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Estrella siria de la lucha se enfrenta a un nuevo desafío en Egipto

Después de escapar del conflicto en Siria, Amir abrió un centro deportivo para refugiados en Alejandría donde entrena a una nueva generación de competidores.

ALEJANDRÍA, Egipto, 28 de diciembre de 2017 (ACNUR) - Amir Awad no es ajeno a la adversidad. Ingresó en su primer torneo de lucha libre en su país natal, Siria, a los 11 años de edad, y luchó para llegar a la cima de su deporte, para convertirse finalmente en campeón sirio, árabe y panasiático.

Sin embargo, después del estallido del conflicto de Siria en 2011, se enfrentó a desafíos de un tipo completamente diferente. Su esposa embarazada, Enas, dejó su hogar en la ciudad siria de Idlib en 2012 para quedarse con sus familiares en Egipto, mientras que Amir y su pequeño hijo Daniel se quedaron atrás.

Sin embargo, después de que un cohete cayera en su vecindario, cerca de su hogar, él y su hijo abandonaron Siria y se mudaron a Egipto como refugiados. Viviendo en la casa de su suegro en Alejandría con su esposa, su hijo y su hija recién nacida, Amir estaba preocupado por cómo mantener a su joven familia, y se obsesionó con la idea de tomar la ruta marítima hacia Europa.

“Mi plan era ir a Europa, llegar allí y luego traer a mi familia. La idea me perseguía”, dijo Amir. “Pero cuando imaginé que debía dejar a mi esposa e hijos y estar lejos de ellos, o llevarlos conmigo y ponerlos en peligro, el miedo era mucho más poderoso que mi hambre”.

“Como campeón, lo que tengo que hacer ahora es crear futuros campeones, continuar lo que he hecho”.

En cambio, Amir encontró un trabajo como cajero en un restaurante local, y eventualmente se convirtió en chef. Por coincidencia, algunos de sus colegas sirios también eran deportistas, y juntos se les ocurrió la idea de crear un centro deportivo para los refugiados sirios en Alejandría.

En 2015, después de encontrar locales y organizar algunos eventos deportivos, Amir y sus amigos se acercaron al ACNUR, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, a través de su ONG socia Caritas para obtener apoyo. El ACNUR proporcionó fondos para equipar la instalación y ofreció capacitación a Amir y sus socios sobre la gestión del proyecto.

“Lo que el ACNUR está tratando de hacer con nosotros es que en lugar de darnos un pescado todos los días, nos enseñaron a pescar”, dijo. “Propusieron que entrenemos a ciertos grupos de edad de forma gratuita durante tres meses, y nos apoyaron con fondos mientras construimos nuestro nombre y atrajimos a la gente”.

El centro ahora ofrece clases diarias a refugiados sirios, así como a egipcios, en lucha libre, kickboxing, taekwondo, karate y gimnasia, así como clases de danza y aeróbic Zumba para mujeres, las cuales son dirigidas por su esposa Enas, una ex bailarina.

Amir espera seguir luchando al más alto nivel, y todavía sueña con algún día competir en los Juegos Olímpicos. Pero gracias a la academia ahora tiene otro sueño: entrenar a los futuros campeones y usar el deporte como un medio para disuadir a otros de arriesgarse a realizar el peligroso viaje por mar a Europa.

“Como campeón, lo que tengo que hacer ahora es crear futuros campeones, continuar lo que he hecho”, explicó. “Para mostrarles que no tiene que estar en Alemania o Gran Bretaña para tener éxito, y para que las personas noten sus habilidades”.

 

Por Rima Cherri y Houssam Hariri

Informe adicional de Nora Ibrahim