Estudiantes centroafricanos continúan sus estudios en el exilio en Chad

Al estudiante de Derecho Moussa se le concede una de las 67 becas ofrecidas a refugiados centroafricanos por el Instituto Politécnico de Chad para Ingeniería, Comercio y Administración.

Moussa con la máquina de coser prestada por un funcionario de un centro de tránsito en Yamena. Con ella Moussa pretende ganar un dinero extra mientras continúa con sus estudios de derecho en Chad.  © ACNUR/M.Farman-Farmaian

YAMENA, Chad, 12 de mayo de 2014 (ACNUR) – Moussa, de treinta años, se encontraba estudiando derecho en la Universidad de Bangui cuando estalló la última etapa del conflicto el pasado mes de diciembre.

"Quería defender a la gente", recuerdó Moussa en el vecino Chad, seis meses después, y añadió "pero me di cuenta de que era incapaz de hacerlo" a medida que el conflicto empeoraba. Como tantos otros miles de alumnos, incluyendo muchos con estudios superiores, Moussa huyó del país para escapar de la creciente violencia intercomunitaria y basada en las diferencias de religión.

Moussa acabó en Chad, país que ha recibido a casi 100.000 personas (la mayoría chadianos) que huyeron de República Centroafricana y de los cuales cerca de 2.000 son refugiados centroafricanos establecidos en los ocho centros de tránsito de Yamena, la capital.

A pesar de los drásticos cambios sufridos en su vida, Moussa estaba decidido a continuar con sus estudios. "Quiero seguir con mis estudios y pienso seguir defendiendo a la gente, eso sí, con palabras", dijo sonriendo Moussa, cuya firmeza y determinación se han visto recompensadas.

Moussa ha conseguido una de las 67 becas que el Instituto Politécnico de Ingeniería, Comercio y Administración de Yamena (EPICA), gestionado por el Gobierno, ofrece a los alumnos procedentes de la República Centroafricana. ACNUR ayudó a conseguir estas becas tras una serie de consultas con EPICA. Los programas de estudio han comenzado recientemente.

La agencia de la ONU para los refugiados se encargará de disponer el alojamiento, coordinar el transporte hasta la residencia de estudiantes de EPICA y proporcionar asistencia básica distribuyendo mantas, mosquiteras y artículos de higiene.

Moussa afirmó estar "muy feliz por la beca [de tres años]" pero dijo que le haría falta un dinero extra para cubrir sus gastos diarios. Sin embargo, creyó haber encontrado una solución. "En Bangui me mantenía trabajando como sastre" contó, y añadió que un funcionario del centro de tránsito de Chagoua le prestó una máquina de coser. Dado su carácter energético y entrañable, no es de extrañar que Moussa atraiga fácilmente a los clientes.

"Estoy enseñando a otros refugiados del centro a cortar, coser y dar los últimos retoques", explicó Moussa señalando a una mujer que planchaba una colorida prenda africana. "Muchos de mis alumnos son becarios también. Mi intención es abrir una sastrería. Me gusta este trabajo porque me permite no sólo ayudar a mis compatriotas cuando necesitan ropa sino, además, enseñar a la gente un oficio".

Otros refugiados que han sido becados estudian asignaturas como gestión de información, administración de empresas, sociología, gestión hotelera, electrónica y comercio.

ACNUR se reúne periódicamente para orientar a los nuevos estudiantes refugiados y asegurarse de que conocen plenamente los requisitos de la beca, incluyendo el cumplimento de las normas de la universidad, la asistencia a las clases, así como el esfuerzo y rendimiento académicos. La agencia también ayuda a los alumnos a ser autosuficientes y explorar oportunidades de empleo.

"Para nosotros es muy importante aprovechar esta oportunidad no solo para promover la educación de los refugiados sino, también, para explorar con detenimiento las capacidades, destrezas e intereses de cada uno de ellos. De esta manera, podremos ayudar a los refugiados a recuperar su estabilidad, independencia y, lo más importante, su dignidad", subrayó Aminata Gueye, representante de ACNUR en Chad.

Actualmente hay más de 100.000 refugiados centroafricanos en Chad, incluyendo unas 13.000 personas que han llegado este año. La gran mayoría entró al país a través de distintos puntos fronterizos del sur.

Por Massoumeh Farman-Farmaian en Yamena, Chad

Gracias a la Voluntaria en Línea Silvia Sáez Ramos por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.