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Familias de refugiados encuentran un rayo de esperanza en hotel griego

El empresario griego Andreas Vasileiou encontró espacio en su hotel y en su corazón para las familias que buscan refugio de la guerra.

Durante meses, el hotelero Andreas Vasileiou se sintió impotente mientras observaba las noticias de refugiados que vivían en condiciones precarias en Grecia. Quería ofrecerles algo mejor, un lugar donde se sintieran bienvenidos. Así que esta primavera, su hotel de playa (administrado por su familia) en la segunda isla más grande de Grecia, Evia, cambió su clientela.

Vasileiou respondió a una petición de ACNUR, la Agencia de Refugiados de la ONU, para que los hoteles griegos acogieran refugiados como parte de un programa de alojamiento financiado por la Comisión Europea. Su hotel se ha convertido en un hogar temporal para más de 88 solicitantes de asilo de Siria, Irak, Eritrea y otros países. Casi la mitad son niños.

El hotel no es sólo un lugar para dormir. Vasileiou ha ido más allá. Ha creado un ambiente colectivo en el que los refugiados, el personal del hotel y los vecinos del pueblo de Rovies pueden comer, trabajar y vivir juntos -y aprender unos de otros. En el Hotel Rovies, los instructores contratados a través del programa de alojamiento enseñan a los refugiados habilidades de teatro y a nadar en la playa. Las mujeres refugiadas cocinan sus comidas tradicionales en la bulliciosa cocina colectiva, mientras que la TV de la zona de recepción emite canales árabes. Los niños asisten a clases en alemán, inglés y francés, impartidos por profesores griegos y por compañeros refugiados. La comunidad que han construido es un ejemplo de solidaridad en acción.

“Vivimos todos juntos en el hotel”, dice Vasileiou. “Yo duermo en una habitación. Y el personal de Atenas duerme en otra. Sus puertas están literalmente siempre abiertas. Les hacemos sentir que este es su hogar y que forman parte de una familia”.

“Les hacemos sentir que este es su hogar y que forman parte de una familia”.

Salam, de diez años de edad, proveniente de las afuera de Damasco, comparte una habitación en el Hotel Rovies con sus dos hermanos mayores. Ella, por defecto, se convirtió en su cuidadora: su hermano, Ashraf de 24 años, es parcialmente ciego, mientras que su hermana, Ghufran de 22 años, tiene discapacidades del desarrollo. Ellos son algunos entre los muchos casos de personas vulnerables que permanecen en el hotel después de ser remitidos allí desde otros lugares de recepción de refugiados en Grecia.

“No es nuestra casa, pero es lo más parecido que podemos tener en este momento”, dice Salam.

El programa de alojamiento forma parte del programa de reubicación de la Unión Europea, que pretende reubicar en otros países europeos a 66.400 solicitantes de asilo en Grecia, antes de septiembre de 2017. La mayoría de los refugiados alojados en el Hotel Rovies son parte de los que podrían encontrar nuevas casas en Europa. Varios ya se han marchado a Francia, España, Suiza, Rumanía y Holanda.

Otros, como Salam y sus hermanos, tienen derecho legal a la reagrupación familiar según el Reglamento de Dublín de la UE. Su madre y su hermano de 19 años son refugiados en Suecia. Ambas vías - reubicación y reagrupación familiar -vienen con largos tiempos de espera de hasta un año, y a veces más. En una visita a Grecia en agosto, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, instó a los países de la UE a acelerar estos procedimientos para aliviar la presión sobre Grecia, donde muchos de los más de 50.000 refugiados y migrantes habitan en lugares de recepción superpoblados e inadecuados.

El programa de alojamiento de la ACNUR ha facilitado 18.200 estancias para solicitantes de asilo en apartamentos, hoteles o con familias de acogida. A través de socios, la agencia les brinda asistencia de diverso tipo como alimentos, artículos de higiene, interpretación, ayuda médica y asistencia legal.

 En el Hotel Rovies, SolidarityNow, una organización sin ánimo de lucro griega, supervisa la atención diaria de los refugiados.

“Aquí, cada uno tiene su papel”, dice el coordinador local de SolidarityNow, Antonis Grigorakos Tzivakos. “Somos un equipo”.

Los refugiados que se alojan en el Hotel Rovies también se involucran con la comunidad local. En junio, al final del Ramadán, establecieron un stand para regalar comida siria a los residentes locales. Los niños refugiados también pintaron un mural en la pared de la escuela en el pueblo de Rovies.

Inicialmente, los residentes de Rovies estaban preocupados por una posible reacción negativa hacia los refugiados, y crearon un comité antirracista para promover la coexistencia pacífica. Pero no tienen que preocuparse: los lugareños a menudo pasan por el hotel para decir hola, compartir comida que han cocinado o dejar donaciones.

“Aquí, cada uno tiene su papel. Somos un equipo”.

Al ver el éxito del enfoque inclusivo y colectivo del Hotel Rovies, otros hoteleros griegos también han solicitado unirse al programa de alojamiento de refugiados.

Manar, de 35 años, madre siria de tres hijos que vive en el hotel, envía a sus hijos a la escuela local junto a los niños griegos. Están aprendiendo griego y haciendo amigos.

Manar se ofrece voluntariamente como profesora de inglés en el hotel, dirigiendo tres clases al día de una hora cada una.

Muchos de sus alumnos están muy atrasados en su educación después de que años de guerra les impidiera asistir a la escuela.

“Cuando llegan al hotel por primera vez, muchos de los niños están perdidos y no pueden comportarse con normalidad después de todo lo que han pasado", dice Manar, cuya familia sufrió una traumática huida de Siria y llegó a la isla griega de Samos en febrero. “La clase les ofrece una rutina y algo que hacer. Se calman y comienzan a aprender de nuevo”.

Los refugiados del hotel están deseosos de irse a sus nuevos países. Pero ese día es, a menudo, agridulce cuando finalmente llega.

“Lloramos mucho”, dice Vasileiou. “Los lazos entre los refugiados, el personal y los aldeanos son muy fuertes. Todos ellos prometen volver”.

Vasileiou tiene un sueño recurrente en el que, dentro de 50 años, una anciana siria o iraquí en una playa de la UE está enseñando a su nieto a nadar.

“Me gustaría pensar que, en ese momento, ella recordará dónde estaba cuando aprendió a nadar”, dice Vasileiou. “Que después de huir de la guerra, de horribles condiciones de vida, campamentos, barro y cemento, encontró un lugar hermoso, donde la gente la recibía y le daba amor y afecto, y le enseñaba cosas como nadar. Y entonces, tal vez, también pensará en mí”.

Por Tania Karas in Rovies en Grecia. 

Gracias a la Voluntaria en Línea Lucia Maher por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.