Huyendo de la persecucion y la violencia por pertenecer a la comunidad LGBTI

Dennis, Karla y Rebeca tienen algo en común: nacieron en el llamado Triángulo Norte de Centroamérica y forman parte de la comunidad LGBTI.

Marcha de la comunidad trans en Ciudad de Guatemala. Las personas de la comunidad LGBTI son consistentemente blanco de ataques y amenazas.

Marcha de la comunidad trans en Ciudad de Guatemala. Las personas de la comunidad LGBTI son consistentemente blanco de ataques y amenazas.  © ACNUR/Santiago Escobar Jaramillo

SAN JOSE, Costa Rica, 22 de junio de 2016 (ACNUR) – Dennis, Karla y Rebeca tienen algo en común: nacieron en el llamado Triángulo Norte de Centroamérica y forman parte de la comunidad LGBTI. Estos dos factores no les trajeron mucha suerte: los tres fueron víctima de persecución y violencia por ser quienes son.

Dennis, el menor de siete hermanos, empezó a jugar un papel importante como promotor de los derechos humanos y la salud para gais y lesbianas desde la edad de 23 años. Comenzó a trabajar para CEPRES, una ONG hondureña. Sin embargo, el periodo de activismo no duró mucho tiempo. El odio y la discriminación comenzaron a surgir y, por consecuencia, la persecución y las amenazas por parte de varias pandillas o 'maras' contra la comunidad LGBTI, en especial las personas trans.

En 2008, un compañero de Dennis en la organización fue asesinado en la calle mientras caminaba hacia la oficina. Este crimen, así como otros crímenes de odio contra la comunidad LGBTI pasó desapercibido y no fue investigado.

Desde entonces, Dennis, con 26 años, empezó a recibir amenazas anónimas a su teléfono celular. "Cambié mi numero muchas veces pero los mensajes seguían apareciendo" dijo Dennis. Él y su familia se movieron dentro de su país varias veces hasta que su familia recibió amenazas directas. "No quería exponer a mis padres por mi orientación sexual y decidí huir". Huyó de Honduras solo, aun cuando tenía medidas cautelares de protección de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Ahora en Costa Rica, después de muchos años de esconderse, ha podido ser quien es sin miedo, sin estar cuidándose la espalda o sospechando de cualquier persona. En 2012, cuando fue reconocido como refugiado, al igual que otras dos personas, fue la primera vez que el Gobierno de Costa Rica reconoció el estatuto de refugiado debido a persecución por orientación sexual.

Con el apoyo del ACNUR, Dennis retomó su activismo y en agosto de 2013, cofundó la ONG CasAbierta donde ofrece asistencia a personas de la comunidad LGBTI, incluyendo solicitantes de la condición de refugiado que huyen de Centroamérica, a través de asistencia médica, legal y psicosocial. La organización recientemente abrió oficinas en El Salvador, Honduras y Guatemala y cuenta con una red de 60 voluntarios, entre abogados y trabajadores comunitarios.

La experiencia de Karla no fue tan diferente. A sus 38 años, esta mujer trans que sobrevivió en El Salvador a un asesino en serie, abusos sexuales, amenazas y secuestros por parte de pandillas, se ha desplazado en su país para salvar su vida varias veces, solamente en 2015 se mudó tres veces de casa. Hoy, Karla es la voz de muchas mujeres y personas trans que sufren diariamente violencia generalizada contra la comunidad LGBTI.

"No hay acceso a la educación, vivienda, justicia, servicios bancarios, oportunidades de empleo para nosotras. La discriminación y la violencia termina en crímenes de odio a manos de familiares, maras e inclusive la policía y los militares" dice Karla.

El acceso a la justicia es más complicado para las mujeres trans. Durante los cinco años que demoró un juicio por defensa propia cuando las maras trataron de matarla, Karla fue enviada a prisión y sometida a humillaciones inimaginables. "Fui violada, abusada, golpeada con bates cada día y me apuñalaron una vez" agregó. Tras la experiencia en prisión Karla decidió involucrarse en el activismo por los derechos de las personas trans, especialmente mujeres privadas de libertad.

Desde 2012, Karla y la ONG COMCAVIS Trans, han estado registrando casos de personas LGBTI que han huido de la violencia en El Salvador y les han asistido con información antes de salir de su país. Escapar a veces no es una forma fácil de salvar sus vidas. De acuerdo al reporte del ACNUR de 2015, Mujeres en Fuga, muchas personas LGBTI han sido torturadas, violadas, utilizadas para tráfico de órganos, tráfico de personas, estafas y engaños, secuestros y forzadas a la prostitución durante su peligroso viaje. Karla ha conocido muchos de estos casos: "O nos matan o nos toca salir del país. Pero salir no es una garantía de que nuestros derechos sean respetados. No es fácil para nosotros".

Rebeca, otra mujer trans fue a la universidad en su natal El Salvador, y después de graduada comenzó a trabajar en un partido político. Sus problemas iniciaron cuando su empleador no estaba feliz con ella por la forma en que se vestía, como caminaba y le ordenó vestir ropa como un hombre. Rebeca no aceptó sus órdenes. Ella quería preservar su identidad de género y no quería cambiar quien ella es. Su empleador, en complicidad con las pandillas, decidió darle una lección a Rebeca. Le dispararon y la dejaron gravemente herida. Rebeca pudo sobrevivir pero ella sabía que no la iban a dejar con vida la próxima vez. Como muchas otras personas LGBTI, ella salió de El Salvador rumbo a México donde fue reconocida como refugiada.

En 2015, hubo 38 crímenes de odio en contra de la comunidad LGBTI en El Salvador, de este número 35 eran mujeres trans. En los primeros 70 días del 2016, 20 asesinatos fueron registrados, de los cuales 18 eran mujeres trans. En Honduras, la comunidad LGBTI y activistas de derechos humanos han registrado en 2016 alrededor de 8 crímenes de odio en contra de personas LGBTI, sumándose a los 228 crímenes en los últimos 7 años.

La discriminación y la violencia en contra de personas de orientación sexual y/o identidad de género diversa son muy comunes en El Salvador y Honduras. Las personas pertenecientes a la comunidad LGBTI son continuamente blanco de ataques y asesinatos por las maras y otros sectores de la sociedad, incluyendo la policía y otras autoridades.

Por Francesca Fontanini, Angela Flórez y Mariana Echandi desde Costa Rica, El Salvador y México