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Historias espeluznantes de lucha por la supervivencia en los “barcos de la muerte” procedentes de Libia

Un total de 52 personas procedentes de Bangladesh, Pakistán y Sudán perecieron a bordo de la embarcación. Un hombre sudanés resultó muerto al ser apuñalado.

PALERMO, Italia, 28 de agosto de 2015 (ACNUR) - Abdel saca la cara por las rendijas entre las tablas de madera tratando de respirar.

Junto a él, entre 200 y 300 migrantes y refugiados, que salieron de Zuwarah (Libia) a primera hora de la mañana del martes en una desvencijada embarcación  de madera, se asfixiaban en la oscuridad de la bodega.

“No queríamos bajar pero nos golpearon con palos para obligarnos a hacerlo” dice Abdel, de 25 años, procedente del Sudán. “Nos faltaba el aire, por lo que intentamos sacar la cabeza por la escotilla y respirar por las rendijas del techo. Pero los otros pasajeros, que temían que la embarcación volcara, nos empujaron de nuevo hacia abajo y también nos golpearon”.

“Algunos nos pisotearon las manos”.

Un total de 52 personas procedentes de Bangladesh, Pakistán y Sudán perecieron a bordo de la embarcación. Un hombre sudanés resultó muerto al ser apuñalado cuando trataba de salir de la bodega para pedir agua. Los otros murieron asfixiados.

Los cuerpos de los fallecidos y los supervivientes de la tragedia fueron conducidos al puerto de Palermo la noche del martes. Poseidon, un buque guardacostas sueco, atracó en la capital de Sicilia, alrededor de las 20.15 horas, llevando a bordo a 572 refugiados y migrantes rescatados el día anterior de varios barcos en aguas del Mediterráneo. Unas 100 personas procedentes de Trípoli fueron halladas en un bote neumático y otras 460 en la embarcación de madera.

Algunos refugiados habían pagado miles de euros o de dólares para conseguir billetes en la cubierta superior de esta embarcación de madera de dos pisos. Muchos esperaban poder viajar con una comodidad relativa pero se quedaron sorprendidos al comprobar las condiciones del barco.

“Cuando vi el barco quise volverme atrás”, dice Hsna, una mujer de 45 años, que subió a bordo con su esposo, sus tres hijas y su bebé.

“No era más que un barco de pesca y nos jugábamos la vida viajando en él. Era una embarcación mortal”.

Los pasajeros fueron transportados en botes neumáticos en grupos de 20 desde la costa al barco de pesca. Una vez que habían subido a bordo de los botes ya no les permitieron regresar.

Amina, de 18 años, procedente de Damasco, dice que temía por su seguridad al ser una mujer joven y viajar sin su esposo. “Al ser tan joven era muy peligroso”, dice. “Y, además, no teníamos comida ni agua”.

Amina, que salió de Libia con su suegro, su cuñada y la hija de dos meses de su cuñada, describe los tres días que pasaron en el mar como una travesía “muy difícil”.

Mahdi, un cirujano ortopédico de Irak, pagó 3.000 euros para que su esposa Hend y Mahmed, su hijo de 2 años, pudieran viajar en la cubierta superior.

La familia explica que  no tuvieron más remedio que huir de Irak al haberse negado Mahdi a atender a los soldados de las milicias.

“Tuve que sacar de allí a familia”, dice Mahdi. “Sabía lo que hacían a los que no les obedecían”.

Ahora los migrantes y refugiados serán conducidos a centros de acogida en la península italiana. Dieciséis sirios, incluidas tres familias, se quedarán en Palermo.

Al menos 15 personas han sido detenidas como sospechosas de tráfico de personas.

Por Alice Philipson, en Sicilia, Italia.

Gracias a la Voluntaria en Línea Luisa Merchán por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.