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Huérfanos Rohingya buscan un espacio seguro para su sanación

ACNUR trabaja para identificar y evaluar el interés superior de los niños no acompañados que llegaron recientemente a los campamentos de Bangladesh.

UKHIYA, Bangladesh, 10 de abril de 2017 (ACNUR) – A su edad, Asif y Suleman* deberían andar correteando, jugando con tierra, dándoles problemas a sus padres. Sin embargo, estos jóvenes hermanos están sentados, quietos como estatuas, con su mirada fija y perdida.

Suleman tiene 12 años y Asif ocho, pero se ven aún más jóvenes que otros niños de su edad. En las últimas semanas, su rutina diaria ha consistido en asistir a una escuela religiosa y a clases privadas de inglés. Sin juegos y con algo de sueño esporádico.

"Tengo sueños de niños felices jugando", dijo Suleman inesperadamente. "Pero en mis sueños no podemos jugar con ellos. Siempre tengo miedo. Si algo cae en el suelo o hay un ruido repentino, salto y recuerdo lo que pasó”.

Los muchachos están entre una gran cantidad de niños Rohingya angustiados que han llegado a Bangladesh desde octubre del año pasado, cuando una serie de medidas represivas en el estado de Rakhine, en el norte de Myanmar, los arrancó de sus familias. Se calcula que más de 70.000 personas han huido a Bangladesh en los últimos cinco meses, e inclusive la mitad podrían ser menores de 18 años.

“Siempre tengo miedo”.

Suleman y Asif estaban jugando en su patio trasero cuando su casa fue allanada. Ellos escaparon, pero no pudieron salvar a su hermano pequeño que estaba jugando en el frente de la casa. Ellos creen que sus padres fueron asesinados en el ataque, pero no saben si su hermano sobrevivió.

Huyendo con algunos vecinos, finalmente fueron llevados a su tío Mustafa en Bangladesh, que había huido a principios de octubre con su familia. Hoy viven en un albergue improvisado y han recibido algo de arroz y artículos de primera necesidad.

Más allá de sus necesidades inmediatas, estos niños necesitarán atención psicosocial para ayudarles a superar la pérdida de sus seres queridos y la violencia que han presenciado.

En los campamentos de refugiados de Kutupalong y Nayapara, se han creado espacios de juego multi-edad para ayudar a los niños a superar la angustia mental.

"El juego es esencial para que todos los niños construyan una base para el aprendizaje, pero es particularmente importante para los niños refugiados debido a su papel terapéutico", dijo Marzia Dalto, Oficial de Protección del ACNUR en Cox's Bazar, Bangladesh. "Cuando se maneja adecuadamente, el juego seguro e imaginativo puede ayudar a reducir el estrés y optimizar el desarrollo del cerebro. Puede proporcionar oportunidades curativas para el trauma emocional de los niños y ofrecer esperanza para romper el ciclo de violencia física y emocional”.

Asif, de 8 años, y Suleman, de 12, dicen que sus padres fueron asesinados cerca de Maungdaw, Myanmar. © ACNUR

Para algunos, el juego puede parecer un lujo. Kamal *, de 12 años, perdió a sus padres durante la violencia en Myanmar. Sin nada a su nombre, él y tres hermanas mayores huyeron a Bangladesh en noviembre. Tuvieron que pedir prestado 80.000 kyat ($ 60 dólares) a un vecino para pagar un barco para cruzar el río Naf.

En Bangladesh, fueron encontrados por una refugiada Rohingya, Noor Kaida, quien decidió acogerlos a pesar de tener cuatro hijos.

"Me encontré con estos niños llorando en un cementerio cerca", dijo Noor Kaida, de 27 años, que también huyó de Myanmar con sus padres, aun siendo una bebé. Los acogí porque no tienen nada, nadie. Son tan vulnerables y tenemos una responsabilidad moral con ellos”.

"Son tan vulnerables y tenemos una responsabilidad moral con ellos".

Siendo el único hombre, Kamal se ofreció voluntariamente a trabajar en una tienda de té en la ciudad. Apenas regresa a su albergue.

Su hermana mayor Talifa *, de 18 años, se preocupa incesantemente: "Todavía son tan jóvenes. ¿Cómo encontraremos comida y ropa, cómo vamos a sobrevivir? También estamos en deuda con nuestro vecino por los honorarios del barco. Él sigue preguntando y prometí mendigar o hacer lo que pudiera para pagarle”.

Su anfitriona dice que los va a albergar todo el tiempo que pueda - "hasta que encuentren su propio albergue o se casen".

Dejando de lado las buenas intenciones, la presencia de tantos menores no acompañados plantea serias preocupaciones de protección en torno al riesgo de trabajo infantil, matrimonio prematuro, trata y explotación sexual.

El ACNUR ha movilizado grupos de apoyo comunitario que involucran a mujeres y jóvenes en los campamentos de refugiados para llegar a estos niños vulnerables. La agencia también está trabajando con socios para rastrear a los miembros de la familia donde sea posible, y para evaluar el interés superior de aquellos que no tienen familia sobreviviente. Las opciones pueden ir desde el rastreo y la reunificación con parientes cercanos, hasta el nombramiento de tutores o familias de acogida que pueden ofrecer atención y orientación.

"Pienso en mis padres a menudo", dijo Talifa. "Llevamos el dolor adentro, pero tenemos que lidiar con eso".

* Los nombres fueron cambiados por razones de protección

Por Vivian Tan