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Los Karana de Madagascar siguen a la espera de su nacionalidad

El nuevo documento de residencia de Ibrahim describe su nacionalidad como “indeterminada”.

MAHAJANGA, Madagascar, 09 de noviembre de 2017 (ACNUR) – Desde los 15 años, Ibrahim Ickbal, de 50 años y padre de dos, ha trabajado en la misma joyería en la ciudad de Mahajanga, en la costa norte de Madagascar. A pesar de que apenas gana lo suficiente para pagar la renta por la casa de dos habitaciones que comparte con su esposa y sus hijos, él se considera afortunado de tener cualquier empleo.

Ibrahim pertenece a la comunidad Karana, un grupo étnico de Madagascar. A pesar de que su familia vino a Madagascar proveniente de India hace más de un siglo, Ibrahim no tiene la nacionalidad malgache. Al igual que una significativa porción de Karanas en Madagascar, y su propio padre, él es apátrida.

Si bien no hay cifras exactas, ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, estima que actualmente en todo el mundo hay millones de personas que no cuentan con nacionalidad. La mayoría de estas personas pertenecen a minorías étnicas, religiosas o lingüísticas.

Cuando Madagascar se independizó de Francia en 1960, la mayoría de Karana no recibió la nacionalidad. Hasta hace poco tiempo, la ley de nacionalidad de Madagascar solo le otorgaba la nacionalidad a los niños nacidos con por lo menos un padre con nacionalidad malgache, lo que significaba que a menudo la apatridia se pasaba por generaciones. Se estima que hay 20.000 Karana; y a pesar de que algunos han logrado administrar negocios exitosos, sin el acceso a la educación y al empleo formal, muchos viven en condiciones de pobreza.  

A pesar de que han vivido en Madagascar por muchas generaciones, los apátridas Karana deben obtener permisos de residencia para poder permanecer legalmente en el país. Recientemente, Ibrahim tuvo que pedir un préstamo a su empleador para poder pagar por un nuevo permiso de residencia biométrico. “Con mi modesto salario, me tomará dos años pagar por el préstamo”, dijo él. “Esta ha sido una enorme inversión, y aun así no puedo votar o viajar”.

El nuevo documento de residencia de Ibrahim describe su nacionalidad como “indeterminada”.

Olivia Rajerison, de 35 años, conoce muy bien los impactos que puede tener la apatridia en las vidas de miles de personas en Madagascar. Ella trabaja como abogada para Focus Development Association, el socio implementador del ACNUR en Madagacar, donde asisten a las personas apátridas a tener acceso a educación pública y atención médica. Además, si no hubiera sido por un cambio reciente en la ley, la propia hija de Olivia hubiera nacido en Madagascar sin nacionalidad. 

Olivia es malgache pero está casada con un ciudadano francés. Antes de que se enmendara la legislación de nacionalidad de Madagascar a inicios de este año, las mujeres malgache casadas con extranjeros no podían transmitir la nacionalidad a sus hijos. Algunas mujeres han eludido esta ley al tener hijos con sus parejas extranjeras antes de casarse, pero la cuarta hija de Olivia nació después de su matrimonio. Bajo la ley de nacionalidad previa, su hija hubiera sido apátrida. Gracias a esta enmienda, tanto hombres como mujeres tienen ahora el mismo derecho de transmitir la nacionalidad a sus hijos, reduciendo así el riesgo de apatridia.

“Me siento aliviada de que mi hija no tenga que preocuparse por su nacionalidad. También me siento orgullosa de haber podido ser parte de este cambio positivo en mi país a través de mi trabajo”, dijo Olivia, y agregó: “Todavía tenemos un largo camino por recorrer. Hay muchos otros que enfrentan grandes incertidumbres, limitaciones y sufrimiento en sus vidas debido a la falta de nacionalidad”.

Además de los Karana, hay un número desconocido de personas pertenecientes a otros grupos minoritarios en Madagascar que continúan siendo apátridas. Además, las recientes enmiendas a la ley de nacionalidad malgache todavía no permiten que las mujeres transmitan su nacionalidad a cónyuges extranjeros. Tal cambio a la ley ofrecería una solución para personas como Ibrahim, cuya esposa es malgache.

En 2017, el ACNUR organizó consultas con la comunidad de Karana y otras minorías apátridas en Kenia y la Antigua República Yugoslava de Macedonia, para comprender mejor cómo el hecho de ser apátridas afecta sus vidas. Sus testimonios fueron luego presentados en un informe titulado: “Este es nuestro hogar: las minorías apátridas y su búsqueda de la ciudadanía”.

"La reforma de la ley de nacionalidad es un paso alentador e importante para reducir la apatridia en Madagascar", comentó Melanie Khanna, jefa de la Sección de Apatridia del ACNUR, con sede en Ginebra. "El ACNUR alienta nuevas enmiendas a la ley de nacionalidad para alinearla con los estándares internacionales que ayudan a prevenir y reducir la apatridia".

 

Por Markku Aikomus