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Estudiante sudanesa sigue sus sueños en el Cairo

Nousa está determinada a terminar la escuela y asistir a la universidad para ayudar a hacer la diferencia en su país natal tan pronto pueda regresar.

CAIRO, Egipto, 21 de febrero de 2018 (ACNUR) – Hace tres años, Nousa Sleiman llegó a Egipto como refugiada de Sudán, agotada y desorientada, pero con una ambición. “La única arma que puedo tener es la educación”, dice. “Con ella, puedo ayudar a mi familia. Actualmente no puedes hacer nada si no te educas”.

A pesar de haber pasado años de inseguridad y conflicto en los Montes Nuba, en Sudán, antes de huir y convertirse en refugiada, Nousa nunca había perdido un año de educación. Ahora, después de poder continuar con su educación en una escuela comunitaria en Cairo, con el apoyo del ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, ella está cursando su último año en la escuela, y planea ir a la universidad.

“Quiero poder proveer para mi madre y mis hermanos, porque nadie más puede hacerlo”, su determinación es visible detrás de su tímida sonrisa. “Soy la mayor y debo tomar la responsabilidad. Lo más importante para mí es continuar con mi educación para poder ayudar a mi familia y ser un modelo a seguir para mis hermanos menores”.

Actualmente Egipto acoge a más de 221.000 personas refugiadas de 56 países, donde únicamente los sirios y sudaneses representan tres cuartos del total. Cerca del 40 por ciento de los refugiados sirios y sudaneses en el país son de edad escolar, y el Gobierno de Egipto les garantiza acceso a la educación pública en igualdad de condiciones que a los egipcios.

“Lo más importante para mí es continuar con mi educación”.

En el presente año escolar, más de 52.000 niños, niñas y adolescentes refugiados están matriculados en las escuelas en Egipto, y ACNUR ofrece becas a 37.000 estudiantes. Asimismo, apoya al Ministerio de Educación con capacitación docente, remodelación de escuelas, muebles y otros artículos.

“La educación es parte del mandato de protección del ACNUR”, dice el Representante del ACNUR en Egipto, Karim Atassi. “Trabajamos de cerca con el gobierno para incorporar a todos los niños refugiados en edad escolar en el sistema de educación pública”.

Nousa y sus nueve hermanos menores huyeron de Sudán con su madre después de que su padre desapareciera durante una oleada de combates cerca de su ciudad natal en 2015. Viajaron durante muchas horas en autobuses apretados para llegar a la frontera, con temor de verse separados.

“Cuando salimos de Sudán, las cosas se pusieron difíciles. Estábamos completamente solos”, explica Nousa. “Cuando llegamos por primera vez a El Cairo, encontramos albergue en una organización benéfica, porque no teníamos a nadie aquí. Nos quedamos allí unos días, luego nos registramos con el ACNUR y alquilamos nuestro propio departamento. Luego comenzamos a ir a la escuela”.

“Estábamos completamente solos”.

La escuela de la Iglesia del Sagrado Corazón tiene alrededor de 400 alumnos, la mayoría de Sudán y Sudán del Sur, y es una de las más de 70 de estas escuelas comunitarias para refugiados en El Cairo.

A través de su ONG socia, Catholic Relief Services, el ACNUR les proporciona a estas escuelas asistencia financiera, papelería y materiales educativos. El director de la escuela de la Iglesia del Sagrado Corazón, Botrous Ambrous, dice que proporcionan un paso vital para que los refugiados lleguen a la universidad y logren sus sueños.

“Lo importante de esta escuela es que sirve a los niños refugiados en Egipto”, dice. “El objetivo principal de la escuela es graduar a toda una nueva generación de estudiantes refugiados que pueden usar sus títulos para construir un mejor futuro para ellos mismos donde quiera que vayan”.

Para Nousa, cuando finalizan las clases hay poco tiempo para relajarse. Después de la escuela, ella cuida a sus hermanos, cocina y se encarga de las tareas domésticas mientras su madre sale a limpiar  casas para mantenerlos. Los fines de semana y días festivos, ella se encarga de los trabajos de limpieza para permitirle a su madre un descanso.

Después de la universidad, Nousa espera convertirse en maestra y ayudar a otros como ella cuando finalmente regrese a casa.

“Cuando regrese a Sudán, deseo ayudar a las personas que no tienen a nadie que los apoye, porque he experimentado la misma situación y realmente deseo que nadie viva las mismas dificultades que viví”.

 

Por Rima Cherri y Houssam Hariri