las personas. En ACNUR, este es uno de los elementos centrales de lo que llamamos protección comunitaria.

Puede encontrar más información sobre salud mental y apoyo psicológico para refugiados y otras personas de interés para el ACNUR aquí. (Enlace en inglés).

Por Tim Gaynor.

Gracias a la Voluntaria en Línea Esperanza Escalona Reyes por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.